Mes: julio 2015

Fugaces

Con este calor no se puede hacer nada, nada que no sea estar aquí dentro, quieto en esta esquina del techo, al lado del aire acondicionado, confiando en que ella no me vea y me mate.

Había previsto recorrerme la calle saltando de acacia en acacia pero solo llegué hasta la tercera y ahí fue cuando me mareé y casi me caigo dentro de los contenedores de basura. Hubiese sido una muerte muy tonta y muy poco digna. Yo yaciendo entre envases de yogures, cartones de leche, mondas de patata, compresas y otros desechos. Menos mal que ella abrió la ventana, se asomó y dijo ¡qué espantoso calor! y el fresco procedente de su casa me revivió. De un salto, me instalé en su techo. Es aburrido pero se está cómodo. Aunque no a salvo.

Soy verde, me camuflo entre las ramas, destaco demasiado posado sobre este techo tan blanco. Menos mal que soy pequeño y no tengo un aspecto desagradable, las alas bien formadas, las patitas simétricas, la cabeza diminuta con dos antenas que despuntan bastantes graciosas, si se me permite el auto elogio. Soy mono, el típico bichito mono que no sólo no repugna si no que agrada. Tal vez eso me libre de la muerte cuando ella me vea porque terminará viéndome, pasa mucho tiempo tumbada en el sofá, qué tía más vaga, aunque con este calor….qué otra cosa se puede hacer.

Seguro que ella también tenía prevista alguna excursión pero se ve obligada a recluirse en casa a escuchar el zumbido del aire por toda diversión, a mirar al techo por toda diversión, a ver un bichito verde colocado estratégicamente en un rincón. Me ha visto, me ha visto, se está levantando y ha agarrado la zapatilla, me la va a lanzar,  no quiero morir aplastado por una chancleta de playa sin haber visto la playa. No quiero morir sin saber para qué he nacido, sin saber nada, sin haber experimentado apenas nada, el cosquilleo de una flor, un par de atardeceres, poco más.

Vaya, qué suerte he tenido, si que es vaga, ha desistido aún antes de haberlo intentado, vuelve a tumbarse en el sofá y se pone a leer.  En cuanto refresque  un poco me largo de aquí, saltaré despacio hasta la tercera acacia y luego hasta la cuarta y después ya veré, es una calle bastante larga. Tengo que ver mundo antes de morir, somos tan fugaces los bichitos verdes….un destello, un puntito, un zapatillazo…me está mirando con desconfianza por encima del libro. No se puede gustar a todo el mundo.

Tú también eres fugaz, so tonta, tengo tiempo de decirle antes de morir.

(Cuaderno de doña Marga)

¡Ay!, qué vida más turbulenta

Que sí, que la Tierra se calienta, eso es innegable, yo también soy muy sensible al cambio climático y a la destrucción del medio ambiente aunque luego voy y tiro el aceite de freír por la pila, qué quieres que te diga. Muy mal, una guarrería, ya lo sé, ese potingue se va a los ríos pero es que en mi barrio no tengo ningún punto de reciclado de aceite y tampoco me voy a ir cargando con las botellas a tomar por…tan lejos, tan lejos.

Eso de que la Tierra se calienta me recuerda a un señor que hace ya unos cuantos años pasaba mucho por este parque, había escrito un poema sobre el cambio climático, muy largo y muy malo, peor que los de doña Marga que, no es por nada, pero como poeta deja bastante que desear. Se lo había auto-editado y lo iba vendiendo por aquí.  Yo le compré uno y todas las estrofas comenzaban igual: «el planeta se calienta…»  y luego lo rimaba con, por ejemplo, » y  eso sí que es una afrenta», «el planeta se calienta….y la tierra está amarillenta», «el planeta se calienta…por la ruindad avarienta».  Todo en ese plan, luego perdía un poco el hilo y  la rima y lo iba mezclado con otros temas que se ve que le preocupaban como las guerras, el botellón o la artrosis. Un engendro, vamos.

Lo bien que me lo pasé escenificándolo dentro del quiosco,  me reí mucho porque el poema era satírico, o eso creo, a mí por lo menos me hacía mucha gracia, pese a su mensaje  termo-apocalíptico.

