Mejor el verano

La profesora les ha mandado hacer un trabajo sobre el otoño, siempre está mandando y mandando. A Ágata el otoño le importa un pito, ella lo único que quiere es merendar viendo los dibujos y jugar después con Nicolai, el gato.

No quiere pegar hojas en un papel, hojas sucias y secas del suelo, y ponerles debajo el nombre del árbol al que pertenecen porque no lo sabe y su madre no se lo dice porque no tiene tiempo o porque tampoco lo sabe.

Después de pegar las hojas y poner debajo, simplemente, “hojas de árbol”, viene otro problema: tiene que escribir un texto en el que explique por qué le gusta el otoño. Ágata se sienta, chupa el lápiz, mordisquea la goma que tiene en la punta y le arranca un trozo, lo escupe, lo pisa con el pie, mira por la ventana, ve una mariposa amarilla y a Nicolai chupándose una pata. El otoño no le gusta especialmente, prefiere el verano porque se baña en el mar y no tiene que pegar nada que lo represente en un folio ni dar explicaciones por escrito.

Ágata se está enfadando porque no se le ocurre nada y porque de las tres hojas arrugadas y secas que ha pegado, dos ya se han despegado y ahora están en el suelo junto al trozo de goma chupada y pisada. Pisa también las hojas, rabiosa, y crujen. Ese crujido si le está gustando, pisa un rato más hasta que las hojas son polvillo, se quedan silenciosas y se acaba la diversión. Pero ahora ya sabe qué contar.

Escribe en el folio apretando mucho el lápiz, tanto que el papel casi se rompe: el otoño me gusta porque cruje. Mejor el verano, añade luego porque le parece que le ha quedado un poco corto y a la profesora le gusta más largo.

Ya está, se puede levantar, pasa toda la tarde jugando, confiada y feliz.  No entiende por qué, al día siguiente, la profesora le pone una M de mal, grande y roja, como una ofensa, tapándole la única hoja que había conseguido pegar. La arranca y la pisa.

Cruje, cruje, cruje bajo sus zapatos sucios de polvo y barro que le hacen daño en la punta. Hasta que, pulverizada, se calla, como las otras.

( Cuaderno de doña Marga)

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44 comentarios en “Mejor el verano

  1. Los niños no suelen tener la culpa de las cosas, son los mayores casi siempre los culpables. Porque a ver, ¿qué es lo que está haciendo su madre de tan importante como para no echarle un cable a chiquilla? Y su padre, ¿dónde anda su padre? Porque seguro que si alguien tan cariñoso como tú lo eres con Jacobín o lo intentas con la Morganina la cogiera de la mano y la llevara al parque, cerca del quiosco de la Esme, seguro que vería el otoño con otros ojos, ¡pobrecita! Y encima, la borde de la profesora no intenta motivarla… ¡¡Mayores!! 😦

      1. 🙂 Pobrecita Ágata, tan llena de vida y que nadie se dé cuenta. ¡Qué desperdicio! Seguro que en su casa andan todos con el móvil en la mano mirando fotos de Ágata, pero a ella ni la ven.

  2. En las fichas de lectura del cole les piden que escriban su opinión sobre el libro. Miguel siempre empieza por “el libro me ha gustado por” pero sin embargo ningún libro le gusta. Yo le pregunto que por qué no escribe “el libro me ha aburrido por…” y me dice que eso no lo puede poner. Él ya sabe qué opinión se espera que tenga, escribe lo que quieren leer, y se deja al margen.

    1. A lo mejor si un día se atreve a disentir triunfa, pero lo lógico es que siga la cuerda porque hay unas normas no escritas y los niños ya saben que para evitarse líos es mejor no salirse de ellas.

  3. Cuantas Ágatas se marchitan en manos de ranci@s profesores/as. Si yo fuera uno, la sentaría en mi colo para escuchar su descripción del otoño y seguro que encontrábamos cosas tan preciosas como el merendar viendo los dibujos y jugar con Nicolai, o casi…

  4. En el cole de mis peques los suelen llevar al parque a ver los colores del otoño, a pisar y tirar hojas por el aire… Eso les encanta… Y si eso no les encantara no estaría mal poner que no te gusta el otoño. Yo estoy de acuerdo con MartesdeCuento, ¿qué ha hecho la niña de mal? Ha pisado las hojas y ha experimentado algo que sí le ha gustado del otoño. A lo mejor los que han hecho mal han sido los papás de la criatura que no le han explicado y la profesora que ni siquiera se ha interesado por saber por qué dice que cruje el otoño. Fantástico relato, Eva 🙂

  5. pero que quiere la profe? Qué le diga por qué le gusta el otoño a la niña o qué le escriba lo que a ella le gustaría leer sobre el otoño??’ Ay….que manía de controlar a los niños. Ya le gustará el otoño, o no….Educar no es esperar un objetivo ya definido, sino dar la mano para guiar, escuchar……
    Lo que tiene que hacer esa profe es sacar a los niños a pasear, que cojan hojas y se las tiren por encima, que recojan castañas, que huelan, escuchen, pisoteen, que abracen a los árboles que se están quedando desnudos. Después, si quiere que les pregunte sobre el otoño.

  6. Me siento totalmente identificada con Ágata; es como si me pidieran pegar cromos de jugadores y que explicase por qué me gusta el fútbol, haría lo mismo que Ágata, pisotearlos para poder decir “porque cruje, mejor el otoño”

  7. Hoy justo me estaba acordando de los trabajos de otoño del colegio y te voy a decir por qué. -No hace falta-. Lo se, pero allá voy. Cuando no tenía perro no era consciente de que a los perros les encanta hacer pis en todos los montones de hojas, ahora lo se. De esos montones recogíamos las hojas para los trabajos de otoño. Hacíamos trabajos con hojas piseadas. Imagino que eso también forma parte de la naturaleza, por buscarle algo positivo. Creo que todavía guardo algún trabajo de esos.

  8. A mi también me gusta el verano. Puedo ir a la piscina y nadar. Pero la chica tiene que hacer sus asignaciones. Y los padres deben sentarse con ella a ayudarla. Los maestros dan las asignaciones para cumplir con un currículo. Pero al final, quien es responsable de que los chiquillos hagan el trabajo en la casa, son los padres. Ese es un momento para que los padres y los hijos hagan “bonding”. Todas las cosas tienen una razón de ser. Pobre chiquilla…

  9. Cuántas veces hemos crujido nosotros de niños haciendo deberes que no comprendíamos para maestros que tampoco nos comprendían a nosotros. Crujir de dientes por todos lados.

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