Día: 16 septiembre, 2015

Ese par de tacones

Hay muchos antes y después en la vida. De hecho, la vida está llena de líneas divisorias temporales. Pero a partir de cierto momento, la línea se convierte en surco y tú en la persona que nunca creíste que llegarías a ser.

En tu interior eres la misma, pero el envoltorio, ¡ay, el envoltorio! Y lo peor no empieza por la cara, la face todavía da el pego bastante bien, lo peor, la decadencia, empieza por los pies. Esto lo escribo por alusiones, que ayer se habló por aquí de mis zapatos. De los zapatos de la Esme. Edad y dolencias creo que leí. (Como pille a una que yo me sé, se le van a acabar los bailes)

Me traumatizan mis zapatos, ya te lo digo de entrada y acabamos antes. No son los zapatos que me gustaría calzar, ten en cuenta que yo albergo en mi interior a la diosa Afrodita y, ¿desde cuando esa diosa iba calzada con un zapatón cómodo, de suela que amortigua la pisada?, ¿desde cuando la Afrodita necesita que le amortiguen nada?

Empiezas haciendo esa concesión, a ver, qué remedio, sientes dolores y quieres caminar. Empiezas a decir la frase consolatoria, “lo importante es ir cómoda” y vaya que si vas cómoda pero también has perdido por el camino gran parte de tu atractivo. Ya no resuenan tus pisadas sobre el asfalto con ese repiqueteo sexi que hacía volverse a las masculinas cabezas. De repente ya no te importan las masculinas cabezas, ya te van importando muy poquitas cosas, solo las esenciales.

¿Te crees que eso es bueno y liberador? Por un lado sí pero por otro…ya eres la señora del zapato cómodo. Sólo te falta cortarte el pelo, teñírtelo de rubio, tú que siempre has sido morena de melenón, y apuntarte al Pilates o, peor, al Aquagym a levantar los brazos con un churro de goma y un gorro de baño en la cabeza, porque te duelen todas las articulaciones y te ha dicho el médico que te vendrá bien. Los médicos, esa es otra, ¿pero en qué catálogo de especialistas se ha convertido tu otrora interesante agenda?

Que la gracia empezó por los pies pero va subiendo mientras tú vas bajando y bajas y bajas y no te importa bajar porque, ya lo sabes, que la vida es eso, un descenso sin red final.

Y por la cuesta te entretienes, y te ríes y haces planes y proyectos y disfrutas de la adrenalina de esas bajadas, que riétete tú del rafting o como se llame eso que se hace en los ríos bravos. Para río bravo el trayecto a partir de la línea, que ya no es línea sino socavón.

Pero, oye, que a veces te gustaría sentarte en un banco porque te duelen los pies. Sí, pese al zapato cómodo te duelen los pies, y que la vida dejara de arrollarte por un rato.

Porque ya eres eso, la señora del zapato cómodo, la que pasa de casi todo menos de lo esencial, de eso nunca hay que pasar. Y dicho así suena hasta bonito pero no te lo creas, bonito no es, no, si te habita la diosa Afrodita.

Ese par de tacones, qué nostalgia.