No sé qué habrá sido del autor, no lo he vuelto a ver, del planeta sí sé qué ha sido, que se ha calentado, tenía razón el hombre con tanta insistencia. Pero volviendo a doña Marga, lo que no había entendido de su escrito es lo de que no quiere vivir sin abejorros ni sin ensaladas de tomate. ¿Qué tendrá que ver?, pensé al leerlo, y  como investigadora que soy me fui a google y escribí en la barra mágica: abejorros y tomate. Oye, que sí tenía que ver, es una historia interesante que ahora te cuento porque no tengo nada mejor qué hacer en estos momentos, aparte de sudar y vender agua y refrescos.

Dice así: el calentamiento global está expulsando al abejorro de muchas de sus zonas históricas como es el sur de Europa. No migran hacia el norte porque las plantas y flores de las que se alimentan todavía no se han desplazado, van más lentas, y  las necesitan para su subsistencia. Una de esas plantas es el tomate, ellos son sus principales polinizadores. Utilizan el método de la polinización por zumbido porque la flor del tomate solo suelta el polen mediante la vibración. Yo esto lo encuentro de lo mas sexy. Imagínate a ese gordo zumbón haciendo vibrar de placer a las tomateras.

Y no sólo a ellas, arándanos,manzanas y peras también se polinizan gracias al bombus, ese es su nombre latino, le pega mucho, tan gordo y peludo él. Pero…fuera, ceporro, largo de mi quiosco, ni te me acerques o te extingo de un abanicazo. Acaba de pasar un ejemplar de  bombus por delante de mis narices, espero que  como voy de rojo no me haya confundido con un tomate. No tengo el cuerpo para polinizaciones.

Lo dicho:

El planeta se calienta y yo ya no tengo cuarenta ni dinero en la cuenta, por eso estoy macilenta, con la vestimenta harapienta.

He llegado a los cincuenta y no tengo ni asistenta.

¡Ay!, qué vida más turbulenta.

Trending topic

Te digo yo que la de los cuadernitos deprime al más pintado. Ayer, después de transcribir ese, llamémosle así, relato, me dio por pensar si yo sería de esa clase de madres, de las que están todo el día detrás dando la brasa. Yo no me veo de ese modo, pero el caso es que la frase que más oigo de mis hijos, además de la mítica «cierra la puerta» es «qué pesada». Entonces me dije, me gusta decirme cosas, hoy no regañes, Esmeralda. Veas lo que veas y oigas lo que oigas, date una tregua y dásela a ellos.

Y así lo hice y mira que me dieron motivos para reprender pero me mantuve firme en mi decisión de no entrometerme. Me mantuve hasta que a las diez de la noche, mi casa transformada en el hogar ideal de un afectado por el síndrome de diógenes, me puse a vociferar todo lo que llevaba guardado. Grité tanto y de forma tan ordinaria, rabanera dice mi padre aludiendo a un oficio extinguido,  que mi vecina la cotilla,en todas las casas hay una, llamó a mi puerta, ansiosa de presenciar en directo un melodrama doméstico.

¿Te ocurre algo, Esmeralda, que he oído gritos? No, Mariu (se llama María Eugenia), le dije yo, es una nueva terapia americana que consiste en gritar a última hora del día para desahogarte de tus frustaciones y así poderte ir a la cama relajado. Lo mismo que te cepillas los dientes, cuestión de higiene. Yo he empezado hoy, así, en plan fuertecito, calentando motores. Se fue un poco desencantada no sin antes decirme, la muy idiota, que eso no era nuevo, que ella ya me había oído hacer esa terapia antes.

Pero esto no tiene ningún interés, a ver si vuelve pronto Eva la desconectada y narra ella. Me gustaba mas escribir aquí cuando me estaba prohibido y tenía que entrar pirateando claves, pero ahora que es casi una obligación, qué coñazo, con perdón.

Y para rematar, voy a hablarte de algo de lo que seguro que nadie te ha hablado en estos últimos días: del calor. Es insoportable, ¿verdad? Y cuánto está durando, yo no había conocido un verano igual, de día no vivo y de noche no duermo, hemos batido todos los récords . Y no me refiero a las altas temperaturas si no a que te hablen sin cesar de ellas.

Si estás harto de que la ola tórrida sea el trending topic de todas las conversaciones,  apúntate conmigo a la terapia del grito. Es gratis y te quedas como nuevo. Con tu permiso y el de mi vecindario, voy a seguir contaminando acústicamente que me he quedado a medias.

Apaga la luz

El hombre al que le habían empezado a doler las rodillas fue a dormir esa noche a casa de su madre. La madre, que tenía ochenta años, se había caído y estaba dolorida y asustada. También estaba de muy mal humor como pudo comprobar enseguida el hombre al que le habían empezado a doler las rodillas y también el hombro derecho.

