Ese par de tacones

Hay muchos antes y después en la vida. De hecho, la vida está llena de líneas divisorias temporales. Pero a partir de cierto momento, la línea se convierte en surco y tú en la persona que nunca creíste que llegarías a ser.

En tu interior eres la misma, pero el envoltorio, ¡ay, el envoltorio! Y lo peor no empieza por la cara, la face todavía da el pego bastante bien, lo peor, la decadencia, empieza por los pies. Esto lo escribo por alusiones, que ayer se habló por aquí de mis zapatos. De los zapatos de la Esme. Edad y dolencias creo que leí. (Como pille a una que yo me sé, se le van a acabar los bailes)

Me traumatizan mis zapatos, ya te lo digo de entrada y acabamos antes. No son los zapatos que me gustaría calzar, ten en cuenta que yo albergo en mi interior a la diosa Afrodita y, ¿desde cuando esa diosa iba calzada con un zapatón cómodo, de suela que amortigua la pisada?, ¿desde cuando la Afrodita necesita que le amortiguen nada?

Empiezas haciendo esa concesión, a ver, qué remedio, sientes dolores y quieres caminar. Empiezas a decir la frase consolatoria, “lo importante es ir cómoda” y vaya que si vas cómoda pero también has perdido por el camino gran parte de tu atractivo. Ya no resuenan tus pisadas sobre el asfalto con ese repiqueteo sexi que hacía volverse a las masculinas cabezas. De repente ya no te importan las masculinas cabezas, ya te van importando muy poquitas cosas, solo las esenciales.

¿Te crees que eso es bueno y liberador? Por un lado sí pero por otro…ya eres la señora del zapato cómodo. Sólo te falta cortarte el pelo, teñírtelo de rubio, tú que siempre has sido morena de melenón, y apuntarte al Pilates o, peor, al Aquagym a levantar los brazos con un churro de goma y un gorro de baño en la cabeza, porque te duelen todas las articulaciones y te ha dicho el médico que te vendrá bien. Los médicos, esa es otra, ¿pero en qué catálogo de especialistas se ha convertido tu otrora interesante agenda?

Que la gracia empezó por los pies pero va subiendo mientras tú vas bajando y bajas y bajas y no te importa bajar porque, ya lo sabes, que la vida es eso, un descenso sin red final.

Y por la cuesta te entretienes, y te ríes y haces planes y proyectos y disfrutas de la adrenalina de esas bajadas, que riétete tú del rafting o como se llame eso que se hace en los ríos bravos. Para río bravo el trayecto a partir de la línea, que ya no es línea sino socavón.

Pero, oye, que a veces te gustaría sentarte en un banco porque te duelen los pies. Sí, pese al zapato cómodo te duelen los pies, y que la vida dejara de arrollarte por un rato.

Porque ya eres eso, la señora del zapato cómodo, la que pasa de casi todo menos de lo esencial, de eso nunca hay que pasar. Y dicho así suena hasta bonito pero no te lo creas, bonito no es, no, si te habita la diosa Afrodita.

Ese par de tacones, qué nostalgia.

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41 comentarios en “Ese par de tacones

  1. Venga mujer, ¡sursum corda! Al menos que se eleve algo, porque hoy te veo la moral por el suelo. Piensa siempre que es bueno envejecer, porque la otra opción es muchísimo peor 😉
    Además, piensa que el virtuosismo, en cualquier campo, solo se obtiene después de mucho tiempo y tú ahora eres una virtuosa en muchas cosas. ¿Quién sino podría ser escuchanta?, ¿una melenaza morena con tacones? 😉

    1. No creas que estoy de bajón, solo tengo el día de realismo sucio. Pero gracias por los ánimos y por eso de los virtuosismos. Qué virtuosa me has hecho sentirme con zapato cómodo y todo.

  2. ¡Vaya escrito el de hoy!. ¿Cómo unas palabras pueden tener velocidad?. Hoy, al leerte he caminado despacio, he observado despacio y me he parado en ese banco. Tus palabras me han hablado con un volumen más bajo de lo habitual, con tono grave y sereno. He sentido el cansancio en mis pies.
    Pues sabes qué te digo, que yo si veo a la diosa Afrodita que llevas dentro y que es mucho mejor bajar que subir, porque eso quiere decir que tu ya has llegado a la cima y que mientras los demás van, tu ya vienes de allí. Deja, deja que suban, no saben que lo mejor es tirarse por la cuesta abajo.

    1. ¿Me tienes miedo, Sensi? Tranquila que te aprecio mucho y me encantan tus bailes, tus tutoriales y todo lo que escribes tan resalao. Lo digo por lo bien que me has dado la razón. Te diré que me encanta que me den la razón.

