Día: 8 diciembre, 2015

Fumar y besar

Mariela no era española y era mayor. Mariela tenía un novio y sabía besar con lengua, también sabía fumar. Mariela nos llamaba de usted. Ustedes son unas panolis, muchachas, ustedes tienen que espabilar, la Mariela ya les va a mostrar cómo. Mariela hablaba de sí misma en tercera persona y eso, sumado a sus otras admirables características, era muy impresionante.

Como aula escogió el parquecillo donde algunas tardes íbamos a hablar y a reírnos. Se sentó en un columpio y nosotras debajo, en la arena y empezó la clase teórica. Cuando besen a un muchacho hagan así, nos dijo. Abrió la boca y sacó la lengua. ¿Vieron?, se besa haciendo esto.Y movió la lengua para los lados, hacia arriba y hacia abajo, en círculos. Hicimos lo mismo, no parecía tan difícil pero no podía saberse sin otra boca para probar. De momento, no teníamos ninguna disponible y las que sí lo estaban nos daban asco y eso era un problema porque Mariela acababa de decirnos que hasta que no hubiéramos besado seguiríamos siendo unas panolis.

Tal vez podíamos serlo un poco menos si nos enseñaba a fumar. Sacó del bolso -llevaba bolso y eso era otro rasgo inequívoco de superioridad-  un paquete de tabaco rubio y un mechero y se encendió un pitillo. Expulsó el humo hacia el cielo con gran profesionalidad, dio unas cuantas caladas más, seguidas de elegantes expulsiones, y, tras esa demostración, nos explicó cómo teníamos que tragarnos el humo.

Fumar era más divertido que besar al aire, pese a las toses y a lo malo que sabía. No es que nos gustara especialmente pero si fumábamos tendríamos más bocas disponibles, eso era así, Mariela lo afirmaba. Fumen, chicas, fumen y verán, nos dijo sacudiéndose los pantalones y levantándose para marcharse. Se fue como muy digna maestra lanzándonos la dádiva de dos cigarros  y el columpio se quedó vacío, moviéndose solo.

Nos fumamos otros dos por acelerar el proceso. Esta vez tosimos menos, un poco con el primero y casi nada con el segundo. Nos miramos contentas y empezamos a mover las lenguas en el aire, muy aplicadas, no se nos fuera a olvidar el mecanismo. Teníamos que dejar de ser panolis.

(Cuaderno de doña Marga)