Día: 9 septiembre, 2015

Madres y sustitutas

Ayer fue el primer día de colegio del Jacobín. Me estaba esperando muy serio sentado en un sillón con su uniforme de pantalones cortos grises, polo blanco y jersey de pico azul. No parecía el mismo niño que le daba al arte rupestre en pelotas hace tan solo dos días.

Para mí que tenía miedo, ya he comprobado que cuando está temeroso se pone muy serio, muy concentrado, como si estudiara la situación o como si al estarse quieto evitara posibles peligros.

Con ese cartel plastificado colgado del jersey en el que estaba escrito su nombre y apellidos y ese rigor en el gesto parecía un sesudo conferenciante.

Cosa rara en él, todo el camino me cogió de la mano y no se soltó ni una vez. Ni siquiera cuando pasamos por delante de una obra, a las que es un gran aficionado, quiso pararse a contemplar la hormigonera en funcionamiento. Acojonadito iba el muchacho.

Digo, Jacobín, guapo, no te preocupes, si esto es como la guardería pero con uniforme y nuevos amigos. Ya verás que bien. Te va a gustar, eres un chico mayor, vas a aprender muchas cosas, vas a conocer a muchos niños y… y todas esas tonterías que se dicen a los chiquillos para convencerles de que entren sin protestar al redil.

Cuando llegamos al redil, le pegué un empunjocillo y ahí lo dejé, bien posicionado en una fila de niños, algunos llorosos y otros no tanto. Me dió hasta pena y eso que no es hijo mío. Colegio nuevo, hermana tan nueva que todavía ni la ha estrenado…son muchos cambios en unos pocos meses para un cuerpo tan pequeño.

La Esme dice que hago mal en involucrarme sentimentalmente porque en cuanto crezca un poco va a pasar de mí y no va a querer ni verme. Pasan de ti los hijos propios conque los ajenos ya ni te cuento, se pone ella toda profesoril y sabihonda con sus gafas de reciente adquisición.

Puede que tenga razón pero en los sentimientos mandamos poco y yo ya le quiero aunque me dé malos ratos y a veces tenga ganas de entregárselo a su madre vía Seur, bien empaquetao, con lazo y todo si es necesario.

La Esme, mi psicoanalista de pacotilla, dice que estoy sublimando mi deseo de ser madre a través de un niño que ni es mío ni nunca lo será.

Pues a veces me llama mamá, que lo sepas, me defiendo yo.

Peor me lo estás poniendo, su madre es la que es y tú solo eres la sustituta temporal y de una clase social inferior.

Solo le ha faltado decirme que soy de la casta impura, desde que se ha puesto esas gafas se cree que sabe de todo, será mari sentencias…

Precisamente, a la que es, me la he encontrado a la vuelta leyendo el siguiente título: “Educar es fácil si sabes cómo”.

Pues qué bien, ella que se informe del cómo que yo ya me voy poniendo con el quién.