Teoría de patios

El Jacobín ya tiene su primer amigo en el colegio, se llama Peto. Y ahora viene la mala noticia: Peto es una piedra. Le ha puesto él ese nombre no sé si influenciado por tener en casa a una mujer llamada Poncho o por su imaginación infantil. La lleva siempre en el bolsillo del pantalón y se dedica a jugar con ella, no sé muy bien a qué, cuando llega la hora del recreo. En un rincón del patio para acabarlo de fastidiar.

Él y la piedra, los dos solos en un rinconcito para que los otros niños, calificados de brutos por el que hasta ahora ostentaba ese título, no le empujen ni le peguen.

Todo esto me lo ha contado por el camino al colegio con una mano en la mía y la otra aferrada a Peto. Qué pena me ha entrado. Pero bueno, Jacobín, si tú has sido el terror de los parques y jardines, el número uno arrebatando palas y cubos, el destroza toboganes y arranca lazos de los pelos de las niñas para posteriormente comértelos, ¿qué transformación es esa?

Del son brutos no le sacas y de su hermanamiento con la piedra, tampoco. He tenido que ir a contárselo corriendo a la señora de las gafas, la Esme, mi asesora personal en todo tipo de disciplinas.

Esme, que el Jacobín se ha vuelto raro, está tímido y asustadizo, no hace amigos, se queda en un rincón todo el recreo y juega con una piedra llamada Peto.

Buenos días por la mañana, si no te importa, ¿qué tal estás, Esme, cómo has pasado el fin de semana?, digo yo, me dice ella.

Sí, bueno, Esme, date por saludada, es que tengo poco tiempo, ¿qué piensas tú de todo esto?

Pienso, aparte de que algunas están perdiendo la poquita educación que tenían, que te traigas al niño esta tarde al quiosco que le voy a inciar en los rudimentos de la teoría de patios.

Ah, pues muy bien. Y eso, ¿en qué consiste?

En primer lugar tiene que abandonar ese rincón del recreo desde donde pasa desapercibido y ocupar el centro. Una vez ahí, bien posicionado, que haga unos cuantos gestos amenazantes para dejar bien claro quién manda ahí.

Ya, claro, pero es que tiene miedo, objeto yo, por eso se queda en el rincón.

¿Y qué?,miedo tenemos todos, lo importante es que no se note. Que los gestos amenazantes no funcionan, se pasa directamente a la acción repartiendo caña y mandoblazos. No mucha pero sí la suficiente. ¿No me has dicho que lleva una piedra? Pues que escalabre al primero que le tosa.

No sé, Esme, me parece que eso más que teoría es práctica y creo que no te voy a traer al Jacobín para las clases esas que dices, no me parece a mí que la violencia sea la solución. La violencia engendra más violencia y todo eso. Es mejor la paz y la conciliación.

Déjate de tonterías y si quieres la paz, prepárate para la guerra, me suelta toda chulesca. Si sabré yo de patios, calles y callejones. Y ahora,largo, que me espantas a las clientas. Esta tarde a las cinco, que se traiga la piedra.

Antes de eso mejor se lo cuento a su madre a ver si encuentra la solución en uno de esos libros de educantas que está leyendo porque la teoría de patios de la Esme no termina de convencerme.

En el rinconcito y hablando con una piedra, pobre Jacobín, qué pena me da.

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36 comentarios en “Teoría de patios

  1. Pero qué tremenda que es la Esme. No se yo si el chaval va a ser capaz de pasar de un rincón, al centro del cuadrilátero, y encima enseñando dientes o piedra. Supongamos que la teoría de la Esme es buena, tengo curiosidad por saber cómo consigue llevarla a la práctica.
    Estaré pendiente del desenlace.