Te dejas todas las luces encendidas, le reprochó la madre desde su sillón, con la cara morada por el golpe. En tu casa haz lo que quieras pero aquí apágalas, gastan, ¿sabes? Y cuando bebas de un vaso no lo dejes por ahí en medio porque luego está toda la cocina llena de vasos y no se sabe de quién son. El hombre apagó la única luz que había encendida, una pequeña en el cuarto de cuando era niño, y se sentó enfrente de la madre. Le dolían las rodillas, habían empezado a dolerle hacia poco y también un hombro, el derecho. Se lo frotó, pero no dijo nada.

Estoy estreñidísima, le comunicó la madre. Ya no sé que tomar y pasó a relatarle sus deposiciones con todo detalle. Y cuando utilices una cucharilla, friégala. No hay muchas y luego no quedan a la hora del desayuno. No cuesta nada, friégala. Tienes problemas en el trabajo, ¿verdad?, te lo noto en la cara. Siempre te he notado todo en la cara. No,no, mintió el hombre frotándose ahora las rodillas, todo va bien. Pasaron la tarde el uno frente al otro, el hombre mirando mensajes en su teléfono y la madre viendo películas antiguas en la televisión a gran volumen porque estaba sorda. No te cierrres la puerta para dormir, hace mucho calor, siempre te ha gustado estar encerrado. El hombre  con dolor reciente de rodillas y hombros sintió claustrofobia pero solo dijo buenas noches, que descanses.

Cuando al día siguiente, sintiéndose liberado por salir de allí, el hombre volvió a su casa comprobó con disgusto que su hijo, pese a ser de día, tenía tres luces encendidas, toda la casa estaba llena de vasos con restos de agua y otras bebidas, no había cucharillas, estaban todas sucias en la pila. Se sentó un momento en el sofá intentando encontrar el origen de su reciente dolor de rodillas, se masajeó el hombro derecho y gritó al hijo, que estaba encerrado en su cuarto con la música altísima como si fiuera sordo, ¿quieres apagar las luces? Por si no lo sabes , gastan, te voy a pasar a ti la factura todos los meses, ya verás como entonces… No terminó la frase porque le entró cansancio y porque comprendió que, en realidad, la frase era interminable.

(Cuaderno de doña Marga)

Invasor e invasora

Estoy triste, se va Varoufakis, a ver ahora con quién me entretengo yo a la hora de las noticias. Con lo perdidamente enamorada que estoy de esa calva helénica.  En fin, tendré que darme una vuelta por su blog aunque no es lo mismo que tenerlo cada día en primera línea de informativos. Todo es pasajero en esta vida menos la ola de calor que no se marcha ni a empujones, qué resistencia.

Así que para refrescar voy a hablar de un árbol también muy resistente al que tengo simpatía precisamente porque suscita antipatías, pero si hasta está perseguido por la justicia como si fuera un delicuente. Tiene para él solito un Real Decreto que prohíbe su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio.  No me gustan los reales decretos,  son muy desagradables y eso me hace ponerme más de su lado. Es el Ailanto o Ailanthus Altissima, un árbol procedente de China que se multiplica y reproduce de tal manera que está considerado una especie invasora y de ahí la manía y el odio que se le tiene.

Pobre Ailanto, si se conforma con los peores sitios, es un marginal, un barriobajero. Crece en las cunetas de las carreteras donde forma densas arboledas,  en los caminos pedregosos, en los solares, en los descampados, en esos sitios feos y desolados donde parece mentira que algo pueda crecer. Y lo hace además a gran velocidad, por algo se lo apoda árbol del cielo. Claro que como tonto no es, si puede y por lo visto sí que puede, ocupa también otros lugares mejores y les come el terreno a los árboles autoctónos. Que espabilen los autoctónos.

Me cae bien el Ailanto, la wikipedia dice ,como si eso fuera un defecto, que «incrementa la dominancia en favor de sí mismo», pero si eso lo hacemos todos siempre que podemos, seamos sinceros. Otra ventaja de su altísima excelencia es que te da sombra rapidito porque crece muy deprisa y la sombra está empezando a ser un bien preciadísimo, ¿o no?

Y dicho esto, me voy a pasar por el blog de Yannis y le dejo un comentario, así, de bloguera a bloguero y de chula a chulo. Quién sabe, lo mismo hasta me contesta, ahora que va a tener más tiempo. Tiembla, Dannae, yo también soy una especie invasora.

