Mes: noviembre 2015

Algo que idear

Pues sí que…yo que quería jugar a los muñecos con la Morganina y no me dejan. Cuando está el Jacobín no me puedo ni aproximar porque le sale el Otelo que lleva dentro y, armado con su nuevo camión hormigonera con forma de dinosaurio, se lo han comprado sus padres pero le han dicho que es un regalo de la hermana, me amenaza horriblemente. Después se vuelve a poner el chupete, que ya habia abandonado hace tiempo, y succiona con desesperación.

Pero tampoco me puedo acercar a la niña cuando el Jacobín se marcha al colegio. La Poncho no ha vuelto del hospital, se ve que  el parto no fue orgásmico y la Patricia le ha dado boleto pero, en su lugar, hay otra. Una especie de enfermera de los niños y de las madres recién paridas que se encarga de hacer todo el trabajo sucio que un bebé requiere: cambia los pañales, saca gases, cura ombligo y consuela sus lloros. Cuando le toca mamar, deposita a la Morganina en la teta y luego se la vuelve a llevar. La Patricia le llama la Salus. Es una mujer muy estricta que se toma muy en serio sus funciones y que no permite que me acerque porque dice que altero los ritmos y las pautas, qué cosas, y que tiene que dejar a la bebé educada antes de irse.

Le he preguntado si también educa adolescentes, por si la Esme quiere contratar sus servicios, y que cuando se va, por saber en qué momento voy a tener el campo libre, pero me ha mirado mal y no me ha contestado nada.  Es muy antipática y muy ordeno y mando.

Total, que mi gozo en un pozo. Cada día me aburre más fregar, estoy pensando en cambiar de profesión pero no se me ocurre ninguna. Reponedora de supermercado ya he sido y tampoco me volvía loca estar colocando productos por los estantes, no llegué a aburrirme del todo porque me echaron antes pero estuve a puntito. Igual si me pongo a estudiar algo a distancia pero, ¿el qué? La Esme dice que ella es muy partidaria de la formación continua y que  también se va a matricular en algo siempre que sea gratis.

Matricular, no me acaba de convencer la palabra, me suena a alguien masticando algo duro. Pero tampoco voy a tomar mis decicisones basándome en tonterías. O sí. Algo nos tenemos que inventar, si nosotras siempre hemos sido muy de inventos. Bueno, sobre todo la Esme. Pero igual me ha llegado el momento de ser yo la que idee.  Sí, ya lo he decidido, tengo que idear pero,  de momento, y mientras mi mente trabaja, voy a ver qué hace la Morganina.

Ahí sigue la Salus custodiando la puerta de entrada del Palacio del bebé, qué rabia, se pasa la mañana y todavía no la he visto ni una vez.

La Morganina

Como dicen las señoras de mi pueblo cuando ven algo que les gusta mucho a la par que les da emoción: oyoyoyoy la Morganina. No he visto nada tan precioso en todos los días de mi vida. Ni siquiera mi sobrina que también es de mucho oyoyoy la supera en perfección neo nata. Es que no puedo dejar de mirarla y como no dejo de mirarla pues no hago nada más. Es como mirar al fuego o a las estrellas o al mar, algo muy básico y primigenio donde piensas que hay algún misterio escondido, misterio que se va a desentrañar si insistes en la observación, aunque luego no sea así. Algo muy relajante y absorbente y atractivo que requiere toda mi atención.

A causa de esta concentración suma en los encantos morganínicos ya he sido reprendida unas cuantas veces, qué pesadez, así no hay quién bucee en los misterios de la vida, he vuelto a regañadientes a la lejía y a la bayeta que no son nada misteriosas ni relajantes. Por el camino le he mandado una foto de la niña a la Esme para que me confirme mi teoría de que pocas veces se habrá visto en este mundo algo tan bello y perfecto. Dice que si, que es muy mona pero que no me deje embaucar por el engaño del bebé. Que la Anais también era monérrima y hay que verla ahora a la jodía, vestida de gótica o de siniestra o de lo que sea que se atavía. No te hago caso, Esmeralda, le he guasapeado, no me gusta que me estropeen mis momentos maravillosos con profecías malignas.

También le he mandado la foto a la Noe, dice que a ella le recuerda un poco, salvando las distancias, al don Margarito. Pero, ¿cómo le va a recordar al don Margarito si no lo ha visto nunca? Esta Noe se flipa. Pues insiste en que me fije bien, que algún rasgo suyo tiene que tener sí o sí. Mira que odio esa expresión del sí o sí, te conduce a un callejón sin salida. Paso, están las dos fatal. Ahora que no hay nadie por los pasillos voy a volver a la cuna a adorar a la niña que ha nacido ya, como los pastores en el villancico.

