Día: 4 enero, 2016

Ni sentada ni de pie

Vamos, no me fastidies, lo que acabo de leer, tienes un mal día, un día de esos ásperos y siesos que no te aguantas ni tú, ¿y se te pasa sentándote en un banco y mirando al tendido? Esto lo tengo que probar porque no me lo creo,  será por bancos en este parque en el que trabajo.

Vamos paso por paso siguiendo sus indicaciones: me siento, eso es fácil, ya estoy sentada. Y me mojo el culo, fácil también porque ha llovido. Bueno, no pongamos pegas nada más empezar.

Segundo paso: miro al cielo y a todos sus ingredientes. Aquí el único ingrediente que veo es un nubarrón bastante feúsco. Pasan nubes. Pues no, pasar no pasan, más bien se quedan fijas sobre mi cabeza y no me parece que alberguen muy buenas intenciones.
Pasan los runners,esos sí, esos pasan siempre y a todas horas, mira que son, todo el día corriendo sin sentido ni razón, pasan los de los patinetes a todo meter, esos también,  pasan las señoras que caminan en grupo intercambiándose recetas, los jubiletas hablando de políticos ladrones, pasa el del arcodeón camino de su esquina para darme la mañanita. Pasan los de los perros con sus perros . Pasan los perros. Pasa el tiempo y no se me pasa la mala leche que traía de casa. O de serie.

Los pájaros vienen a cantarme, no sé yo qué decirte. Aves han venido, sí, pero es un grupo de palomas y no me atrevo a llamar cántico a lo que hacen. Inflan el buche y me picotean los zapatos. Se creen las incautas que les voy a echar comida. Fuera, mugres, que no soy la loca de las palomas. Todavía, que todo se andará.

El viento me monta un espectáculo de hojas sólo para mí, dice ella. Un poco de número sí está organizando pero nada si se compara con el del jardinero del tubo aspirador. Qué ruido y qué polvareda está levantando. No sé qué le habrán hecho las pobres hojas para que se ensañe así. Pero vete a otro rincón con tu máquina del apoteosis, que estoy sentada en el banco de estar triste para ver si me pongo contenta y así no hay quién pueda transmutarse.

El viento me alborota el pelo, eso sí, verídico, menuda cabeza de aquelarre, si lo sé no me paso la plancha esta mañana.  Y la lluvia que también se ha personado para que no falte detalle, lo de llover no pasaba en su banco pero, por lo demás, he seguido casi al pie de la letra las instrucciones de su prospecto.

Me quedo quieta. Quieta estoy. Me quedo helada a consecuencia de tanta quietud. Me levanto, me sacudo, me estiro, me vuelvo por dónde he venido. Yo tampoco tengo jardín. Ni banco.