Apaga la luz

El hombre al que le habían empezado a doler las rodillas fue a dormir esa noche a casa de su madre. La madre, que tenía ochenta años, se había caído y estaba dolorida y asustada. También estaba de muy mal humor como pudo comprobar enseguida el hombre al que le habían empezado a doler las rodillas y también el hombro derecho.

Te dejas todas las luces encendidas, le reprochó la madre desde su sillón, con la cara morada por el golpe. En tu casa haz lo que quieras pero aquí apágalas, gastan, ¿sabes? Y cuando bebas de un vaso no lo dejes por ahí en medio porque luego está toda la cocina llena de vasos y no se sabe de quién son. El hombre apagó la única luz que había encendida, una pequeña en el cuarto de cuando era niño, y se sentó enfrente de la madre. Le dolían las rodillas, habían empezado a dolerle hacia poco y también un hombro, el derecho. Se lo frotó, pero no dijo nada.

Estoy estreñidísima, le comunicó la madre. Ya no sé que tomar y pasó a relatarle sus deposiciones con todo detalle. Y cuando utilices una cucharilla, friégala. No hay muchas y luego no quedan a la hora del desayuno. No cuesta nada, friégala. Tienes problemas en el trabajo, ¿verdad?, te lo noto en la cara. Siempre te he notado todo en la cara. No,no, mintió el hombre frotándose ahora las rodillas, todo va bien. Pasaron la tarde el uno frente al otro, el hombre mirando mensajes en su teléfono y la madre viendo películas antiguas en la televisión a gran volumen porque estaba sorda. No te cierrres la puerta para dormir, hace mucho calor, siempre te ha gustado estar encerrado. El hombre  con dolor reciente de rodillas y hombros sintió claustrofobia pero solo dijo buenas noches, que descanses.

Cuando al día siguiente, sintiéndose liberado por salir de allí, el hombre volvió a su casa comprobó con disgusto que su hijo, pese a ser de día, tenía tres luces encendidas, toda la casa estaba llena de vasos con restos de agua y otras bebidas, no había cucharillas, estaban todas sucias en la pila. Se sentó un momento en el sofá intentando encontrar el origen de su reciente dolor de rodillas, se masajeó el hombro derecho y gritó al hijo, que estaba encerrado en su cuarto con la música altísima como si fiuera sordo, ¿quieres apagar las luces? Por si no lo sabes , gastan, te voy a pasar a ti la factura todos los meses, ya verás como entonces… No terminó la frase porque le entró cansancio y porque comprendió que, en realidad, la frase era interminable.

(Cuaderno de doña Marga)

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24 comentarios en “Apaga la luz

  1. La verdad es que sí, que la escena que describes produce angustia, agonía……Así que enhorabuena porque pasas del humor agridulce a la decadencia con mucha habilidad.
    Un beso!

  2. Si el hijo fue a dormir esa noche a casa de su madre, ¿cómo es posible que la madre volviera el día siguiente a su casa? ¿no estaba ya en ella? ahí lo dejo 🙂

    ¿Acojono o no acojono? 😉

    1. Sí y mucho. Pero el que vuelve es el hijo a la suya. La madre se queda en el sillón, por lo menos en esta historia. En la tuya puede que haya acojonantes desdoblamientos.

      1. Al ojo acojonador no se le escapa nada. Pero me ha venido muy bien tu comentario porque es verdad que no estaba claro. Gracias, Chus, majo.

  3. qué horror, me niego a pensar que no haya salida ni final…. he tenido que pensar en mi madre, que hace siglos que no me dice nada por el estilo, ni me reprocha, ni me sermonea, supongo que hay esperanza….

  4. Que bucle interminable de historias que se repiten y de las que nunca aprendemos. Cuando recibimos la reprimenda, la encontramos desmesurada. Cuando la damos, creemos que tenemos toda la razón del mundo. Tienes la gran capacidad, Eva, de meterte de lleno en el alma de tus personajes y transmitir sus estados de ánimo. Es como si sintieras por todos y cada uno de ellos esas experiencias en primera persona. Este ha sido uno de los que más me ha gustado. Te felicito.

      1. ¡Ah, no! de piropo nada. Eres una magnífica “escribidora” de caracteres y sentimientos y eso es una evidencia, no es que yo te lo diga. Los bordas. Ignoro si en algún cajón tienes una novela esperando a ver la luz o si aún no has decidido dar ese paso, pero lo que sí tengo claro es que será buena, porque lo más difícil a la hora de dar vida a los personajes: darles personalidades propias, vidas y sentimientos y que el que lee los vea como entes reales, que sean creíbles eso tú lo consigues de sobra. Esmeralda, Doña Marga, ese señor… tienen sus vidas y nosotros las vivimos, los vemos, los conocemos… viven y sienten y nosotros con ellos.
        Vale, se nota mucho que me encanta como escribes, pero creo que soy objetiva en mi valoración.

      2. Novela no tengo, me tira más lo corto como buena vaga que soy y no tengo tanta capacidad como Esme que se las escribe en una tarde pero lo que sí tengo es la suerte de tener lectoras como tú 🙂

  5. Yo creo que te has colado en mi casa y están contando lo que allí has visto. Parece que estoy escuchando a mi madre diciendo que apague las luces, que friegue el vaso y las cucharillas pequeñas. Pero para no entrar en bucle como el hijo, he comprado miles de cucharillas en mi casa para no tener que fregarlas con urgencia. No soporto que no haya cucharillas para el desayuno, las tengo a miles. Así que por el momento, he roto la cadena del reproche.

  6. Qué mal temple se te pone cuando, inevitablemente, te descubres diciendo las frases de los padres o de las madres. Todo parece nuevo pero no lo es, gira en una espiral interminable.

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