Urraca de la rotonda

A la urraca de la rotonda se la llevaron de puente unos amigos. La veían estresada y con un humor que ni que fuera agente de la circulación.

Es por vivir ahí, en mitad del tráfico, la pobre solo oye coches y más coches, bocinazos, sirenas, petardeos de moto, resoplidos de autobús, iban comentando cielo arriba dejando atrás la ciudad.

La urraca de la rotonda muy convencida no estaba, de vez en cuando giraba la cabeza como si quisiera dar la vuelta, era lo que quería en realidad, pero por no parecer antipática y huraña siguió al grupo.

Aquí, este es el árbol, le indicaron con contento señalándole un altísimo álamo. Pero qué desolación era aquella, si no había casas por debajo ni gente corriendo ni semáforos ni tráfico.

Muy bonito, sí señor, dijo ella con el pico pequeño.

Ya verás qué tranquilidad, vas a relajarte de verdad.

¿Relajarse?, pero si ese hotel estaba hasta los topes de pájaros, todos amontonados armaban un jaleo de tres pares de narices tanto al atardecer como al amanecer. Volaban juntos, comían juntos, anidaban juntos, dormían juntos.

No estoy yo hecha para semejante masificación, no hay intimidad y qué angustia ese campo que se extiende debajo, vacío, sin nada que se mueva como no sean ratones apresurados o conejos. Y para colmo no hay papeleras, ¿de dónde sacarán estos mendas la comida?

Qué paz, decían a cada minuto sus amigos mirándola de reojo para espíar su reacción, qué calma, esto es calidad de vida. De comer le ofrecieron insectos y gusanos. Riquísimo, mintió ella tragando con repugnancia. Por la noche un extraño tipo ululador no le dejó pegar ojo.

Calidad de vida, graznó la urraca a la vuelta agitando su cola arriba y abajo con desdén. Con lo feliz que era en plena hora punta subida a la cabeza de piedra del señor marqués observando el atascazo. Con lo que le gustaba su pino esmirriado solo para ella y la comida fácil y sabrosa de las papeleras. Y que el primer ruido de la mañana fuera el camión de la basura y no esa panda de cansinos gorjeantes.

(Cuaderno de doña Marga)

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21 comentarios en “Urraca de la rotonda

      1. No, para nada, siempre es un placer. Y me ha encantado esta fábula de la urraca, solo me queda una duda: ¿los del árbol armaban un jaleo de tres pares de narices o de tres pares de plumones?

  1. Tengo una teoría. La urraca eres tú, te han llevado a un retiro espiritual, has comido verde durante varios días, y has estado a punto de matar al instructor de la clase de cuencos tibetanos. Besos, bella.

  2. Cuando se nos ocurre descubrir un lugsr tranquilo, no lo contéis. Que lo convertimos en negocio en un tris.
    Ay ls cromoterapia, pero ¿desde cuàndo existen los colores? “Complejos de casas rurales” Pues si son complejos….a ver nos hemos comido la sencillez.
    Ls urraca que se vuelva a su àrbol.

    1. Te vas buscando la paz y vuelves con unas ganas de guerra….es broma, es que esta Urraca era muy urbana y amaba su territorio aún con todas sus incomodidades. Y tienes razón, no hay que descubrir los sitios tranquilos porque dejan de serlo casi al instante.

  3. Tampoco se le va a reprochar a la urraca que sea urbanita, no? Yo, algunas veces. pienso como ella. Vas de vacaciones y vuelves estresado de lo más. Y te preguntas, ¿pero qué c… hago yo en este árbol que ni me va ni me viene?
    Besetes, Eva…

  4. La Esme se ha hecho especialista en árboles y Doña Marga en pájaros, harían buena pareja. La tranquilidad a la fuerza, no es nada tranquila. Pobre urraca, obligada a comer comida de pájaros, no hay derecho.😀

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