Día: 6 julio, 2015

Tres hermanos viejos

Los tres hermanos se sentaron alrededor  de la vieja mesa familiar, rodeados de muebles viejos: el viejo reloj, el viejo aparador con la vajilla vieja, la vieja estantería con los libros viejos. Los pies pisando la vieja moqueta infestada de viejos ácaros.

El hermano tosió con tos vieja.

¿Te has resfríado?, le preguntó la hermana mayor.

Claro que no, es lo de siempre, mi carraspera.

Es su carraspera, él la tiene de siempre, dijo la hermana menor. Lo mío, sin embargo, también es de vías respiratorias, pero altas.

La carraspera también es alta, dijo el hermano volviendo a toser.

Pero no tanto, no tanto, lo mío es más alto. Me lo dijo el médico: señora, padece usted de las vías respiratorias. ¿ah sí?, dije yo. Sí, señora, sí, altas. Como lo oís.

Como lo oímos y como llevamos oyéndolo años y años. Te repites, dijo la hermana mayor.

Pero es mi repetición, tú también tienes las tuyas, se defendió la menor.

El hermano carraspeó haciendo uso de sus posesiones: una garganta reseca e inflamada.

Anda, toma un caramelo, se compadeció la hermana menor y sacó de una cajita muy vieja un caramelo viejísimo de miel y limón.

Sabe rancio pero me vale, dijo el dueño de la carraspera.

Lo mío son las vías respiratorias, las altas, insistió la hermana menor con la clara intención de provocar a la mayor.

Yo tengo un juanete, presumió entonces la mayor, de toda la vida lo tengo. Y se descalzó para mostrarlo.

¿Sacamos la baraja?, propuso el hermano.

Sácala pero faltan cartas. Habrá que comprar otra.

Los tres miraron hacia la puerta, la calle estaba muy lejos, con escaleras en medio.

Juguemos con esta, que más da, dijo la hermana menor.

Y jugaron una partida muy vieja con la baraja demediada de sobadas cartas, haciéndose viejas trampas unos a otros.

(Cuaderno de doña Marga)

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