Tres hermanos viejos

Los tres hermanos se sentaron alrededor  de la vieja mesa familiar, rodeados de muebles viejos: el viejo reloj, el viejo aparador con la vajilla vieja, la vieja estantería con los libros viejos. Los pies pisando la vieja moqueta infestada de viejos ácaros.

El hermano tosió con tos vieja.

¿Te has resfríado?, le preguntó la hermana mayor.

Claro que no, es lo de siempre, mi carraspera.

Es su carraspera, él la tiene de siempre, dijo la hermana menor. Lo mío, sin embargo, también es de vías respiratorias, pero altas.

La carraspera también es alta, dijo el hermano volviendo a toser.

Pero no tanto, no tanto, lo mío es más alto. Me lo dijo el médico: señora, padece usted de las vías respiratorias. ¿ah sí?, dije yo. Sí, señora, sí, altas. Como lo oís.

Como lo oímos y como llevamos oyéndolo años y años. Te repites, dijo la hermana mayor.

Pero es mi repetición, tú también tienes las tuyas, se defendió la menor.

El hermano carraspeó haciendo uso de sus posesiones: una garganta reseca e inflamada.

Anda, toma un caramelo, se compadeció la hermana menor y sacó de una cajita muy vieja un caramelo viejísimo de miel y limón.

Sabe rancio pero me vale, dijo el dueño de la carraspera.

Lo mío son las vías respiratorias, las altas, insistió la hermana menor con la clara intención de provocar a la mayor.

Yo tengo un juanete, presumió entonces la mayor, de toda la vida lo tengo. Y se descalzó para mostrarlo.

¿Sacamos la baraja?, propuso el hermano.

Sácala pero faltan cartas. Habrá que comprar otra.

Los tres miraron hacia la puerta, la calle estaba muy lejos, con escaleras en medio.

Juguemos con esta, que más da, dijo la hermana menor.

Y jugaron una partida muy vieja con la baraja demediada de sobadas cartas, haciéndose viejas trampas unos a otros.

(Cuaderno de doña Marga)

Familia de frio, familia de calor

Cuando llega el verano a la familia de frío, el padre anuncia asomándose a la ventana en camiseta de tirantes: ya está aquí, rápido, cerrad todo.

Ya lo tenemos encima,  se aflige la madre comenzando a abanicarse.

Qué horror, qué pronto este año,  dice la hija desmadejándose sobre el sofá con cara de sofoco máximo.

Pues preparaos que va para largo, les avisa el hijo,  esto no es nada todavía y no ha hecho más que empezar.

Es horrible,  horrible, se lamenta la madre. Me da dolor de cabeza  y pesadez de piernas. Sudo, me agobio.

Todo cerrado hasta la noche, se abre de madrugada para hacer corriente y luego se vuelve a cerrar. Persianas bajadas, luces, las mínimas, la luz da calor y duchas frías y cortas, ordena el padre tomando las riendas de la situación de crisis.

Se mete por todas partes, dice la hija mirando a su alrededor, resoplando y levantándose a mojarse las muñecas en el grifo.

Se le quitan a una las ganas de cualquier cosa, de vivir, dice la madre.

Y una vez que entra, cantan todos a coro, ya no se va, ya no se va. Y miran con odio al maldito sol, todavía  muy alto en el cielo.

Cuando llega el invierno en la familia de calor, la madre sale a buscar ventanas abiertas porque siente corrientes heladoras atacándola. Os habéis dejado alguna ventana abierta, dice inspeccionado por el pasillo. Aqui está , la del cuarto pequeño, lo sabía. Las corrientes son malísimas, el tio Andrés se murió de una corriente, yo solo digo eso.

Pues bajan las temperaturas, advierte el padre cerrando el periódico de golpe y cruzando los brazos encima del mapa del tiempo con el afán de aplastar las malas noticias.

Lo que nos faltaba, dice la hija, es lo único que nos faltaba, el frío otra vez.

Y que el invierno es muy largo, señala el hijo echándose una bata por encima.

A partir de ahora, ordena la madre, nadie sale a la calle sin taparse la garaganta, ¿tenéis suficientes calcetines gordos? Por los pies  entran muchas enfermedades. Tirito, ya toca sufrir y que cuando el frío se te mete dentro del cuerpo ya no te lo sacas. Entras en hipotermia.

