Las enseñanzas de doña Juana

Dice la Esme que la próxima vez que tenga que ir a visitar moribundos que me calce  un lorazepam. Te lo calzas bien calzado y verás como no te entra la angustia ni la ansiedad ni la diarrea motora, se me pone.

Pero Esme, cómo me voy a tomar la pastilla esa que dices, porque supongo que a eso te refieres cuando hablas de calzamientos, si yo no estoy acostumbrada a tomar nada, puede sentarme mal y, además, que no tengo.

No hace falta que te tomes una entera, so panoli, empiezas por un cuarto y si no necesitas más, mejor, y si sí, subes la dosis. Y la pastilla te la regalo yo y es un favor especial que te hago , bastante me cuesta sacarle la receta a mi médica de familia. Tía más siesa, está empeñada en que todos mis males se curen con deporte. Ya le he dicho que sí, que me he apuntado al spinnig pero que mientras se queda una plaza libre con algo tendré que ir tirando.

Ah, pues qué bien lo del spinnig, sea lo que sea, ¿no Esme?, le digo ingenuamente.

Pero, ¿qué dices?, ¿a ti te parece que me voy a poner a pedalear como una posesa sin moverme del sitio mientras un sádico me azuza al ritmo de una música abominable?, tú estás tonta. Te lo crees todo como mi médica.
Mira, la vida a pelo no siempre se puede aguantar. ¿Para qué está la química? Pues para echarnos una mano en los momentos críticos. Tu hazme caso y sigue mis enseñanzas. Las de doña Juana, añade luego riéndose, ella sabrá de qué.

El caso es que me ha regalado una pastillita blanca muy pequeña. Dice que la lleve en la cartera y que pruebe, que ya veré qué bien enfrento las situaciones con la píldora del todo me importa un pito y qué relax más bueno me está entrando, según su personal prospecto.

No creo que me la tome, aunque llevarla en el bolso me da cierta seguridad por si tengo que contemplar más estertores y me entra el canguelo.

Con mi droga a cuestas he llegado a casa de la Patri donde me he encontrado, nada más entrar, a la Poncho meneando las caderas en mitad del pasillo al ritmo de una musiquita oriental. Clin, clin, clin, resonaban las moneditas del pañuelo- falda que llevaba.

¿Te apuntas a la danza del vientre?, se me pone haciendo un movimiento de molino con los brazos. Le iba a dar una clase a Patricia como método de preparación al parto placentero pero dice que le duele la cabeza.

Me encantaría lo que más, le he respondido muy diplomática, pero tengo que pasar la aspiradora. Oye, será pesada la Doula, por dónde iba yo aspirando, iba ella meneando el pandero y enredándose con el cable. Se ve que necesita público y a falta de algo mejor…

¿Te recuerdo a una diosa hindú? Mi preferida es Laksmhi, mira cómo hago el giro en la esquina, así, y ahora otro para el otro lado, mira, mira, parece fácil pero hay que coordinar cuerpo y mente.

Con tanto clin, clin, clin y tanto esquivar a la diosa Laksmhi de pacotilla  me estaban entrando ganas de seguir las enseñanzas de doña Juana.

Vamos, que a puntito he estado de tomarme la pastilla y no un cuarto, entera, pero no, me he contenido, que mañana tengo que volver al hospital y digo yo que allí me hará más falta. Y, además, me da miedo porque, como dice una de mi pueblo, los medicamentos tienen muchas contradicciones. Pues se parecen a los seres humanos, mira tú qué cosas.