  2. Pobrecito Jacobín, a medida que leía me venían a la mente los versos de León Felipe… “como tú piedra pequeña, como tú…” No lo lleves a ver a Esme, que tirar piedras es una solución cortoplacista y está muy abajo en la escala evolutiva. Se deben buscar otras salidas, que la violencia no es jamás la solución y no debe justificarse jamás, bajo ningún concepto.

  3. Esto va a ser cosa de la Poncho, que seguro que se lo ha recomendado para conectar con la Pachamama o algo…

    Ahora, lo de repartir pedradas por ahí sin ton ni son tampoco lo veo, la verdad. Tiene que haber un término medio, ¿no?

    Besotes!!!

  4. Da mucha pena verlos tan frágiles y tan solos, y no poder hacer nada más que esperar a que ellos mismos vayan ganando confianza y haciéndose un sitio. Al final siempre lo consiguen, son unos supervivientes. Mientras tanto, ya se buscan ellos entretenimiento y compañía. como Peto.

  5. Jacobín tiene un poco de personalidad desfasada, anteriormente solo seguía a su ancestro primigenio el cual no tiene problemas con ser el destructor de parques y jardines. Con la llegada al colegio, descubre que hay una personalidad de niño bueno de clase alta.
    En el incómodo ambiente del patio de recreo, el ancestro primigenio sabe que la piedra es la solución pero el niño civilizado insiste en hablar y conciliar, el resultado:
    El niño le habla a la piedra.

    1. Me ha encantado tu análisis, muy elaborado y lógico. No sé si tienes razón o no pero está muy bien, se lo voy a exponer a su madre tal cual, no te preocupes que te citaré debidamente, la autoría intelectual es tuya.

  6. Pues a mí, esa teoría de los patios de la Esme, me parece demasiado definitiva y algo brutica. Y si dejan al Jacobín y a Peto en paz? Seguro que con esa inteligencia infantil precoz que tienen los niños de ahora, seguro que resuelve el asunto,
    Aunque… eso de atizarle a la Poncho con Peto, pues como que mola… 😉 😉
    Besetes de lunes.

    1. A mí tampoco termina de convencerme lo de liarse a mandoblazos y pedradas así que espero que el Jacobín encuentre una forma pacífica de integrarse. Y en cuanto a lo de atacar a la Poncho….una pedradita flojita no le vendría nada mal.

  7. ¡Ay, mi Jacobín! Ya te había dicho yo que el que la mamá no lo llevara a la escuela el primer día le iba a hacer daño. Ese nene se siente inseguro, mi Eva. Que tu lo adoras, si. Pero el necesita que su papá y su mamá se aparezcan en ese patio a la hora del recreo para que se sienta seguro. El nene necesita atención. ¿No ven como lo grita? Pobrecito… Me acuerdo cuando era niña y mis papas aparecían en el colegio, así, de sorpresa. ¡Es la cosa más maravillosa del mundo! No sé. ¿No crees que puedas sugerirlo a la madre? No hay nadie que pueda sustituirla, Eva.

    1. Amo al Jacobin y a su piedra, me recuerda a la niña aterrada que fui …hasta que me subieron a un escenario y actue…y se abrieron todas las puertas del cielo para mi
      Suerte con tu piedra Jacobin!!!

      1. Seguro que él también encuentra su propio escenario. Tengo muy abandonados a mis personajes, a veces me da pena pero me puse a escribir otras cosas y ahí se quedaron.
        Gracias, Edda por leer hacia atrás.

  8. Conocí una madre que, en público, recriminaba a su hijo si pegaba a otro. Sin embargo, en privado, le animaba a repartir candela. “Si te pegan, tú pega”, decía la madre.
    Estando con otras madres y sus respectivos vástagos, uno de ellos dio un empujoncito al niño de la mamá asesora privada en violencia. El niño, ante la atónita mirada de su madre y de las demás madres, tiró al otro niño al suelo, le dio de bofetadas y de patadas y, después, mirando a su madre preguntó:
    -¿Mamá, lo he hecho bien o le doy más?

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