Mes: octubre 2015

Serpientes, diosas y harturas mutuas

Madre mía qué trajín respiratorio se traen entre la Patricia y su doula, la Poncho. Que si ahora vamos a hacer la respiración de fuego, que si la completa, que si la torácica, que si la abdominal, la de los dos hemisferios, la de la vela y la del carajo de la vela. Esta última es de mi cosecha pero seguro que existe dada la variedad respiratoria que me acabo de enterar que hay.

Pues con todas esas modalidades de aspirar aire y soltarlo se han pasado casi toda la mañana. Para mí que eso no tiene que ser bueno, tanta oxigenación va a volver loca a la Morganina, me la van a poner mala con tanta corriente de aire antes de nacer. Pobre criatura, qué útero más hiperventilado le ha tocado habitar.

Pero en fin, mientras solo respiraban no me he preocupado demasiado, yo a lo mío y ellas a lo suyo. Lo que sí me ha dejado un poco mosca es lo que he oído después. Se pone la Poncho, calma, calma, Pato, no le des tan fuerte que se te puede despertar la diosa Kundalini y todavía no estás preparada, te podría perturbar enormemente.

¡Su padre!, otra diosa y dice que está dormida, pero, ¿dónde?. He tenido que dejar tirado en un rincón el cubo de la fregona para ir a investigar sobre la durmiente esa.

¿Se puede saber qué miras?, me dice la Patricia al verme detenida en la puerta de su cuarto. Se ve que la oxigenación suprema no le arregla el carácter probablemente porque no sea ese el objetivo.

La diosa, digo, qué dónde está durmiendo, voy a empezar a pasar la aspiradora y por no entrar donde esté.

Los relinchos de la Poncho se han oído hasta en mi pueblo. Qué hilaridad, majos, pues tampoco ha sido para tanto la pregunta. Entre carcajada y carcajada hsitérica me ha explicado que la tal diosa es una serpiente que llevamos enroscada en la pelvis y que cuando se desenrosca nos otorga mucho poder pero no puede despertársela así como así porque sería peor el remedio que la enfermedad.

¿Os creéis que he entendido algo de semejante tontería? Pues no. A mí no me gusta lo reptante y mucho menos pensar que tengo una culebra enredando por mis bajos.

Mira, ahí las he dejado y me he vuelto a mis limpiezas.

Qué divertida es, le he oído decir a la Poncho, limpia de pena pero no te aburres.

Tengo que tener una paciencia, se pone la Patricia en plan mártir del servicio doméstico. Porque el niño la quiere mucho que si no…

Pues lo mismo digo, porque yo quiero mucho al niño que si no…aquí iba a estar yo aguantado serpientes.

Ahora vamos a hacer el escáner corporal para relajar las tensiones que hayan podido quedarse albergadas en alguna parte de nuestro cuerpo, le dice la una a la otra. Y se han tumbado como dos papanatas encima de la alfombra. Allá ellas, por ahí todavía no había quitado las pelusas.

Árbol de las vías

Árbol que vives junto a la vías: no te tires al tren.

Es verdad que no has nacido en el mejor de los sitios: creces en pendiente, en un lugar que ni es campo ni es ciudad. A un lado las altas torres, al otro las grandes montañas y tú, en medio, pegado a los vagones abandonados, lienzo de los grafiteros.

Nadie se recuesta en tu tronco torcido, árbol de sombra inútil. Ni los pájaros anidan en tu copa vencida. Arbolucho raro a mitad de camino te preguntas muchos días para qué habrás nacido. Sin bosque, sin jardín, sin paseo, sin vereda, sin árborea finalidad.

Los trenes te despeinan las ramas resecas, árbol sin nombre a punto de despeñarte. No lo hagas, alguien que viajaba aburrido en dirección al trabajo te ha visto y le has gustado.

Ha apreciado la belleza de tus hojas amarilleando, temblando levemente con la brisa de la mañana y esas tres gotas brillantes colgando de una rama como joyas fugaces. Le has resultado original y gracioso, especial y único.

Agita la melena con orgullo, árbol raro, desecha tus pensamientos suicidas: tienes un admirador en el tren de las ocho y cuarto.

(Cuaderno de doña Marga)

Urraca de la rotonda

A la urraca de la rotonda se la llevaron de puente unos amigos. La veían estresada y con un humor que ni que fuera agente de la circulación.

Es por vivir ahí, en mitad del tráfico, la pobre solo oye coches y más coches, bocinazos, sirenas, petardeos de moto, resoplidos de autobús, iban comentando cielo arriba dejando atrás la ciudad.

