Vértigo

Cada mañana, cuando sale del metro, remolonea al lado de la frutería, sabe que él aparece por la calle que hace esquina. Para hacer tiempo compra dos manzanas, una le parece poco. Las manzanas no le gustan.

Mirarlas si,  su piel brillante y su forma redonda, olerlas también y oírlas.  Ese crujido al morder. No el sabor, escupe  a toda prisa el trozo mordido  porque ya lo ve acercarse, alto y delgado, el pelo moreno cayéndole hacia un lado de la cara, y se pone a andar ella también, unos pasos por delante, con el corazón acelerado.

Porque a veces él,  antes de entrar en clase, le pide fuego y ella desea ese momento y lo teme, por si le tiemblan las manos como las otras veces. Espera en la puerta del instituto, arropada por la masa de estudiantes, por los gritos, por las risas. Quedan diez minutos para que se abra la puerta y él se está acercando seguro, poderoso, con el aplomo que da saberse capaz de producir temblores.

Se acerca tanto que puede olerlo, ver muy próxima su boca con el cigarro enganchado. Le está diciendo algo pero ella no sabe qué, ha dejado de entender las palabras porque las palomas del parque, empujadas por una fuerza extraña, han empezado a girar y con ellas los bancos y los borrachos que duermen encima rodeados de tetrabriks de vino y las nubes como trapos rotos y los estudiantes y la boca del metro de Tribunal.Todo gira con ella dentro.

Una mano temblorosa sujeta el mechero y la otra se aferra a la bolsa de papel con las dos manzanas, una de ellas mordida, se aferra con fuerza para no caerse, para que cuando suene el timbre y abran las puertas pueda entrar dignamente  entre los demás como si nada, como si no la acabaran de descolocar y despiezar y arremolinar ahora mismo. Como si él no le acabara de pedir, muy cerca, fuego.

(Cuaderno de doña Marga)

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18 comentarios en “Vértigo

  1. Ay, qué recuerdos… A ver quién no ha sentido eso alguna vez, con manzanas o sin ellas. Buscar cualquier excusa para estar cerca de la persona que te gusta y dar botes de alegría aunque sea porque te pregunte la hora. Porque se la podía haber pedido a cualquier otro pero te la ha pedido a ti. Eso tiene que ser una señal…

    Besotes!!!

  2. ¡Ay, qué vértigo más bonito!
    Lo mejor que todo parezca girar en torno a uno, que todo cobre sentido hasta cuando no lo tiene.
    Precioso esa hoja del Cuaderno de Doña Marga.
    Un abrazo.

      1. Esa hoja me la imaginé con hojas sepia por el paso del tiempo, con una letra pomposa y clara. Ahora que lo dices, debe ser volandera, sí. 😀
        Besos.

      2. Ese cuaderno* (Que me traicionaron mis dedos en el teclado)
        \O/ ¡Qué bien que acerté! 😀 😀

  3. Sí, así son los amores quinceañeros.
    El metro de Tribunal me ha recordado ese barrio en el que pasé temporadas en un piso de la calle Churruca. Por allí había un instituto, quizás en la plaza de Barceló.
    Los recuerdos son una mezcolanza.

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