Yo con el frío es que me encojo, no consigo ir estirado del todo, dice el padre repartiendo el guiso de carne. ¿ Y a ti que te pasa que no comes, estás mala?, pregunta  el padre a la hija. Claro, ya sé, frío en la tripa y mira a la madre para que confirme su diagnóstico.

Y que el invierno es muy largo, recuerda el hijo por si se les habia olvidado.

Muy largo, muy largo, repiten los cuatro mirando con miedo hacia la ventana que parece helada, aterida como el mundo entero.

(Cuaderno de doña Marga)

Observa la piedra, darling

Por fin he podido escapar un rato  de las garras de mi paleolítica jefa y y he logrado llegar hasta una aldea medianamente civilizada. Solo tengo media hora para narraros mis desventuras mientras me tomo un café con leche en el único bar con wifi. Me miran raro porque nunca ha visto teclear a nadie a tanta velocidad o nunca han visto teclear o nunca han visto a nadie. Alpargatos, que diría mi madre.

Resulta que la Patricia ha decidido desengancharse del mundo on line y para conseguirlo se ha venido a estos parajes, que no me preguntéis donde están porque no lo sé. Lo que si sé es que están lejos porque hemos tardado mucho en llegar, que tienen buena temperatura, nos tenemos que tapar por las noches, que son bonitos, así como de foto del instagram y  que algo malo tendrán cuando aquí no hay nadie.

Bueno, alguien si hay, una amiga de la Patricia de acento extranjero que le está dando clases de desenganchamientos y de una cosa conocida por ellas como mindfulness. Sé cómo se escribe porque se han traído un libro con ese título y lo acarrean doquiera que van. De ahí saca la amiga sus enseñanzas, tampoco es que se lo sepa sin mirar. Pues vaya con la maestra ciruela.

El nombre de la amiga es Sara, con hache en algún lugar del mismo, pero ella a Patricia le llama darling, todo el día darling por aquí y darling por allá. Observa la piedra, darling, y no hagas nada más, se pone ayer, concéntrate en su forma, en su textura, en su peso. Escucha la brisa entre las ramas del tilo y el perfume que nos trae, darling. Hay un abeja cerca, se aproxima sí, observa tu reacción pero no juzgues, sólo observa.

Como le pique la abeja la reacción puede ser alérgica pero cualquiera se lo advierte, además que no tengo tiempo porque mientras la Patri darling y la Sara, más darling todavía, miran fijamente un árbol, una piedra, el rio o el monte, mientras ellas se extasían, porque se extasían que las he visto, con el sonido de la brisa y otras pamplinas, yo corro detrás del Jacobín que también es muy paleolítico, pero en otro estilo.

A él las piedras le gustan para lanzarlas, los árboles para intentar treparlos o pegarles meneos a ver si cae algo, los ríos para chapotear entre risas histéricas y los montes para nada de momento y menos mal que no estoy yo para pendientes.Qué sofoquinas me agarro corriendo detrás del hiperactivo niño troglodita.

Y encima quieren que me descalce como han hecho ellas, nada más llegar dejaron los móviles en un cestillo y se quitaron los zapatos, andan todo el día como primitivas muy emocionadas porque dicen que así sienten a la madre tierra, se les activa la circulación y se les fortalecen los pinreles.

Pues si que… también se clavan los pedruscos y hasta te puede picar un escorpión o una víbora, además de llevar las plantas renegrías. Lo siento, majas, pase que me tengáis incomunicada del mundo sin mi blog de mis amores, pero correr detrás del niño practicando el barefoot que así es como ellas denominan a esa tontería de andar descalzas,  eso ya sí que no, queridas darlines.

Espacio-tiempo

Me ha pedido Eva que os diga que Patricia la tiene secuestrada en un paraje alejado de las mundanales redes sociales, es decir,  que está en un sitio muy bonito pero tirando a lejos y sin conexión a internet. Y que debido a ello no podrá escribir todo lo que le gustaría (menos mal porque es cansina a más no poder). Mientras tanto, la que mangonea en este negociado soy yo : Esmeralda, claro. Pero si hasta tengo los cuadernos  de doña Marga en mi poder para ir soltando de vez en cuando una paginita. Me encanta esto de organizar a mi antojo. Ayer, por ejemplo, decidí transcribir eso de Vértigo porque me hizo gracia, que yo también he estado enamorada unas cuantas veces aunque ahora me veáis así, tan poco romántica. Es bonito enamorarse, pero pesado, como que no riges bien del todo y se te nubla la visión.