La urraca de la rotonda muy convencida no estaba, de vez en cuando giraba la cabeza como si quisiera dar la vuelta, era lo que quería en realidad, pero por no parecer antipática y huraña siguió al grupo.

Aquí, este es el árbol, le indicaron con contento señalándole un altísimo álamo. Pero qué desolación era aquella, si no había casas por debajo ni gente corriendo ni semáforos ni tráfico.

Muy bonito, sí señor, dijo ella con el pico pequeño.

Ya verás qué tranquilidad, vas a relajarte de verdad.

¿Relajarse?, pero si ese hotel estaba hasta los topes de pájaros, todos amontonados armaban un jaleo de tres pares de narices tanto al atardecer como al amanecer. Volaban juntos, comían juntos, anidaban juntos, dormían juntos.

No estoy yo hecha para semejante masificación, no hay intimidad y qué angustia ese campo que se extiende debajo, vacío, sin nada que se mueva como no sean ratones apresurados o conejos. Y para colmo no hay papeleras, ¿de dónde sacarán estos mendas la comida?

Qué paz, decían a cada minuto sus amigos mirándola de reojo para espíar su reacción, qué calma, esto es calidad de vida. De comer le ofrecieron insectos y gusanos. Riquísimo, mintió ella tragando con repugnancia. Por la noche un extraño tipo ululador no le dejó pegar ojo.

Calidad de vida, graznó la urraca a la vuelta agitando su cola arriba y abajo con desdén. Con lo feliz que era en plena hora punta subida a la cabeza de piedra del señor marqués observando el atascazo. Con lo que le gustaba su pino esmirriado solo para ella y la comida fácil y sabrosa de las papeleras. Y que el primer ruido de la mañana fuera el camión de la basura y no esa panda de cansinos gorjeantes.

(Cuaderno de doña Marga)

Y tan agusto

Lo que me faltaba, guapitos, me he hecho un esgince en el tobillo, grado dos, tengo una fisura en la muñeca y unos cuantos moratones embellecedores. Quién le mandará al castaño tener las raíces por fuera si de toda la vida las raíces hay que tenerlas por dentro. Y quién me mandará a mí dar vueltas alrededor de un árbol tan mal constituído.

El que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija. Tus narices. Fíate de los refranes aunque creo que no quiere decir eso. Quiere decir más bien que te busques buena gente para convivir. Como Eva, buenísima amiga pese a que me dejara tirada en la sala de urgencias alegando ineludibles compromisos laborales. O como el Hipólito, buenísima pareja que se va este fin de semama a avistar aves y me deja sola, fané y descangallá. Puro tango.

Pero lo del geroteatro sigue en pie, yo puedo caerme y descoyuntarme pero mis proyectos, no. Ellos siempre han ido por libre. Como me esperan unos días de fiesta de lo más entretenidos, (leáse en clave de ironía), gratamente acompañada por mi gero-padre y mis dos adolescentes presente- ausentes pues me voy a dedicar a ir perfilando mis ideas teatrales. Ya he pensado varios títulos, «El amor en los tiempos de la artrosis», «No sin mi cachaba» y otros más que me callo por precaución.

Luego les tengo que meter contenido porque título sin texto debajo es como una caja vacía o como un paquete de regalo sin nada dentro. Chupao, ¿no me escribí una novela total en una tarde? Pues en un fin de semana y,de los largos, me liquido cinco o seis sainetes.

Ah, y al oficio de escuchanta le pueden ir dando, pues para oír penas ajenas estoy yo. Además, tampoco tiene futuro porque ahora la gente cuando quiere echar el rollo, ¿qué hace?, sí, eso que tú ya sabes y que ahora mismo estoy haciendo yo. Lo a gusto que una se queda, hay que ver, y sin hacer daño a nadie. Pues eso, que ya me he desahogado y ahora me voy a tomar la pastilla. Al cuerpo lo que es del cuerpo.

Alud

Puede pasar que algunas mañanas, al despertar, el mundo se te haya echado encima.

Las puntas de las estrellas clavadas en los ojos, la cordillera cantábrica sobre la pelvis, la lámpara de cristales regalo de tu tía abuela que nunca te gustó encima de la cabeza. Y los cuadros de arte contemporáneo y las ventanas con todo su cielo y las diez acacias de la calle y los adoquines y los cinco pares de zapatos.

Es lógico que creas que de ese alud nunca más vas a salir. Te ahogas y casi lloras de dolor porque el pisapapeles del pez te ha caído en el meñique. Pero pruebas a sacar despacio un pie, agitas los dedos en el aire y con mucho esfuerzo te levantas a hacerte café, el mundo entero aplastándote.

