Día: 6 agosto, 2015

Legendario mar

El hotel de los lujos es, como su mismo nombre indica, lujoso. Tiene su spa acristalado para mirar el mar mientras las burbujas cosquillean y masajean tu cuerpo (el de otros). Tiene sus tumbonas para mirar el mar en horizontal no te vayas a cansar de estar sentado. Tiene una piscina para refrescarte mirando el mar, una playa privada con más tumbonas y sombrillas de paja para descansar del previo descanso. Tiene jardines con rododendros. Supongo que son rododendros porque a un hotel de lujos le pega tenerlos.

Tiene salas y salones y terrazas y terracitas y terracillas y todo ello mirando al mar, siempre mirando al mar, con el mar ahí donde quiera que poses la vista como en una obsesión pelágica.

Y ese es el problema, que el Jacobín tiene miedo del mar, no quiere mirarlo, oírlo, olerlo ni mucho menos bañarse en él. La Patricia dice que a la edad de tres años aparecen los miedos irracionales en paralelo al desarrollo de la imaginación, que esa masa de agua inmensa cuyo fin no se atisba, que se mueve y hace ruido, es lógico que aterrorice a un niñito de tierra adentro. Paciencia, me sugiere desapareciendo con su libro en pos de las hamacas, de las burbujas o de lo que sea.

Quita el mar, quita mar de ahí, se ha pasado la mitad de la noche el niño, desde el interior de la habitación que compartimos con,sí, ella también,vistas al mar.

No puedo, rico, es muy grande y está fijo, he intentado explicarle.

Mar,no. Mar,no, no, no. Insistía él lloroso.

He tenido que dormir con la ventana cerrada renunciado a mi sueño de que me acunaran las olas.

Quita mar, me ha vuelto a exigir esta mañana Jacobín el terrestre.

¿Y ahora qué hacemos?, si está por todas partes.

¡A calle!, ha señalado él con su dedo dominante.

Y hemos paseado por una larga calle llena de tiendas de chancletas, gorros, colchonetas naúticas, gafas de sol y cremas para o contra el mismo y de establecimientos de comidas y bebidas.

Sangría legendaria, se anunciaba en un cartel colgado a la entrada de uno de esos bares,junto a la foto de un alemán con cara de loco abrazado a una jarra de la bebida. En siete versionen, añadía luego. Qué cosas.

Mar, no,no,no, ha zapateado el Jacobín oteando un pedazo de azul entre la pizzería Vistamar y el Cormorán café.

Pues hijo, no sé qué tienes en contra del océano, si es de lo más legendario y se nos ofrece en mucho más de siete versionen.

Pero el chiquillo, poseído por la fobia marina de los tres años, no atiende a razones.