Día: 4 septiembre, 2015

Poncho

Tantos libros de yoga, de zen, de espiritualidad y de displicinas orientales milenarias tienen que dar sus frutos. Tanto sentarse a meditar entre velas aromáticas, tanto mirar la piedra y andar descalza quieras que no templan el ánimo. A mí no me hace falta porque ya soy pachorras por naturaleza y si encima me pongo a practicar la relajación profunda entraría directamente en estado catatónico. Pero a otros, como he podido comprobar in situ, les puede venir pero que muy bien.

Total, que toda esta parrafada viene a que ayer, mi jefa, después de descubrir los destrozos causados por el Jacobín no le atizó con la zapatilla como hubiera hecho mi madre, tampoco se puso a dar gritos ni nos amenazó al niño por salvajismo y a mí por descuido y falta de vigilancia. Se metió entre pecho y espalda tres respiraciones profundas y, muy digna de ella, me dijo: viste a Jacobo que se va a enfríar y seca el charco de colonia. Ahora tendré que llamar a poncho.

Poncho no es un gurú. La Poncho, con mayúsculas de nombre propio, es una amiga suya que se dedica a la decoración de interiores además de ser pintora y otras artes. Hoy he tenido el placer de conocerla y no es una frase hecha porque la mujer me ha parecido bien simpática. Un poco mal de la cabeza también me ha dado la impresión de que está, pero una cosa no quita la otra.

Hola, holita, ¿tú quién eres?, me salta apareciendo en la cocina e interrumpiendo mi pelado de judías verdes. Iba muy graciosa vestida, con unas faldas largas estilo magiar, fulares, collares y muchas prendas de variados colores que no he sabido identificar, todas ellas colgando. Parecía un perchero andante, tan alta y delgada y con todo el armario encima. Digo yo que así no piensa lo que se tiene que poner, se coloca todo lo que encuentra y arreando.

Encantada de conocerte, me dice, y sin darme tiempo a que me presente yo, se presenta ella: me llamo Poncho y soy pintora aunque también hago decoración de interiores, restauración de muebles viejos, cocina creativa y fotografía de naturaleza. Casi termino Bellas Artes pero me faltaron un par de asignaturas, es que me fui a la India, pero qué más dan los títulos, ¿no?, ¿me preparas un té de roibos?

Te puedo dar un té de los normales o un café con leche, lo que gustes, y en cuanto al currículum, no soy la más indicada para que hagas la entrega,mejor dáselo a Patricia.

Si que está loca porque le dio un ataque de risa que se le saltaban las lágrimas y se puso a secárselas con uno de sus múltiples fulares. Y en esto que apareció la Patri y se la llevó pasillo adentro en dirección al árbol averiado mientras se reían las dos bastante tontamente.

Es de lo más apañada pintando, lo ha dejado igual que estaba antes del estropicio y encima le ha añadido alguna mejora en forma de ramas nuevas, hojas por el rodapié y algún pajarillo más.

Luego se han puesto a hablar sentadas en el sofá de cómo les venía a ellas la inspiración artística, si de manera periódica como si fuera la regla o inesperadamente y por sorpresa.

Pero esto de la inspiración artística ya lo cuento otro día porque me ha dado mucho que pensar todo lo que les he oído decir al respecto.
Poncho, nada menos, y luego dice que yo deformo los nombres.