Día: 22 diciembre, 2015

Lo que ha dicho la abuela

Cuando les dan las vacaciones les mandan durante el día a casa de la abuela. A su hermano le da igual porque él siempre lleva una pelota entre los pies y su juego siempre es el mismo. A casa de la abuela no le dejan llevar el balón bueno pero se conforma con una pelota blanda. Se coloca en mitad del pasillo y hace pases, regates, se tira goles a sí mismo, los para cuando hace de portero y no los para cuando hace de otro jugador, grita gol, gol, gooool, suda, salta, corre y retransmite esos partidos iditoas suyos como si fuera un periodista deportivo. Está loco. Ágata pasa mucho de él.

La casa de la abuela es aburrida aunque tiene cosas que le gusta mirar y tocar. Tiene esas muñequitas que se meten una dentro de la otra, dentro de ls otra, dentro de la otra y luego se sacan y se ponen en fila. La pequeña es pequeñísima. Con eso pasa un rato, más bien corto. También tiene encima de la mesa una caja de bombones solo que luego la abres y dentro están las cosas de coser: los dedales, las agujas, los hilos de muchos colores, los botones, tiras de tela, alfileres. Le da rabia el dibujo de los bombones de la tapa si luego dentro no están y por eso hace agujeritos con las agujas, por eso y porque ya se está empezando aburrir.

Merodea por los cuartos, abre todos los cajones, mira la ropa de los armarios, se mete debajo de la cama y se queda muy quieta. Está jugando a estar muerta, es más aburrido todavía que estar viva en casa de la abuela. Le pide a la abuela que le saque los juguetes de cuando era pequeña. La abuela protesta porque se tiene que subir a una escalera y sacarlos de la parte alta del armario y dice que le duele la espalda y que no está ella para esos trotes. Ágata no se lo cree, la espalda no duele porque es dura, solo duelen las cosas blandas, como la tripa.

Juega un rato con los cacharritos viejos de la abuela, finge que hace la comida con un poco de arroz de la cocina. Otra vez se aburre. La abuela está haciendo la comida de verdad y su hermano sigue metiendo goles y parándolos. No grites tanto, le dice de vez en cuando la abuela asomándose al pasillo, me tienes la cabeza loca. Y tú, ¿qué enredas de aquí para allá? No te entretienes con nada. Vete a darle un beso al niño Jesús.

Pues sí que tiene la cabeza loca de verdad, ¿cómo le va a dar un beso a un muñeco y además tan feo?, lleva una corona que pincha y le falta un dedo. Del dedo que le falta le sale un hierro. Está encima de un cojín más feo todavía que él, con espumillón alrededor porque es Navidad.

No sabe qué ha pasado pero se ha caído al suelo solo, si ella casi no lo ha tocado, ahora le falta también un pie y media nariz. Coño con los niños, ha dicho la abuela. La leche que os han dado, a ver si vienen ya vuestros padres, joder, que una no tiene edad. Todo eso ha dicho la abuela y ella no ha sido y su hermano ha metido otro gol. Se vuelve a jugar con las muñecas que se meten una dentro de otra y de otra y de otra. Las va sacando, las pone en fila, la abuela ha dicho coño, leche y joder. Que no tiene edad, qué tontería, si es la persona más vieja que conoce.

(Cuaderno de DM)