Día: 24 septiembre, 2015

Las enseñanzas de doña Juana

Dice la Esme que la próxima vez que tenga que ir a visitar moribundos que me calce  un lorazepam. Te lo calzas bien calzado y verás como no te entra la angustia ni la ansiedad ni la diarrea motora, se me pone.

Pero Esme, cómo me voy a tomar la pastilla esa que dices, porque supongo que a eso te refieres cuando hablas de calzamientos, si yo no estoy acostumbrada a tomar nada, puede sentarme mal y, además, que no tengo.

No hace falta que te tomes una entera, so panoli, empiezas por un cuarto y si no necesitas más, mejor, y si sí, subes la dosis. Y la pastilla te la regalo yo y es un favor especial que te hago , bastante me cuesta sacarle la receta a mi médica de familia. Tía más siesa, está empeñada en que todos mis males se curen con deporte. Ya le he dicho que sí, que me he apuntado al spinnig pero que mientras se queda una plaza libre con algo tendré que ir tirando.

Ah, pues qué bien lo del spinnig, sea lo que sea, ¿no Esme?, le digo ingenuamente.

Pero, ¿qué dices?, ¿a ti te parece que me voy a poner a pedalear como una posesa sin moverme del sitio mientras un sádico me azuza al ritmo de una música abominable?, tú estás tonta. Te lo crees todo como mi médica.
Mira, la vida a pelo no siempre se puede aguantar. ¿Para qué está la química? Pues para echarnos una mano en los momentos críticos. Tu hazme caso y sigue mis enseñanzas. Las de doña Juana, añade luego riéndose, ella sabrá de qué.

El caso es que me ha regalado una pastillita blanca muy pequeña. Dice que la lleve en la cartera y que pruebe, que ya veré qué bien enfrento las situaciones con la píldora del todo me importa un pito y qué relax más bueno me está entrando, según su personal prospecto.

No creo que me la tome, aunque llevarla en el bolso me da cierta seguridad por si tengo que contemplar más estertores y me entra el canguelo.

Con mi droga a cuestas he llegado a casa de la Patri donde me he encontrado, nada más entrar, a la Poncho meneando las caderas en mitad del pasillo al ritmo de una musiquita oriental. Clin, clin, clin, resonaban las moneditas del pañuelo- falda que llevaba.

¿Te apuntas a la danza del vientre?, se me pone haciendo un movimiento de molino con los brazos. Le iba a dar una clase a Patricia como método de preparación al parto placentero pero dice que le duele la cabeza.

Me encantaría lo que más, le he respondido muy diplomática, pero tengo que pasar la aspiradora. Oye, será pesada la Doula, por dónde iba yo aspirando, iba ella meneando el pandero y enredándose con el cable. Se ve que necesita público y a falta de algo mejor…

¿Te recuerdo a una diosa hindú? Mi preferida es Laksmhi, mira cómo hago el giro en la esquina, así, y ahora otro para el otro lado, mira, mira, parece fácil pero hay que coordinar cuerpo y mente.

Con tanto clin, clin, clin y tanto esquivar a la diosa Laksmhi de pacotilla  me estaban entrando ganas de seguir las enseñanzas de doña Juana.

Vamos, que a puntito he estado de tomarme la pastilla y no un cuarto, entera, pero no, me he contenido, que mañana tengo que volver al hospital y digo yo que allí me hará más falta. Y, además, me da miedo porque, como dice una de mi pueblo, los medicamentos tienen muchas contradicciones. Pues se parecen a los seres humanos, mira tú qué cosas.