Día: 18 octubre, 2015

Casa de la hiedra roja

No sé quién vive en la casa de la hiedra roja pero le tengo envidia por tener una casa con un balcón acristalado, un jardín pequeño con una mesa de madera, un arce con dos mirlos, una hiedra tan roja abrazando sus muros pintados de azul.

Si pudiera elegir una casa, la elegiría exactamente así, como la casa de la hiedra roja. Paso por delante y la admiro y me siento feliz por unos instantes imaginando que la llave que llevo en el bolsillo es la de su puerta, que voy a entrar, que es mi casa y me voy asomar al balcón acristalado para mirar desde allí a todos los que pasen por debajo, envidiándome.

Pero luego subo al autobús y la casa se queda atrás, en su sitio,con sus habitantes verdaderos dentro y su hiedra roja fuera. Y yo me voy a la mía que ni tiene hiedra ni jardin ni mesa de madera ni arce ni mirlos ni nada que se le parezca.

Y dentro de mi casa que no se parece en nada a la casa de mis sueños, pero en nada, a menudo soy feliz. Otras infeliz, también me enfado, río, amo y soy amada. Tengo días de dolores y días de salud, días luminosos y días oscuros y pegajosos.

Y supongo que si viviera en la casa de la hiedra roja me ocurrriría lo mismo, por eso me conformo con pasar por delante, admirar su belleza y soñar que la llave que llevo en el bolsillo es la de su puerta.

(Cuaderno de doña Marga)