Por el camino se van cayendo las fuentes de porcelana, los jarrones, las rocas ígneas, las magmáticas y hasta las sedimentarias. Después se derrumba el edificio de oficinas y la polea del ascensor. Lo sientes por los vecinos, tanto ruido y sólo son las siete.  Que se fastidien, te dices maligna recordando el tostón de la Zarzamora que llora y llora por los rincones, los niños karatekas y las cuerdas de tender chirriantes de madrugada.

Bah, con el primer sorbo de café descubres que el mundo sólo quería jugar contigo, asustarte un poco, intimidarte como hacía tu hermano mayor cuando te ahogaba con el almohadón. Ahora solo tienes que limpiarte los rasguños, recoger un poco el pasillo y estar alerta por si vuelve a sus pesadas bromas.

( Cuaderno de doña Marga)

La gemebunda

La mañana ha empezado rara y ha terminado pues como os voy a contar. Resulta que llego al parque y me encuentro a la Esme dando vueltas al castaño, con los pelos cayéndole de medio lao y una cara de trastorno de aquí te espero.

«Las hojas caen y el suelo se llena de podredumbre, las sombras avanzan acortando el día, sopla el viento gemebundo entre las ramas», oigo que está diciendo. Al otoño, me supongo.

Digo, pero, Esme, ¿qué te pasa, no has desayunado?, te doy bocadillo si es una urgencia vital. Si no, mejor no, que luego a media mañana me entra la pájara.

Pero qué urgencia vital ni que leches, me contesta deteniendo su girar en torno al árbol y quitando de golpe la cara de reposeída. Si no has notado que esto es una actuación, voy bien, mejor que bien, qué verismo tengo, qué capacidad para hacer creíbles mis personajes. Y sin haber ido a ninguna escuela de arte dramático, sin método y sin pamplinas, todo visceral.

Ah, pues sí,sí, te noto muy verista y muy visceralista, pero lo que no sé es con qué objetivo.

Me voy a presentar a un casting, me anuncia metiéndose en el quiosco y poniéndose a pasar las hojas de uns revista, así, como con desgana.

Qué bien, Esme, ¿y cuando?

Cuando encuentre uno en el que busquen mujeres de mi edad, está la cosa turbia, solo quieren jóvenes y no entiendo por qué, si lo que más hay por la calle son personas añosas, no nos engañemos, somos una población envejecida y  digo yo que la gente querrá verse representada, sus problemas, sus cuitas, sus desazones. El geroteatro, me lo acabo de inventar pero creo que puede tener mucho éxito.

Oye, pues sí, pero hazme un sitio dentro del quiosco que está empezando a llover.

No, espera, espera, me dice poniendo otra vez la cara de desquicie y saliendo al exterior de un salto, siéntate en el banco que voy a terminar la obra y tú me haces de espectadora. Al final tienes que levantarte a aplaudir pero, bueno, eso ya lo sabes.

Ya, Esme, pero es que el banco está mojado, le digo.

Qué pejigeras eres, rica, eres la clásica espectadora toca pelotas, pues te quedas de pie, el caso es que me mires y me oigas.  Apaga tu dispositivo electrónico y si quieres comerte un caramelo pélalo antes. Allá voy, atenta.

Y se pone otra vez a rodear el castaño diciendo esas cosas raras de la podredumbre, el ocaso, la desolación, todo así de mucha angustia y de mucho dramón.

Esme, le grito, métele un poco de humor que eso a la gente le gusta, reírse y pasarlo bien.

Entonces, creía yo que haciéndome caso, se ha tropezado y se ha pegado un morrón de lo más cómico. Muy bien, Esme, he animado, las caídas inesperadas siempre gustan aunque sean humor del básico.

Ay, ay, ay, se pone ella pasando de nuevo al drama, creo que me he roto algo, llévame a urgencias. Espabila y deja de aplaudir que esto ya no es teatro.

Y a urgencias que nos hemos ido. Por el camino le he dicho, no te preocupes, Esme, que estás muy gemebunda, si hay casting de eso te van a elegir a ti aunque seas la más vieja.

Me ha puesto una cara de odio de lo más verista, es verdad que se le da bien la interpretación, yo sí que la veo actuando, pero la próxima vez que elija un escenario con un suelo menos accidentado, sin piedras ni raíces de arboles con las que tropezar. Y bien iluminado,  al fin y al cabo es geroteatro.

Sin saber ser nada más

Hay tardes de domingo que no saben ser más que tardes de domingo.
Envueltas en su piel dominical exhiben su cielo nublado y sus patios silenciosos, los periódicos del domingo desparramados sobre una mesa con las noticias echándose la siesta.