Oyoyoyoy, qué bonita es, todo lo tiene perfecto y tan nuevo que da miedo tocarla. Y qué bien huele, como a galletas María. Pero, ¿qué veo?, si tiene al lado de la cabeza a las tres piedras. Petus, Lon y Vuris, fuera de aquí inmediatamente. Este Jacobín….no creo que haya sido con mala intención, querrá integrarla desde el primer día en su vida social.

Dos amigas y un tren

Milagros y Candela se conocieron asomándose al balcón y así, con las vías del tren debajo y los tendederos delante, se hicieron amigas. Entonces eran jóvenes y tenían hijos pequeños. Ahora ya son viejas y viven solas pero el tren sigue pasando por debajo, hanciendo temblar las figuritas de porcelana de la vitrina de Milagros y la cristalería regalo de boda de Candela.

Cada tarde, a las seis, se asoman para saludarse.

¿Qué tal la pierna, Candela?, le pregunta Milagros.

La otra saca su flaca extremidad por los barrotes, como en el cuento de Hansel y Gretel, y se la muestra.

Mira, le dice enseñádole la piel amoratada.

Huy, madre, qué mala pinta, se compadece Milagros aunque, en realidad, no ve nada.

¿Y tus dolores?, le corresponde después.

Como Milagros no puede exhibirlos a través de los barrotes del balcón, ya le gustaría, se conforma con encogerse de hombros. Ahí siguen, dice sacudiéndose el delantal donde lleva prendida una pinza,

Tú y tus pinzas, le dice su amiga, ¿para qué te la has puesto esta vez?

Era para acordarme de algo que tenía que hacer pero ahora no sé qué. Bueno, ahí se queda, ya me acordaré.

Ya viene, anuncia Candela.

Siempre lo ves antes que yo, es por tu balcón que hace esquina.

El morro del tren asoma, las dos retroceden un poco mientras lo observan pasar con su gentes pequeñitas dentro.

Qué lleno viene hoy, grita Milagros.

Vibran las figuritas de porcelana, estremecidas. Tintinean las copas regalo de boda que nunca se usan, contentas de tener algo que hacer: un poco de ruido, sacudirse el polvo.

Bueno, pues un día más, dice Candela mirando cómo el tren desaparece tragado por el túnel.

Y uno menos, le contesta invariablemente Milagros tocándose la pinza roja prendida del delantal.

(Cuaderno de doña Marga)

De camino.

Ayer por la tarde me llamó la Patricia para pedirme que me quedara a dormir en su casa porque se iban al hospital. Cuando llegué había mucho nerviosismo y la Patri tenía la cara descompuesta. Salieron los tres pitando, el Husband, la Pato  y la Poncho detrás dando indicaciones respiratorias más bien al  vacío porque la destinataria bastante tenía con lo suyo y no estaba para hacer el fuelle.

Entre indicación e indicación no perdía la ocasión de hacerle ojitos al apuesto del Husband. Pues vaya amiga íntima de la infancia que aprovecha el parto de la otra para ligar con el marido. Igual la culpa es del Pelayo que sonríe hasta a las puertas. Y claro, si un varón tan apolíneo te dirige esos dientes destellantes al tiempo que mueve con ligereza su rubio flequillo pues una poco avisada puede interpretar mal las señales. No sabe ella que esa es su forma habitual de estar en el mundo.

Total que nos dejaron solos al Jacobín y a mí y aunque esto ya ha pasado muchas veces porque cuando salen por la noche les hago de canguro, se ve que el niño se olió algo fuera de lo normal porque se puso muy nervioso. Cada cinco minutos me preguntaba por sus padres, que dónde estaban, que cuándo venían, que quería que vinieran ya y como mis explicaciones de que se habían ido a buscar a la hermanita y que a la vuelta le iban a traer un regalo no le convencieron, emepezó a llorar y a pegar patadas a las puertas.

Madre mía, qué mal rato. Para entretenerle me tuve que tirar al suelo a hacer la dinosuria. Yo rugía y daba zarapazos y él me respondía con el mismo leit motiv. De esta jurásica manera nos pasamos hasta la hora de la cena. Hoy me duele todo el cuerpo porque no estoy acostumbrada a tanta gimnasia rítmica. En la cena retomó las preguntas sobre sus padres, tiró a las tres piedras dentro del puré según él para que se bañaran en la piscina y vomitó el yogur. Pues sí que…

Esta mañana, después de una nochecita de patadas y manotazos, hemos tenido que dormir en la misma cama, y de un nutritivo desayuno a base de chocolate y caramelos,  le he dejado en el colegio ya más tranquilo y me he vuelto a mis quehaceres. Todavía no me han dado ninguna noticia. Supongo que la Morganina habrá nacido ya, no creo que se haya perdido por el camino. Hay cosas que todavía pueden hacerse sin gps ni descarga de aplicaciones.

