Día: 8 julio, 2015

Apaga la luz

El hombre al que le habían empezado a doler las rodillas fue a dormir esa noche a casa de su madre. La madre, que tenía ochenta años, se había caído y estaba dolorida y asustada. También estaba de muy mal humor como pudo comprobar enseguida el hombre al que le habían empezado a doler las rodillas y también el hombro derecho.

Te dejas todas las luces encendidas, le reprochó la madre desde su sillón, con la cara morada por el golpe. En tu casa haz lo que quieras pero aquí apágalas, gastan, ¿sabes? Y cuando bebas de un vaso no lo dejes por ahí en medio porque luego está toda la cocina llena de vasos y no se sabe de quién son. El hombre apagó la única luz que había encendida, una pequeña en el cuarto de cuando era niño, y se sentó enfrente de la madre. Le dolían las rodillas, habían empezado a dolerle hacia poco y también un hombro, el derecho. Se lo frotó, pero no dijo nada.

Estoy estreñidísima, le comunicó la madre. Ya no sé que tomar y pasó a relatarle sus deposiciones con todo detalle. Y cuando utilices una cucharilla, friégala. No hay muchas y luego no quedan a la hora del desayuno. No cuesta nada, friégala. Tienes problemas en el trabajo, ¿verdad?, te lo noto en la cara. Siempre te he notado todo en la cara. No,no, mintió el hombre frotándose ahora las rodillas, todo va bien. Pasaron la tarde el uno frente al otro, el hombre mirando mensajes en su teléfono y la madre viendo películas antiguas en la televisión a gran volumen porque estaba sorda. No te cierrres la puerta para dormir, hace mucho calor, siempre te ha gustado estar encerrado. El hombre  con dolor reciente de rodillas y hombros sintió claustrofobia pero solo dijo buenas noches, que descanses.

Cuando al día siguiente, sintiéndose liberado por salir de allí, el hombre volvió a su casa comprobó con disgusto que su hijo, pese a ser de día, tenía tres luces encendidas, toda la casa estaba llena de vasos con restos de agua y otras bebidas, no había cucharillas, estaban todas sucias en la pila. Se sentó un momento en el sofá intentando encontrar el origen de su reciente dolor de rodillas, se masajeó el hombro derecho y gritó al hijo, que estaba encerrado en su cuarto con la música altísima como si fiuera sordo, ¿quieres apagar las luces? Por si no lo sabes , gastan, te voy a pasar a ti la factura todos los meses, ya verás como entonces… No terminó la frase porque le entró cansancio y porque comprendió que, en realidad, la frase era interminable.

(Cuaderno de doña Marga)

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