Día: 21 diciembre, 2015

Tres estrellas

Me pongo los zapatos monótonos, el monótono abrigo y salgo a pisar las calles de la ciudad monótona. No es necesario el paraguas, la lluvia se ausentó como se ausentó el viento que agita hojas, papeles, ideas. En la ciudad monótona siempre luce un turbio sol.

Espero en la parada del autobús. Tarda. Espero monótonamente a que llegue con su cargamento de viejos monótonos que circulan de un lado a otro con su pase gratuito. Dentro de ese útero caliente recorro yo también la ciudad de los abrigos monótonos, de los zapatos monótonos, del asfalto monótonamente sucio.

Y mientras me bamboleo, caliente, entre toses y voces, sueño con salir de aquí, sueño con vivir cerca de un parque que no apeste a orines, con abrir la ventana y que me llegue un aroma distinto al del aceite rancio. Encima de una farola un mirlo se desgañita, quiere imponer su voz a la del coro de coches que, muy monótonos, transitan día y noche la ciudad monótona.

La de las colas, la de los apretones, la de la gente que mira hacia abajo, hacia el refugio que le ofrecen sus pantallas, la de los bares siempre llenos con sus televisores encendidos, la de las bolsas de plástico, la de las basuras en las esquinas, la de las monótonas palomas batiendo con grisura el cielo opaco.

Por la noche tres estrellas borrosas llevan años luz lanzando un mensaje de esperanza. Sí, hay algo más allá, algo grande y hermoso, algo que no es monótono ni nunca lo será. Pero los que duermen, duermen y los que no, están demasiado borrachos.

(Cuaderno de DM)