Por cierto, hablando de cosas nubladas, qué roñosos están los cuadernos, qué sobaos, las hojas todas amarillas,  con un olor a polvo que te tira para atrás y la letra desdibujada. Eso tiene más años que su poseedora. Digo yo de pasarlo a limpio, como en los tiempos del colegio cuando no tenía ganas de estudiar y me ponía a pasar los apuntes para que pareciera que hacía algo y a ver si a base de escribirlo se me iba quedando sin hacer el esfuerzo mental pertinente. No se me quedaba nada porque ya me encargaba yo de ir pensando en otras cosas más de mi interés, que no más interesantes, mientras tanto. Pero, eso sí,  qué preciosidad de apuntes, con sus subrayados de colores, con sus flechas, venga de flechas guiando la lectura, venga de guiones y de asteriscos. Total, por el mismo precio le ponía de todo hasta dejarlos bien  completos y recargados. Puro barroco.

¿Y por qué os hablo ahora de esto? No lo sé, para el próximo día me hago un guión-esquema con flechas guiadoras para no perderme. De todas formas, Eva me ha pedido, qué de exigencias, rica, que no me enrolle, que solo os diga que en cuanto pueda, vuelve. Que los paraísos terrenales, ella llama así al lugar de veraneo idílico de Patricia, son muy aburridos y que está deseando estar en Madrid con su calor y su wifi.

Pues ya son ganas, hija, con la ola tórrida que nos invade. A mí el calor me pone muy trastornada, (más, sí), ten en cuenta que si al cambio climático, porque estas olas de calor salvaje tienen que ser eso y no un simple verano,  le añades mi propio cambio climatérico, el resultado es que estoy a punto de fisión nuclear. Como para enamorarme del primer guapo que se acerque a pedirme fuego, ja. O porta consigo un billete hacia Noruega o ya se puede ir con viento africano por donde haya venido.

En estos momentos de mi vida si hay algo que necesito es que no se me acerque mucho nadie. (Sólo Hipólito y no siempre, que no se haga ilusiones). Espacio vital es lo que quiero más que cualquier otra cosa y, unido al espacio, tiempo. Porque espacio y tiempo van juntos, ¿o es que puede haber tiempo sin espacio o espacio sin tiempo? No lo sé, me suena que Einstein dijo que no, que va en el mismo pack, pero no estoy segura, no se me quedó el concepto el  día que pasé los apuntes de física a limpio. Si tú lo sabes, deja un comentario y me lo aclaras,  ya no sé que argucias emplear, mira que sois.

Vértigo

Cada mañana, cuando sale del metro, remolonea al lado de la frutería, sabe que él aparece por la calle que hace esquina. Para hacer tiempo compra dos manzanas, una le parece poco. Las manzanas no le gustan.

Mirarlas si,  su piel brillante y su forma redonda, olerlas también y oírlas.  Ese crujido al morder. No el sabor, escupe  a toda prisa el trozo mordido  porque ya lo ve acercarse, alto y delgado, el pelo moreno cayéndole hacia un lado de la cara, y se pone a andar ella también, unos pasos por delante, con el corazón acelerado.

Porque a veces él,  antes de entrar en clase, le pide fuego y ella desea ese momento y lo teme, por si le tiemblan las manos como las otras veces. Espera en la puerta del instituto, arropada por la masa de estudiantes, por los gritos, por las risas. Quedan diez minutos para que se abra la puerta y él se está acercando seguro, poderoso, con el aplomo que da saberse capaz de producir temblores.

Se acerca tanto que puede olerlo, ver muy próxima su boca con el cigarro enganchado. Le está diciendo algo pero ella no sabe qué, ha dejado de entender las palabras porque las palomas del parque, empujadas por una fuerza extraña, han empezado a girar y con ellas los bancos y los borrachos que duermen encima rodeados de tetrabriks de vino y las nubes como trapos rotos y los estudiantes y la boca del metro de Tribunal.Todo gira con ella dentro.

Una mano temblorosa sujeta el mechero y la otra se aferra a la bolsa de papel con las dos manzanas, una de ellas mordida, se aferra con fuerza para no caerse, para que cuando suene el timbre y abran las puertas pueda entrar dignamente  entre los demás como si nada, como si no la acabaran de descolocar y despiezar y arremolinar ahora mismo. Como si él no le acabara de pedir, muy cerca, fuego.

(Cuaderno de doña Marga)