Día: 22 agosto, 2015

Anomalías de la naturaleza

Si tú, es un suponer, vas andando tranquilamente o apresuradamente o como quiera que andes, y te topas, es otro suponer, con un nido que tiene dentro dos pájaros de gran tamaño con el pico abierto y las cabezas alzadas a la espera de alimento, ¿qué pensarías? Pensarías, casi seguramente, que se trata de una anomalía de la naturaleza.

Si, además, ves a continuación a una pájara ya un tanto carraca que vuela en dirección a ese nido anómalo llevando en su pico la comida para semejantes mastuerzos, ¿qué volverías a pensar? Que o bien la pájara es tonta y no se ha percatado de que los polluelos han crecido y ese nido está a punto de venirse abajo por el peso de las desarrolladas criaturas o que los pájaros mastuerzos tienen un morro que se lo pisan. O las dos circunstancias a la par.

Y esto es todo lo que tengo que decir sobre nidos. Eso y que yo también tengo pelusas en el pasillo, además de las zapatillas malolientes de mis pájaros crecidos que no se dignan a ofrecerme el síndrome del nido vacío que por edad me corresponde.

Esto si que lo veo yo trágico y de llorar pero, claro, como no lo digo tan bonito ni con tanta poesía, pues nadie se conmueve ni se emociona conmigo. Menos mal que me voy a poner de escuchanta y entonces me van a oír. Ah, no, que es al revés. Nada, que no hay manera. Voy a llamar a Eva y se lo cuento, aunque como está en su pueblo parlamentando con el memo de Toni igual no me hace caso.

La escuchanta no tiene quién la escuche. Si ya te digo yo que esta profesión es un filón, que hay mucha necesidad de oídos atentos. Pues cuando me haga medianamente rica, que tampoco soy tan ambiciosa y con un término medio me conformo, me voy a comprar un apartamento diminuto en el que solo quepa yo y a los del nido que les vayan dando, que me duelen las alas de tanto ir y venir cargada con bolsas del Ahorra Más.

Entonces, una vez ya instalada en mi micro piso propio, me pondré a mirar con nostalgia el pasillo vacío, y si no dan los metros cuadrados para pasillo me lo invento, y escribiré algo muy triste y muy penoso de cuando los hijos crecen y abandonan el hogar aunque haya sido yo la que se haya dado alegremente el piro. Viene a ser lo mismo, ¿no?