Día: 26 noviembre, 2015

Habitación con vistas

Tengo la  suerte de tener una habitación con vistas, así, cuando me despierto, voy corriendo hasta la ventana, la abro, me asomo y compruebo que el mundo sigue como lo dejamos ayer.

Intactas las dos bayetas que la del tercero sujeta con sendas pinzas: una rosa y otra amarilla. Intacta la cortina de flores del segundo, ninguna flor se ha movido ni se ha ajado durante la noche. Ahí están los tubos de las calderas expulsando su humillo blanco y la colada de Asun, con esa bata de leopardo al lado de los pantalones diminutos de sus niños.

El desconchón no se ha movido, tal vez esté un poco más grande que ayer pero si es así no lo noto. Ni la botella de amoniaco en la ventana del baño del segundo ni el del segundo en pijama mojando con parsimonia galletas en el café. Ni los geranios colocados en macetas verdes en la ventana de Nuria ni la taza del váter del piso deshabitado transparentándose a través del cristal. Ni el charco que siempre hay al fondo, en el suelo, aunque lleve un mes sin llover, estriado por las cuerdas de tender que se reflejan en él.

Ni la tos de la niña del bajo ni los gritos de Eugenita, la pirada, llamando idiota a su marido, el idiota, ni esa radio irancunda siempre encendida ni la guitarra eléctrica de ese chaval atascándose a mitad de un tema, siempre del mismo y en la misma mitad, ni las risas del piso de los estudiantes que nunca estudian ni el maullido del gato que parece el llanto de un niño ni el llanto del niño que parece el maullido del gato ni los tres ladridos del perro metódico, silencio,  otros tres ladridos, silencio, otros tres más.

Todo está ahí, como cada mañana, tal vez con alguna ligera variación de ritmo o intensidades, con algún pequeño desplazamiento apenas perceptible. Y el cielo por encima cubriéndonos a todos. Ya puedo irme tranquila a desayunar. La suerte de tener una habitación con vistas.

( Cuaderno de doña Marga)