Poncho

Tantos libros de yoga, de zen, de espiritualidad y de displicinas orientales milenarias tienen que dar sus frutos. Tanto sentarse a meditar entre velas aromáticas, tanto mirar la piedra y andar descalza quieras que no templan el ánimo. A mí no me hace falta porque ya soy pachorras por naturaleza y si encima me pongo a practicar la relajación profunda entraría directamente en estado catatónico. Pero a otros, como he podido comprobar in situ, les puede venir pero que muy bien.

Total, que toda esta parrafada viene a que ayer, mi jefa, después de descubrir los destrozos causados por el Jacobín no le atizó con la zapatilla como hubiera hecho mi madre, tampoco se puso a dar gritos ni nos amenazó al niño por salvajismo y a mí por descuido y falta de vigilancia. Se metió entre pecho y espalda tres respiraciones profundas y, muy digna de ella, me dijo: viste a Jacobo que se va a enfríar y seca el charco de colonia. Ahora tendré que llamar a poncho.

Poncho no es un gurú. La Poncho, con mayúsculas de nombre propio, es una amiga suya que se dedica a la decoración de interiores además de ser pintora y otras artes. Hoy he tenido el placer de conocerla y no es una frase hecha porque la mujer me ha parecido bien simpática. Un poco mal de la cabeza también me ha dado la impresión de que está, pero una cosa no quita la otra.

Hola, holita, ¿tú quién eres?, me salta apareciendo en la cocina e interrumpiendo mi pelado de judías verdes. Iba muy graciosa vestida, con unas faldas largas estilo magiar, fulares, collares y muchas prendas de variados colores que no he sabido identificar, todas ellas colgando. Parecía un perchero andante, tan alta y delgada y con todo el armario encima. Digo yo que así no piensa lo que se tiene que poner, se coloca todo lo que encuentra y arreando.

Encantada de conocerte, me dice, y sin darme tiempo a que me presente yo, se presenta ella: me llamo Poncho y soy pintora aunque también hago decoración de interiores, restauración de muebles viejos, cocina creativa y fotografía de naturaleza. Casi termino Bellas Artes pero me faltaron un par de asignaturas, es que me fui a la India, pero qué más dan los títulos, ¿no?, ¿me preparas un té de roibos?

Te puedo dar un té de los normales o un café con leche, lo que gustes, y en cuanto al currículum, no soy la más indicada para que hagas la entrega,mejor dáselo a Patricia.

Si que está loca porque le dio un ataque de risa que se le saltaban las lágrimas y se puso a secárselas con uno de sus múltiples fulares. Y en esto que apareció la Patri y se la llevó pasillo adentro en dirección al árbol averiado mientras se reían las dos bastante tontamente.

Es de lo más apañada pintando, lo ha dejado igual que estaba antes del estropicio y encima le ha añadido alguna mejora en forma de ramas nuevas, hojas por el rodapié y algún pajarillo más.

Luego se han puesto a hablar sentadas en el sofá de cómo les venía a ellas la inspiración artística, si de manera periódica como si fuera la regla o inesperadamente y por sorpresa.

Pero esto de la inspiración artística ya lo cuento otro día porque me ha dado mucho que pensar todo lo que les he oído decir al respecto.
Poncho, nada menos, y luego dice que yo deformo los nombres.

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26 comentarios en “Poncho

  1. Y yo que pensaba que el árbol lo había pintado la Patri!, así como que molesta menos que te lo fastidien, llamas a la arregladora y andando. Y el Jacobín tan Pancho, total, lo arregla Poncho. Muy malamente. Si esto fuera un cuento de martes, diría que la lección que sacamos de todo esto es: “haz lo que te de la gana, que ya vendrá otro a enmendarlo”.😀

  2. Jacobín hace un estropicio y Poncho la artista polifacética, lo arregla añadiendo algo más. Jajaja. Me río pero pasa mucho y casi con todo.

    Un abrazo.

      1. ¡Ah!, bueno! Entonces seríamos las reinas porque, en general, como se quejan por nada y si tuvieran inspiración dolorosa, seguro que más de uno se hacía una lobotomía 😀 😀 😀 😀

  3. Oye, pero Poncho es lo que se ponen lo indios para que no les de frio. ¡Que barbaridad! Esa no fue a la India, esa se fue al Perú…Ay, el Jacobín…que niño…le hacen falta par de nalgadas, eso es todo. Pero nada, a la madre se le hace facil la crianza mientras estés tu. Si estuviera ella sola, las respiraciones se le iban al carajete…¡Ah, la Pati!

  4. Ante lo exótico no tenemos defensa, estamos inermes. Los gobierno promulgan leyes, la moral o la ética también tiene las suyas, las religiones tienen sus preceptos… pero nada nos defiende del exotismo rampante. Ese tiene vía libre para circular en cualquier dirección. Lo exótico goza de buena fama, es modelo a imitar y nadie considera que todo lo que no tiene sentido puede ser muy nocivo si impera. Pero lo exótico es una cosa personal, una creencia inofensiva, otro ornato del mundo. ¡Cuántos hay! A este paso “lo normal” (que ya nadie va a saber lo que es) desaparecerá o será tan raro que se convertirá a su vez en algo de lo más exótico. Y otra vez empezará el ciclo.

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