Día: 29 julio, 2015

El Pelágico

Hoy me ha tocado ponerme con las maletas en casa de mi jefa, con la suya, con la del Pelayo y con la del niño. La Patricia se altera mucho con todo lo que sean traslaciones o movimientos, de tierras o de cualquier otra cosa, y pierde toda la calma del aquí y el ahora que tanto ha estado practicando. Como no tiene a la Darling que la guíe con las respiraciones profundas y las concentraciones máximas pues pierde el rumbo. Si a eso le añades que está embarazada, con las molestias que ese estado acarrea , pues ya tienes la tormenta perfecta.

Total, que cuando ya íbamos por la segunda maleta, la del Pelayo, ella con una lista en la mano de la que iba tachando lo que metíamos, es muy organizada, y el Jacobín sacando lo que acabábamos de guardar con gran contentamiento, es muy caótico, la Patri ha estallado en llanto. Se dice así a lo que ha pasado porque no es que se haya puesto a llorar o a soltar unas lagrimillas nerviosas, no, es que ha sido un estallido como cuando después de un día pesado y bochornso se presenta una tormenta con toda su parafernalia de truenos, rayos y granizos como pedruscos.

 Huy, madre, no sabía yo cómo consolarla y sujetar a la vez al niño en plena euforia destroza equipajes. Ha sido un momento de máxima tensión. Al Jacobín le he puesto sus dibujos-droga para ensimismarle y a la madre del mismo le he sacado un tema de conversación al azar con el fin de distraerla. Como he visto que en una de las camisas del Pelayo llevaba sus inciales bordadas, digo, P de Pelayo, claro y Pelayo, ¿de dónde procede ese nombre, de don Pelayo el rey Astur? Pensaba que iba a recibir una lección de historia pero no, de historia no ha sido.

Pelayo, se pone ella sonándose los mocos, viene del griego pelagius, quiere decir marino, el que fluye como el mar, el poderoso como las olas, el tempestuoso.

Para tempestades las tuyas, he pensado yo, que al Pelayo lo veo más bien templado, claro que tampoco lo conozco tanto por no decir que no lo conozco nada. A lo mejor estos días que vamos a convivir más ya  puedo ir calando su personalidad y su idiosincrasia.

Por eso a la niña le vamos a llamar Morgana, comparte significado semántico, quiere decir nacida del mar, me ha explicado después refrotándose los ojos, ya más serena.

Pues qué bien, qué pelágico todo, he dicho yo por decir algo mientras volvía a guardar las camisas de iniciales y los polos marineros (pelágicos también) en la maleta. Entonces ella ha soltado una carcajada desconcertante, se ha recogido su larga melena rubia en una coleta y tras sonarse de nuevo los mocos, ha regresado a su estado meditativo obnubilado habitual concentrándose en el punto medio de la maleta.

Me he puesto yo también a mirar a ese punto por si hubiera algo allí de especial interés que se me estaba escapando, pero lo único que he visto es el logotipo de esa marca de ropa en la que sale un caballo y alguien montado encima con un palo, no me acuerdo del nombre, cómo se llamaba esa marca, cómo se llamaba, estaba intentando averiguar con mucho estrujamiento neuronal.

Espabila, Eva, me ha dicho la tempestuosa madre de la futura Morgana, te estás quedando dormida de pie, y es lo único que me faltaba.

Pero si  estaba meditando como tú, iba a defenderme, pero me he callado, creo que a tiempo.

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