Día: 8 octubre, 2015

Alud

Puede pasar que algunas mañanas, al despertar, el mundo se te haya echado encima.

Las puntas de las estrellas clavadas en los ojos, la cordillera cantábrica sobre la pelvis, la lámpara de cristales regalo de tu tía abuela que nunca te gustó encima de la cabeza. Y los cuadros de arte contemporáneo y las ventanas con todo su cielo y las diez acacias de la calle y los adoquines y los cinco pares de zapatos.

Es lógico que creas que de ese alud nunca más vas a salir. Te ahogas y casi lloras de dolor porque el pisapapeles del pez te ha caído en el meñique. Pero pruebas a sacar despacio un pie, agitas los dedos en el aire y con mucho esfuerzo te levantas a hacerte café, el mundo entero aplastándote.

Por el camino se van cayendo las fuentes de porcelana, los jarrones, las rocas ígneas, las magmáticas y hasta las sedimentarias. Después se derrumba el edificio de oficinas y la polea del ascensor. Lo sientes por los vecinos, tanto ruido y sólo son las siete.  Que se fastidien, te dices maligna recordando el tostón de la Zarzamora que llora y llora por los rincones, los niños karatekas y las cuerdas de tender chirriantes de madrugada.

Bah, con el primer sorbo de café descubres que el mundo sólo quería jugar contigo, asustarte un poco, intimidarte como hacía tu hermano mayor cuando te ahogaba con el almohadón. Ahora solo tienes que limpiarte los rasguños, recoger un poco el pasillo y estar alerta por si vuelve a sus pesadas bromas.

( Cuaderno de doña Marga)