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33 comentarios en “Las enseñanzas de doña Juana

  1. Lo mejor es que bajes a la calle, recojas con dos dedos el hollin de un tubo de escape a ser posible de un coche viejo, con el te pintes la cara a lo rambo te vayas al bosque y allí empieces a ver las marcas y las huellas que encuentres y te pongas al acecho, en cuanto veas un conejo, liebre, jabali, serpiente, gallinacea, salta sobre ello y desgarralo con tus uñas, dientes y cuando te veas bañada en su sangre aulla, siiiii aullaaaaaa, auuuuuu auuuuuuuu, veras como tu vida cambia por completo sin tener que llevar la pastilla…

  2. todo es una cuestión de química, por lo que dicen. si no fabricamos nosotros nuestras propias dosis de feniletilamina, dopamina, oxitocina y demás, tenemos que andar buscando chutes fuera… pero al final, tanto pensar, tanto rompernos la cabeza, tantos vaivenes emocionales, subidas, bajadas, euforias y tristezas, calmas y ansiedades, miedos y corajes, y lo que nos pasa es que somos todos unos pobres yonkis…

  3. La Esme tiene cada día más peligro, estoy a empezando a dudar de sus consejos. Espero que no vaya regalando muchas ayudas de esas a sus clientas habladoras, más que todo porque su médica iba a empezar a sospechar por tanta receta. Puede que tomándote un caramelo de menta, sea suficiente, despeja la garganta, la nariz y puede que hasta la mente.

  4. La Esme aparte de escuchanta es camello, mira tú qué cosas… Yo no sé si hubiera podido resistir la tentación de “calzarme” la pastillas con la Poncho persiguiéndome a todas partes con el clin, clin.

    Besotes!!!

  5. Yo que tú guardaría dos cervezas fresquitas en el bolso, que son más sanas y te dan una risa floja que no veas. Lo del lorazepam no lo veo claro…que una cosa lleva a la otra….

  6. Me he reído bastante xD Yo no me tomaría la pastillita en tu lugar. Ya me la recetaron tras un accidente de tráfico para que me ayudase a dormir sin notar dolores en el cuello que impedían encontrar una buena postura en la cama, y no me gustó nada.

    Me tomaba media, y me dejaba super empanado. Incluso tras despertarme, me costaba mucho activarme pues me encontraba embotado, torpe y muy tonto. Y el efecto me duraba entre 12 y 14 horas, una pasada. Pero en cuanto pude dejé de tomármela, que te vuelve un poco vegetal.

  7. Don Juan para elevar la conciencia utilizaba peyote, quizás por ello la Esme se autobautizó doña Juana y recomienda pastillas varias. Me parece que, sin perjuicio de la maestría de don Juan, es más sana la danza del vientre o el yoga, como recomienda Susana.

    Un saludo cariñoso desde Argentina.

  8. ¡Jajaja! Ya te veo viajando con la Lorazepan como Buzz el muñeco de Toy Story, “Al infinito y al más allá.” Mira Eva, en Puerto Rico nos tomamos unas que son un tiro…le llamamos “A mi Plin” y son un éxito. Se trata de que no te importen tanto las cosas. Sé que lo del hospital está difícil, pero tomarte una pastilla sin prescripción médica te puede hacer más mal que bien. Con todo y las enseñanzas de Doña Juana. Untate el cuerpo de vaselina, tómate una “A mi Plin 500” y tranquila mi amiga porque a la Poncho esa hay que orar para soportarla.

      1. Jajaja! Me muero, Eva… Mira, “A mi plin” es un refrán, una boricuada… Eso es “me importa un carajo”… El 500 se lo ponemos de broma también. Así es que bañate con vaselina, para que todo te resbale (no te importe) y te tomas una A mi plin 500 (me importa un carajo) y vives feliz. Nada de químicos amiga. Son muy saludables. Aveces en la vida hay que olvidar y cantar.

  9. También has leído Las Enseñanza de Don Juan (supongo que toda la saga). No podías ser ajena a las historias de chamanes de Carlos Castaneda.
    Lo ves, lo de las pastillas, está traído para que no nos quede más solución que inhibirnos de todo, o sea, ser cobardes a la fuerza, por esa impasibilidad que facilitan ciertos inhibidores.

  10. No es un libro, sino que son varios. Castaneda también se cebó con el anzuelo fácil del dinero y aprovechó la generación de hippies obsesionados por nuevas experiencias. Él mismo dio en hacerse un personaje desconocido y misterioso.

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