Día: 3 noviembre, 2015

De camino.

Ayer por la tarde me llamó la Patricia para pedirme que me quedara a dormir en su casa porque se iban al hospital. Cuando llegué había mucho nerviosismo y la Patri tenía la cara descompuesta. Salieron los tres pitando, el Husband, la Pato  y la Poncho detrás dando indicaciones respiratorias más bien al  vacío porque la destinataria bastante tenía con lo suyo y no estaba para hacer el fuelle.

Entre indicación e indicación no perdía la ocasión de hacerle ojitos al apuesto del Husband. Pues vaya amiga íntima de la infancia que aprovecha el parto de la otra para ligar con el marido. Igual la culpa es del Pelayo que sonríe hasta a las puertas. Y claro, si un varón tan apolíneo te dirige esos dientes destellantes al tiempo que mueve con ligereza su rubio flequillo pues una poco avisada puede interpretar mal las señales. No sabe ella que esa es su forma habitual de estar en el mundo.

Total que nos dejaron solos al Jacobín y a mí y aunque esto ya ha pasado muchas veces porque cuando salen por la noche les hago de canguro, se ve que el niño se olió algo fuera de lo normal porque se puso muy nervioso. Cada cinco minutos me preguntaba por sus padres, que dónde estaban, que cuándo venían, que quería que vinieran ya y como mis explicaciones de que se habían ido a buscar a la hermanita y que a la vuelta le iban a traer un regalo no le convencieron, emepezó a llorar y a pegar patadas a las puertas.

Madre mía, qué mal rato. Para entretenerle me tuve que tirar al suelo a hacer la dinosuria. Yo rugía y daba zarapazos y él me respondía con el mismo leit motiv. De esta jurásica manera nos pasamos hasta la hora de la cena. Hoy me duele todo el cuerpo porque no estoy acostumbrada a tanta gimnasia rítmica. En la cena retomó las preguntas sobre sus padres, tiró a las tres piedras dentro del puré según él para que se bañaran en la piscina y vomitó el yogur. Pues sí que…

Esta mañana, después de una nochecita de patadas y manotazos, hemos tenido que dormir en la misma cama, y de un nutritivo desayuno a base de chocolate y caramelos,  le he dejado en el colegio ya más tranquilo y me he vuelto a mis quehaceres. Todavía no me han dado ninguna noticia. Supongo que la Morganina habrá nacido ya, no creo que se haya perdido por el camino. Hay cosas que todavía pueden hacerse sin gps ni descarga de aplicaciones.