El jamón universal

A mí que la Poncho gorronee a la Patricia no me parece bien pero allá ellas y sus contratos laborales, pero que se coma mi bocadillo de jamón de media mañana eso ya sí que no. Resulta que yo, nada más llegar cada día a trabajar, lo saco del bolso, le quito el papel de aluminio y lo dejo encima de un plato para que se oree. Son rituales que tiene una. De vez en cuando me acerco hasta la cocina para mirarlo y así me voy motivando hasta que llegan las once y media o doce, hora de zampármelo.

Pues en una de esas visitas a mi bocata me veo a la Poncho muy bien  repantingada en una silla de la cocina, con su taza de té de roiboos en una mano y mi suculencia en la otra. Que le pongo tomate untado y aceite de oliva y lo tuesto un poco para que cruja.

Digo, oye, maja, que eso que vas a morder me pertenece.

Ay, perdona, no lo sabía, es que la creatividad da mucha hambre y estoy pintando un retrato de Patricia embarazada, ¿quieres verlo?

Bueno, le contesto, arrebatándole mi sustento y dándole un bocado antes de que se lo dé ella. No me gusta comer deprisa ni con ansia, por su culpa me estaba estropeando el momento conexión íntima con mi bocata jamón.

Me conduce hasta su habitáculo, eso ya no es una habitación normal, y me muestra un óleo sobre lienzo, creo que se dice así, en el que se ve a una mujer de larga melena mostrando de perfil su tripa prominente y en posición como de adoración y éxtasis hacia la misma.

No es que fuera feo pero, vamos, que lo mismo podría ser la Patricia como cualquier otra embarazada de pelo largo.

¿Te gusta?, me pregunta mirando fijamente el jamón que sobresale del pan.

Sí, mucho, le digo con la boca llena, para los rasgos has usado el difumino, ¿verdad?. Me acordé de un lapizillo blanco que usábamos en el colegio y que servía para eso, para emborronarlo todo si te había salido mal y que no se notara tanto.

Se pone a reírse con esa risa típica suya un tanto descontrolada como de caballo relinchón y a enroscarse un mechón de pelo en un dedo. Ya me he fijado que hace eso mucho, lo del enrosque de mechones varios, será un tic o un toc, y eso ya es peor.

He querido representar a la embarazada universal, a la madre simbólica que auna en un solo ser representativo a todas las mujeres de la tierra. Es un arquetipo, por eso no tiene rasgos propios, se me pone sin apartar los ojos de mi arquetípico bocadillo como si quisiera plasmarlo en otro óleo sobre lienzo.

En estas que ha llegado la Patricia que desde que está la Poncho aquí hace de todo menos escribir. Yo creo que eso, en el fondo, la tiene malhumorada auque no lo admita. Es una mujer muy apegada a sus costumbres y tradiciones.

Eva, te he dicho muchas veces que comas en la cocina, está el pasillo lleno de migas y además solo son las diez, un poco pronto para la pausa, me reprende sin comprender el por qué de mi comportamiento.

A ver cómo le explicaba que me había tenido que defender de una depredadora. He optado por cambiar de conversación y he dicho, otra vez con la boca llena, qué mal rato: el retrato de la madre universal está quedando niquelado.

Pero qué tonterías dices, ¿qué te pasa esta mañana?, mejor vete a la cocina y terminas de comer.

Me encanta, es sublime, suelta luego mirando a la que se cree que es ella y resulta que no.

La Poncho se ha reído pero esta vez por lo bajito, controlando el relincho, y se ha puesto a retorcerse los mechones de pelo con mucha dedicación.

Ahí las he dejado, a la Patricia contemplado su supuesta imagen y a la otra mirando de reojo cómo se alejaba el jamón universal pasillo abajo.

Total, que me ha fastidiado el mejor momento de la mañana y eso, parece que no, pero te tuerce bastante el día, te lo deja muy poco tuyo y de lo más arquetípico.

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29 comentarios en “El jamón universal

  1. Jooder, me cago en la poncho pilatos esa y en su creatividad, qué pasa, ¿limpiar una casa, con parásito humano incluido, no da hambre? Cagontó, que me planto ahí y le enrosco el pelo pero en el cuello…

  2. Pobre Poncho, primero le dejas el jamón a la vista y cuando ya está lista para darle el primer bocado, le quitas el bocadillo. Seguro que se quedó salivando todo el día. De esto ya no se recupera, tendrá pesadillas con jamones voladores que se escapan de sus dedos.
    Que no me da pena, hombre, que le den, pero tu jamón no.

  3. “El retrato de la madre universal está quedando niquelado”
    Es el compendio de este artículo esa brillante afirmación, cheli y precisa. Mucho más precisa que el cuadro.
    Y por un bocata de pernil de las características descritas, por mi parte, podría haber habido hasta sangre.

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