Día: 19 agosto, 2015

Escalofríos y remordimiento

La vida te quita cosas, no te digo yo que no, tiene razón doña Marga, pero los que también te quitan son los ladrones. Y no es que me .quiera hacer la graciosa, es que hace una semana atracaron a mi padre. Salía el hombre de buena mañana, a las siete en concreto, a colocar la sombrilla en primera línea de playa compitiendo con otros de su edad y condición aficionados a este deporte y a darse, a continuación, su paseo matutino con la fresca.

Ya había clavado con éxito la sombrilla y se disponía a enfilar el paseo marítimo con aires triunfales cuando dos individuos le acogotaron por detrás hasta dejarle sin respiración y le quitaron la cartera. Luego se dieron a la fuga.

Hay un antes y un después en la vida de mi padre y también hay una línea divisoria entre sus amigos y conocidos: los que le han preguntado por el atraco y se han compadecido y los que no le han hecho el caso suficiente y se han puesto a contarle sus propios atracos quitando importancia al suyo. En cuanto a los efectos sobre su persona, antes era un hombre seguro y confiado, ahora, o sea, después, es un abuelillo temeroso que no se atreve a salir solo y que se sobresalta al menor ruido inesperado o presencia extraña.

Dice que ya no va a poder vivir solo porque tiene estrés post traumático, eso se lo ha diagnosticado mi hija Anais tras mirarlo en internet y a él le ha parecido muy ajustado a su caso, porque, según él, esos hombres lo que de verdad querían era matarle, solo que no les dio tiempo, pasó un coche y se asustaron. Que desde el día nefasto se le olvidan las palabras (ya se le olvidaban antes pero eso también se le olvida), que ya no se puede concentrar en la lectura y que no le salen los sudokus difíciles (antes tampoco le salían).

Me han jodío pero bien, Esmeralda, hija, dice poniendo la tele a un volumen imposible porque necesita voces que le acompañen a todas horas. Se ve que no tiene bastante con el griterío que tenemos montado de continuo en el apartamento.

No quiero ser un abuelo-maleta, me dice hoy, de esos que van rotando por las casas de los hijos y todos van tachando del calendario los días que faltan para que el abuelo se largue. Si me tengo que ir a vivir con alguna que sea de fijo. Pero quiero tele en mi cuarto, añade después y el baño para mí solo si puede ser que tus hijos son muy guarros, lo dejan todo tirado y el suelo mojado. Mira que si me resbalo y me rompo la cadera y no puedo ir a las manifestaciones. Eso sería el fin. ¿Te has informado si dan ayudas a los cuidadores de dependientes?

Qué escalofrío me ha recorrido el cuerpo al saber que he sido yo la elegida y qué remordimiento después por el previo escalofrío de terror. Me voy a tener que dar a los fascículos coleccionables o a algo más fuerte, no sé.

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