Truco o trato

Ya me iba a poner el pijama de osos porque tenía previsto pasarme el fin de semana en el sofá cuando irrumpe la Noemi toda espídica. Truco o trato, me grita arrojando un montón de trapos y parafernalia halloweenesca sobre la mesa. Mira todo lo que me he traído de la tienda, un gorro de bruja para cada una, una guadaña, pintura roja para hacernos goterones de sangre por la cara, negra para ahumarnos los ojos, una falda de bailarina súper corta, bueno y más cosas.

Madre mía, Noe, ¿pero es que quieres que nos disfracemos de putiferios ambulantes a estas alturas de la vida?, no pensaba salir hoy, estoy cansada, ha sido el entierro del Don Margarito, en casa de la Patricia hay mucho jaleo con los preparativos del nacimiento y me había planeado un sábado casero.

De eso nada, nos vamos a poner tías buenísimas dentro del terror y nos vamos a echar a la calle que es donde están los gentíos. A la Gran vía, venga. Nos la subimos y la bajamos unas cuantas veces con nuestros disfraces, esta noche ligamos con algún muerto viviente, estoy segura.

Como soy muy fácil de convencer me atavié de negro y me casqué el gorro de bruja, la Noemi se maqueó de adefesio terrorífico ultra sexi y nos lanzamos a las rúas madrileñas. La calle estaba tan animada que me dio por acordarme del Toni, es raro pero siempre lo añoro en las situaciones que sé que no le gustan y que le hubieran hecho despotricar. Es un recuerdo, como si dijéramos, negativo pero eso no quiere decir que no le eche de menos. En realidad, no tenía muchas ganas de andar de acá para allá disfrazada de bruja de pacotilla pero por no dejar sola a la Noe pues hice el esfuerzo.

Vamos a pasarnos primero por el quiosco de Esmeralda, que nos regale algo de beber y de paso que nos vea los disfraces, me propone la Noemi que se iba mirando en todos los escaparates y retocándose el maquillaje en uno de cada dos retrovisores.

No es buena idea, Noe, intenté disuadirla, la Esme odia Halloween, lo ha escrito en el blog.

¿Y por qué tiene que odiar la fiesta más divertida y terrorífica del año? Seguro que no la odia tanto y cuando nos vea se va a quedar….la vamos a aterrorizar.

Truco o trato, le suelta la Noe nada más llegar. Las frases sin sentido son su especialidad.

Qué, ¿cómo se te queda el cuerpo, Esmeralda?, va y le dice hincándole en un brazo la guadaña de plástico malurrio.

No sabía que os hubieráis apuntado a Gilipollas sin fronteras, nos salta la Esme contemplando con desdén nuestros disfraces, os advierto que es una ONG que lo que menos necesita es gente, pues no está llena ni nada. De ti, Noe, me lo esperaba pero tú, Eva, ¿quieres quitarte ese gorro de bruja y recobrar la cordura? Me decepcionas.

Si es que vamos a dar un paseo por la Gran Vía, mujer, y por no desentonar, todos van disfrazados igual.

Es la noche de los muertos, uhhhhhh, se pone la Noe a soplarle en la oreja.

Pues que bien, yo más bien diría que es la noche de los chinos porque se están forrando a vender disfraces, deben de estar riéndose desde sus ultratiendas de lo mucho que prosperan gracias a las tonterías occidentales.

¿Quieres que te ponga tela de araña alrededor de la ventana del quiosco? Le daría un aire guay y luego en las esquinas unos vampiritos, llevo cosas en el bolso. Truco o trato, elíge.

Elijo que desaparezcáis de mi vista, llevaos unos refrescos y salid pitando de aquí antes de que me mosquee, es que me pone de los nervios la chorrada de la fiestecita esta. Me enervo con la estupidez humana, no lo puedo remediar.

Selfie en la puerta de Alcalá, me grita la Noe al salir del parque y llegar a tan emblemático lugar. Pon cara de terror máximo pero con morritos. Qué nervios, creo que he visto famosos pero no estoy segura, iban pintorrojeados pero por la manera de moverse creo que sí, que salen en la tele. Vamos, vamos.

Madre mía, qué dolor de pies, peor que el día del Museo y sin ver arte, eso sí, adefesios como nosotras vimos a paladas, es lo que tiene integrarse en las costumbres y tradiciones populares, que te aturullas y te cansas.

Creo que hemos ligado, me dice la Noemi apretándome el brazo porque nos seguían dos esqueletos. Truco o trato. No contestes, me pido al de la derecha que es más alto.

Vale, pues para ti el truco si quieres pero yo del trato voy a pasar. Otra vez me puse a acordarme del Toni, qué rabia.