Doña Marga descolorida

Pues si que estamos buenos, tía Paca, el Jacobín jugando con una piedra y la doña Marga vestida de señora mayor. Pero si casi ni la reconozco con ese vestido gris atado con un cinturón, ese collarcito de perlas discretas, las medias oscuras y unos zapatos de salón acharolados.

Digo, pero doña Marga, ¿todo eso que lleva son las compras que ha hecho este verano? No es que no vaya elegante, que lo va, y mucho, pero no parece usted, parece cualquiera de las señoras de este edificio.

No me fastidies que me parezco a Consuelito y a Carmencita, me dice nombrando a dos de sus vecinas más añejas, con lo mal que me caen, son más carcas…

Pues un aire sí que se da, me la veo apuntándose a la partidita de las tardes, no me parece mal si lo que quiere es integrarse en el grupo, (estoy un poco obsesionada con la integración y los grupos, lo reconozco), pero me gustaba más con sus ropas de colores y sus trenzas con lazo.

Esta vestimenta tan fea es cosa de mi sobrina, el pelo también, me ha mandado a un peluquero para que, según ella, me adecente. Dice que no puedo ir al hospital a ver a Cecilio con mis pintas habituales. Mira que pelo me ha puesto, si hasta cruje de toda la laca que llevo encima,  no me gusto así, me encuentro extraña pero he cedido para que dejara de marearme.

¿Pero es que don Margarito está el hospital?

Sí, guapa, otra neumonía. Vamos a ir a verlo luego, cuando venga mi sobrina a llevarme. Y ahora vamos a leer algo para distraer la mente de pensamientos funestos. Saca a Emily de la estantería y abre por dónde quieras a ver qué sale. La poesía me gusta leerla así, al azar.

Y esto es lo que ha salido:

«Presentimiento es esa larga sombra

que poco a poco avanza sobre el césped

cuando el sol sus imperios abandona.

Presentimiento es el susurro tenue

que corre entre la hierba temerosa

para decirle que la noche viene».

Ella dice que es muy bonito y que viene muy al caso de cierta situación, pero a mí no me ha gustado nada, qué mal fario de poema.

 

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19 comentarios en “Doña Marga descolorida

  1. A mí me da un poco de mal rollito también. Que vuelva a sus trenzas con lazos, hombre ya. Qué manía con que todos tengamos que ir iguales.

    Ah, y la laca es un invento del demonio. Yo tengo a mis peluqueros amenazados de muerte como algún día les dé por echarme esa porquería que me deja la cabeza como un casco. Besotes!!!

    1. Pues claro que sí, ¡viva la diferencia y la originalidad! Aunque tengas cien años. La laca tampoco me gusta, melena al viento mucho mejor o cuatro pelos al viento, lo que cada uno tenga.

  2. Yo por más que lo intento, no me hago a esto de la poesía. La tengo que leer mil veces para intentar hacerme una idea de lo que pone, y al final concluyo que puede que la esté interpretando mal. Me pasa lo mismo que con el lenguaje jurídico, que necesito un intérprete. Sería más osada leyendo poesía, si todas terminaran con un apartado donde te dieran la solución del enigma. Me gusta lanzarme al vacío con red.

    1. Te veo muy preocupada hoy con la poesía, (he leído otro comentario tuyo en a los pies de la letra) La poesía para mí es lo más parecido a la música, no tiene por qué tener un signficado claro pero sí transmitirte algo. Y dicho esto no sé si es una tontería lo que acabo de explicar. A mí me gusta pero en dosis pequeñas.

      1. Estás en todo. Siempre me ha preocupado la poesía. Cuando leo, intento entender al que escribe, quiero saber qué me quiere decir. La poesía es la manera complicada de decir las cosas y yo soy fiel defensora de la sencillez.

  3. No dejes a la pobre Doña Marga que vaya a visitar a Margarita así al hospital que lo mismo el pobre tiene una recaída. Dile de mi parte que se ponga más juvenil, que se quite los grises, las perlas y la laca y vuelva a su trenza ladeada

    1. Claro, a mí también me va, pero hay poemas que te pueden poner los pelos de punta en determinados momentos. Y para meneos los de su hijo Enrique cuando canta «bailando». Sin desmerecer al padre.

  4. Hasta el poema trae malos presagios y eso que lo tomaste al azar.
    A veces me pregunto si, cuando las personas alcanzan edades tan avanzadas, no desearán todos que se mueran (excepto ellas mismas, claro, o, tal vez, también ellas mismas). Pero, tras escribir esto, me parece que soy un poco bruto.
    A lo mejor estamos preparados para enfrentarnos a todo menos a nosotros mismos cuando ya estamos definitivamente inermes, solos y vencidos. ¿?

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