Día: 26 octubre, 2015

Conversación en un estanque

Antes….empezó a decirle en el estanque el pato viejo al pato joven.

Antes todo esto era campo, tío, como si lo viera, me lo has contado muchas veces.

Bueno sí, eso también pero no era eso lo que quería decirte ahora. Antes, aquí, en este parque, había silencio.

¿Qué?, no te oigo, tío, gritó el pato joven nadando hacia el surtidor del estanque pues tenía previsto darse una ducha matinal.

Que antes, gritó también el pato viejo intentando que las máquinas corta césped,  los tubos aspira hojas y las tijeras eléctricas iguala arbustos no apagaran su voz, que antes en este parque había silencio. La gente venía para escuchar a los pájaros o el murmullo de las hojas de los árboles.

El murmullo de las hojas, dice el notas, qué muermo, ¿no? Y se sacudió la humedad de las plumas con juvenil desdén.

¿Que qué?, preguntó el pato viejo huyendo de las salpicaduras del otro. Entre lo sordo que estaba y el ruido que había, la comunicación era imposible.

Que qué muermo, o sea, coñazo, tío, los ruidos molan. Los domingos ponen a tope esa megafonía para que corran los runners, menuda marcha que meten, resuena por todo el parque, tun, tun, tun, dando caña de la guapa, ahí, ahí.

A mí me estresa, se quejó el pato viejo. Y ahora, además, obras, están asfaltando los caminos de tierra.

Eso es el progreso, tío, no querrás que esto siga siempre igual, la tierra es chunga, polvo en verano y barro en invierno. ¿Y qué era lo que decías que había antes?

Silencio

Y eso, ¿para qué sirve?

Para estar tranquilo, para pensar, para disfrutarlo, simplemente.

¿Chocheas o qué? Se ha demostrado que si no oyes nada te vuelves loco. Bueno, colega, me voy a poner los auriculares, ponte unos tú también, te metes en el teléfono el sonido de las hojas y a los plastas de los pájaros y ya tienes lo que quieres o no te metas nada y te pones el silencio ese.

El pato viejo se colocó unos tapones de silicona, los ruidos le llegaban igual pero algo más armotiguados. Una bandada de grullas sobrevoló el estanque en dirección al sur.

Si fuera más joven me iría con ellas, huiría de aquí, pero ya no estoy para esos vuelos tan largos, pensó melancólico mientras la hoja amarilla de un plátano de sombra le caía silenciosamente en la cabeza.

(Cuaderno de doña Marga)