Y si se despega esa piel despacio para ver qué hay debajo lo que aparece es la piel exacta de otra tarde de domingo con su fútbol y su lavadora dando vueltas y la abuela tomando un poleo menta en la mecedora mientras las nubes pasan lentas, empachadas de domingo.

Hay tardes con incapacidad congénita para la variación y por mucho que se desempaqueten con ilusión esperando encontrar algo distinto debajo, a una capa sucede otra capa impregnada también del más tópico de los domingos.

Y sólo, a lo mejor, si se dice muchas veces su nombre o si se la observa muy de cerca, desmenuzándola, diviendo sus partes, puede que se anime a probar algo distinto, a dejar a un lado su soporífera esencia.

Pero es raro, porque esas tardes de domingo son muy obstinadas y vienen decididas a no salirse de sus marcos, firmes y bien delineadas sólo saben ser lo que son. No juegan, no se escurren, no se transforman. Tampoco hay que culparlas, es su naturaleza, no saben ni quieren ser nada más que tardes de domingo.

(Cuaderno de doña Marga)

Alejamientos

A media mañana, cosa rara, va y me llama el Toni.

Que ya es uno de octubre, Eva, me dice como sin fuera el calendario hablante.

Bueno, ¿y qué, me llamas solo para decirme la fecha de hoy?

No, te llamo para recordarte que el tiempo pasa y tú no decides.

Sí que decido, he decidido seguir sin decidir un poco más.

Que si me creo ingeniosa, se pone.

Digo, mira Toni, no me marees en estos momentos que bastante tengo con aguantar a la Pato y la Poncho en esta casa y luego con atreverme a entrar en el cuarto de la muerte en la otra y encima esta mañana Lon ha tirado toda la leche del desayuno y por recogerla se nos ha hecho tarde al niño, a mí y a las piedras.

Dice que estoy faltal, que no entiende nada de lo que le digo, que desvarío y que se nota que necesito un descanso y un cambio de aires. De lo que deduzco que ya no lee el blog porque si lo leyera sabría a qué me refiero.

Ya no me lees, Toni, le digo con resquemor. Aunque la verdad es que cuando me leía también me fastidiaba, muy coherente tampoco soy.

Si no tengo tiempo, hija, no paro con esto de la huerta.Te tienes que venir, aquí hay trabajo para los dos. ¿Cuándo vienes?

Que no lo sé, Toni, no me presiones.

Te vas a perder el otoño en el campo, es tu estación preferida, me dice tentándome, pero tentándome mal porque al que le gusta el otoño es a él.

Pero si a mí lo que me gusta es la primavera, Toni, majo, que cada día me conoces menos. Y te tengo que colgar que viene la Patricia por el pasillo. Adiós.

Era mentira, la Patricia lleva días recluída en su cuarto de la creación, para mí que huyendo de los talleres doúlicos de su amiga íntima de la infancia. Y ya que pensaba en amigas íntimas, se me ha ocurrido llamar a la Esme para contarle lo del Toni.

Esme, soy yo.

Si me llamas para comentar lo de que han encontrado agua en Marte, te diré que me da igual y que, además, ya lo sabía.

Pues mira con lo que me sale ls otra, con el agua de Marte. Qué visionaria eres, Esmeralda, te adelantas a la ciencia y todo.

Pero si es pura lógica, ¿no estamos todos hechos de lo mismo, con los mismos materiales básicos como si dijéramos? Estrellas y humanos, piedras y galaxias, perros y montañas, todos igualitos. Pues si hay agua aquí, lógico que la haya allí.

Es un razonamiento un poco raro ese tuyo, Esme y, además, lo que quería decirte es que me ha llamado el Toni. Qué raro, ¿verdad? Él nunca me llama por las mañanas.

Y pensar que el Toni está hecho de lo mismo que yo…qué grima. A lo mejor no estamos todos hechos de lo mismo y me estoy equivocando. En ese caso, sí que me sorprende que se haya encontrado agua en Marte. ¡En Marte¡, estoy que no vivo. Me emociono, me emociono.

A veces tengo la sensación de que mis seres más próximos no me entienden o es que ya no son tan próximos porque si el Universo se expande y los planetas se separan y cada vez hay más espacio vacío entre unos y otros, puede ser que a las personas les ocurra lo mismo. Por razonar al esmeraldiano modo.

Creo que me estoy liando, esa llamada atípica me ha descentrado. De momento me voy a comer el bocadillo y luego, pues ya veremos.