Día: 14 julio, 2015

Alegrías de la vida

Fugaces sí, pero cualquiera lo diría en algunas tardecitas de verano, con ese sol que no termina de entrar en la hucha. Pero métete de una vez, hombre, que ya nos has castigado bastantes horas.

Fugaces, pero con sensación de eternidad en algunos momentos, como este mismo. Aqui me tenéis, respirando ozono malo, porque el ozono es como el colesterol, hay del malo y del bueno, y deseando que se acabe ya el verano, un verano que no se me está haciendo nada fugaz sino todo lo contrario. Es lo que suele pasar cuando la palabra verano no va unida a la palabra vacaciones. El verano a palo seco, pero que bien seco, es muy duro de tragar.

Pero una duda me asalta, cómo son a veces las dudas, ¿y si se acaba el verano y llega el otoño y entonces quiero que se acabe el otoño y llega el invierno y quiero que se acabe el invierno y así estación tras estación? Podría suceder porque los seres humanos somos así, siempre ansiamos lo que viene delante pero cuando llega lo de delante no es el delante que habíamos imaginado y queremos de nuevo lo que sigue viniendo delante. Total, que un día desapareces y alguien dice, qué fugaz es la vida, cuando en realidad a tí, la fugaz, se te ha hecho más bien pesada. Ay qué leches, esta doña Marga siempre me obliga a reflexionar sobre lo que no quiero.

Pero dos noticias que he leído hoy me han alegrado el día, la primera es que hemos llegado a Plutón, lo que viene a ser, en otra escala, como si el malogrado bichito verde hubiera alcanzado la acacia del final de la calle. Dese allí ve que hay más, que todavía hay más y se alboroza todo. Así estamos nosotros hoy porque hemos alcanzado la última frontera del sistema solar. En fin.

Y la segunda, no menos importante, es que Cayetano, el hijo de la duquesa de Alba, ha encontrado trabajo. Me quedo mucho más tranquila, vivía yo en una constante desazón sabiendo de las dificultades laborales de la criatura. Para que luego digan que no hay.

La vida también te da alegrías y no sólo ozono del malo.

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Fugaces

Con este calor no se puede hacer nada, nada que no sea estar aquí dentro, quieto en esta esquina del techo, al lado del aire acondicionado, confiando en que ella no me vea y me mate.

Había previsto recorrerme la calle saltando de acacia en acacia pero solo llegué hasta la tercera y ahí fue cuando me mareé y casi me caigo dentro de los contenedores de basura. Hubiese sido una muerte muy tonta y muy poco digna. Yo yaciendo entre envases de yogures, cartones de leche, mondas de patata, compresas y otros desechos. Menos mal que ella abrió la ventana, se asomó y dijo ¡qué espantoso calor! y el fresco procedente de su casa me revivió. De un salto, me instalé en su techo. Es aburrido pero se está cómodo. Aunque no a salvo.

Soy verde, me camuflo entre las ramas, destaco demasiado posado sobre este techo tan blanco. Menos mal que soy pequeño y no tengo un aspecto desagradable, las alas bien formadas, las patitas simétricas, la cabeza diminuta con dos antenas que despuntan bastantes graciosas, si se me permite el auto elogio. Soy mono, el típico bichito mono que no sólo no repugna si no que agrada. Tal vez eso me libre de la muerte cuando ella me vea porque terminará viéndome, pasa mucho tiempo tumbada en el sofá, qué tía más vaga, aunque con este calor….qué otra cosa se puede hacer.

Seguro que ella también tenía prevista alguna excursión pero se ve obligada a recluirse en casa a escuchar el zumbido del aire por toda diversión, a mirar al techo por toda diversión, a ver un bichito verde colocado estratégicamente en un rincón. Me ha visto, me ha visto, se está levantando y ha agarrado la zapatilla, me la va a lanzar,  no quiero morir aplastado por una chancleta de playa sin haber visto la playa. No quiero morir sin saber para qué he nacido, sin saber nada, sin haber experimentado apenas nada, el cosquilleo de una flor, un par de atardeceres, poco más.

Vaya, qué suerte he tenido, si que es vaga, ha desistido aún antes de haberlo intentado, vuelve a tumbarse en el sofá y se pone a leer.  En cuanto refresque  un poco me largo de aquí, saltaré despacio hasta la tercera acacia y luego hasta la cuarta y después ya veré, es una calle bastante larga. Tengo que ver mundo antes de morir, somos tan fugaces los bichitos verdes….un destello, un puntito, un zapatillazo…me está mirando con desconfianza por encima del libro. No se puede gustar a todo el mundo.

Tú también eres fugaz, so tonta, tengo tiempo de decirle antes de morir.

(Cuaderno de doña Marga)