Escalofríos y remordimiento

La vida te quita cosas, no te digo yo que no, tiene razón doña Marga, pero los que también te quitan son los ladrones. Y no es que me .quiera hacer la graciosa, es que hace una semana atracaron a mi padre. Salía el hombre de buena mañana, a las siete en concreto, a colocar la sombrilla en primera línea de playa compitiendo con otros de su edad y condición aficionados a este deporte y a darse, a continuación, su paseo matutino con la fresca.

Ya había clavado con éxito la sombrilla y se disponía a enfilar el paseo marítimo con aires triunfales cuando dos individuos le acogotaron por detrás hasta dejarle sin respiración y le quitaron la cartera. Luego se dieron a la fuga.

Hay un antes y un después en la vida de mi padre y también hay una línea divisoria entre sus amigos y conocidos: los que le han preguntado por el atraco y se han compadecido y los que no le han hecho el caso suficiente y se han puesto a contarle sus propios atracos quitando importancia al suyo. En cuanto a los efectos sobre su persona, antes era un hombre seguro y confiado, ahora, o sea, después, es un abuelillo temeroso que no se atreve a salir solo y que se sobresalta al menor ruido inesperado o presencia extraña.

Dice que ya no va a poder vivir solo porque tiene estrés post traumático, eso se lo ha diagnosticado mi hija Anais tras mirarlo en internet y a él le ha parecido muy ajustado a su caso, porque, según él, esos hombres lo que de verdad querían era matarle, solo que no les dio tiempo, pasó un coche y se asustaron. Que desde el día nefasto se le olvidan las palabras (ya se le olvidaban antes pero eso también se le olvida), que ya no se puede concentrar en la lectura y que no le salen los sudokus difíciles (antes tampoco le salían).

Me han jodío pero bien, Esmeralda, hija, dice poniendo la tele a un volumen imposible porque necesita voces que le acompañen a todas horas. Se ve que no tiene bastante con el griterío que tenemos montado de continuo en el apartamento.

No quiero ser un abuelo-maleta, me dice hoy, de esos que van rotando por las casas de los hijos y todos van tachando del calendario los días que faltan para que el abuelo se largue. Si me tengo que ir a vivir con alguna que sea de fijo. Pero quiero tele en mi cuarto, añade después y el baño para mí solo si puede ser que tus hijos son muy guarros, lo dejan todo tirado y el suelo mojado. Mira que si me resbalo y me rompo la cadera y no puedo ir a las manifestaciones. Eso sería el fin. ¿Te has informado si dan ayudas a los cuidadores de dependientes?

Qué escalofrío me ha recorrido el cuerpo al saber que he sido yo la elegida y qué remordimiento después por el previo escalofrío de terror. Me voy a tener que dar a los fascículos coleccionables o a algo más fuerte, no sé.

19 comentarios en “Escalofríos y remordimiento

  1. ¿Por qué será que al pensar en acoger a los padres en casa permanentemente a más de le recorre un escalofrío por el cuerpo? Antaño era lo normal, hoy… ¿Individualidad por parte de los hijos o exigencias fuera de lugar por parte de los padres? ¿Cuarto propio, tele, baño, Esme de criada…? ¡Difícil decisión!
    Hay quien dice que las personas que hoy rondan o superan los 50 son “la generación del perder”: exigencias por parte de los hijos y exigencias por parte de los padres y ni unos ni los otros les dan ni las gracias, porque asumen que tienen todo el derecho de exigir su total atención. ¿Será verdad, Esme?

    1. Mira, hija,me has clavado pero que bien clavada en mi propia cruz. Así estoy yo, oprimida por los de arriba y por los de abajo. Y encima te sientes mal por la mala uva que se te pone a veces. Gracias por tu comprensión a la par que análisis sociológico.

      1. Eso es lo peor, el sentirse mal por lo que no se debería uno sentir mal 😦 ¡Ánimos y besitos, Esme!

  2. ¿Donde están los abuelos que desheredan a todos, venden la casa y se mudan a una humilde casita de campo en alguna país donde todo es mas barato y pueden vivir de su pensión?
    Esos abuelos que viven en un bungalow frente al lago y se pasan los días en orgías de viejitos y dan malos consejos.
    Exijo abuelos libertinos.

  3. Después de haber sufrido tres intentos de asalto, yo también soy lo más miedoso que existe. Vaya, me acabo de convertir en esos que se dedican a contar sus propios encontronazos con los amigos de lo ajeno…

    Lo siento por el susto a tu padre, Esme. Y lo siento por las consecuencias que eso puede tener en tu persona…

    Besotes!!!

  4. Todos queremos hacernos un nido imaginario para la vejez, elegimos entre los que suponemos que más nos aman, imaginamos nuestros últimos días de modo relajado e incluso idílico…
    Pero ni siquiera sabemos si esos días llegarán y, seguramente, si llegan serán inesperados, sorprendentes, como lo es todo lo nuevo, todo lo que nos empeñamos en tener previsto.
    Pero a la Esme le ha caído una buena.

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