      1. Jajajaja, qué cosas se te ocurren. Qué quieres que te diga, me gustan tus escritos. Eres capaz de pasar como un huracán, con energía que lo arrasa todo, o con la velocidad de una señora con zapatos cómodos.

  3. No nos cuentas la parte positiva, el tener dos nuevos amigos ubicados en los pies que nos recuerdan cada poco que ya no eres una niña, hablo de los juanetes, en mi caso D. Juan I el cruel y D. Juan II el doloroso dada su embergadura y su capacidad de generar dolor pero ni ellos han logrado bajarme de los tacones. Y es que la diosa de Marfil (de ébano no puede ser por el color de piel) que llevo dentro no lo permitiría nunca.

  4. peor lo tienen algunos hombres con la edad, que no va la cosa de pies pero los ves y dices anda pobre hombre lleva joroba, y no es la joroba en si es que el pellejo que les cuelga entre las piernas es suficiente para tirarlas hacia atrás y colgarlas de la espalda como de una mochila, y los ves encorvados signo de una pena mú grande.

  5. Lo que cambian un par de zapatos… Nunca he sido de tacón, pero al menos antes lo intentaba. Ahora soy también la sra del zapato cómodo, de la ropa cómoda y estoy pensando en cortarme el pelo… Afrodita no está en mí, definitivamente 😉

  6. Estoy contigo. Yo también me pregunto en muchas ocasiones donde quedó aquella que le gustaba taconear por la vida y que ahora va en silencio con zapato lo más cómodo posible…

  7. Yo antes no me bajaba de los tacones pero confieso que, inexorablemente, empiezo a convertirme en la señora del zapato cómodo. Y, sí, voy más a gusto por la vida pero es cierto que se echa de menos esa sensación de poder que dan los tacones. Besotes!!!

  8. Pues mira que yo también te veo sexi con esos zapatos cómodos. Y es que eso de ser sexi está en la cabeza, mi niña y tú la tienes muy bien “amueblada”.
    ¡Anda déjate caer por la cuesta y disfruta de esa velocidad vertiginosa. Lo que tenías que aprender, ya lo has hecho en gran medida!
    Un abrazo desde unos zapatos cómodos o desde unos tacones… tanto monta.

  9. Pues yo nunca he usado tacones muy altos. Tengo los pies planos y me duelen. Maja, que lo sexy lo lleva una en la sangre y en la cabeza como te dice María… Estas un poquito en baja pero eso se te quita con un buen bañito… Eso también es un remedio boricua. Nunca te sientas vieja ni aunque tengas 100 años. Acuérdate que Afrodita es más vieja que eso y todavía es sexy.

    1. Un bañito en el mar, supongo que te refieres. Ya me gustaría tenerlo cerca, pero me llenaré la bañera un día de estos y le echaré imaginación. Muchos besos, chica simpática.

  10. Pérdidas, arrugas, flacidez, descolgamientos… (y casi todo a apreciar en la mujer, ¿Why, my God?)
    Pero la industria farmacéutica no escatima esfuerzos para vuestro confort.
    Como si la misión de las mujeres fuera gustar a toda costa. Misterios que no logro entender. Y ya, lo de los zapatos de tacón ,,, No sé si no son peores que el cilicio.

      1. Me horrorizan los zapatos de tacón. No puedo entender que haya mujeres que se pongan eso ( iba a decir: y se respeten a sí mismas). Y me parece que casi todas las mujeres son capaces de rebelarse contra el machismo pero muy pocas contra la moda y contra esos dichosos zapatos de tortura. No consigo entenderlo. Pero no quisiera faltar a nadie porque nadie tiene la culpa de mis pocas entendederas.

      2. Pues es raro porque por lo general a los hombres les gustan. Como no los tienen que llevar ellos…Me da rabia cuando en las películas aparecen mujeres de mucho éxito profesional subidas en esas torturas. Y en la vida real.

  11. ¿Qué hacen subidas en eso? Mujeres de éxito, dices, pero, ¿serán también mujeres de talento?
    Por piedad o, tal vez, por querer comprender, me imagino que a muchas mujeres les imponen ese “uniforme” en sus trabajos. Quiero creerlo, Pero, en el fondo, creo que al igual que el machismo es una dictadura, los zapatos de tacón son otra que, incomprensiblemente, muchas mujeres aceptan con entusiasmo. Cuando era joven pensaba que todo eso iba a desaparecer (al igual que los concursos de belleza, las mises y todo eso), que la inmensa mayoría de las mujeres se rebelarían, que se negarían a ser un objeto sexual o decorativo al servicio del varón, que todo eso era un resto del pasado destinado a desaparecer. Pero, como tantas veces en mi vida, me equivoqué. Entre la igualdad que, con toda razón, piden las mujeres y su aceptación de las dictaduras de una moda machista, hay algo que chirría. Por eso no lo entiendo.

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