Día: 10 enero, 2016

Propósitos, despropósitos

Bueno, majos, pues un nuevo año ha comenzado y aquí seguimos, más o menos en las mismas. Eso sí, tenemos propósitos y algún que otro despropósito. La Noe, por ejemplo, que le ha dado con que se va a cambiar el nombre, que ya no se identifica con Noemi y que se quiere llamar de otra manera. Dice ella que la denominación de origen no tiene por qué marcarle a uno de por vida.
Tampoco me parece a mí que un nombre influya tanto en lo que uno haga o deje de hacer con su vida y que se puede dar un giro nuevo a las cosas con el mismo nombre de siempre, pero ella dice que no, que si quieres que algo cambie tienes que empezar a lo bravo, como el río aquel, y que a partir de ahora pasa a llamarse Miranda, que percibe ella, nada más pronunciar todas esas aes que es un nombre con mucha más apertura y posibilidades. Lo que ella quiera pero para mí va a seguir siendo la Noe.

A la Esme también la tengo muy alteradita con el nuevo año y eso que ella decía y no sólo lo decía si no que lo ha escrito aquí, que eso del año nuevo es una tontería meramente artificial, que se trata sólo de un cambio de número y que todo sigue igual. Bueno, un poco es verdad, porque como ella siempre ha sido de emprender y de innovar pues así continúa.
Está buscando cursos de formación gratuitos porque se quiere reciclar profesionalmente y como ser humano, qué altura de miras se gasta. Hasta el momento no ha encontrado nada, ni los talleres de mindfullnes ni la iniciación a la rumba catalana terminan de seducirle. Digo, Esme, sin ánimo de criticar, ¿no será que empiezas muchas cosas y no terminas ninguna? Soy una gourmet del conocimiento, se me pone, y como buena gourmet tendré que hacer catas y catas y más catas. Ah, bueno, visto así…

Mi propósito para este año, aunque ya me lo hice el anterior, es estudiar algo pero sigo sin saber el qué. Dice la Esme y creo que es una venganza por llamarle pica-flor, que si tardo tanto en decidirme el que me va a estudiar a mí va a ser el propio algo. Qué graciosilla es cuando no se trata de sus propias indecisiones.

A veces tengo envidia de la Morganina y de la doña Marga que no tienen que hacerse ningún propósito ni necesitan autoperfeccionarse, la una porque acaba de llegar y está de tregua, que bastante tiene con irse adaptando al medio, y la otra porque con permancer y no dejar que el medio la expulse, ya lo tiene todo hecho.

Y digo yo, tantos propósitos y tantos despropósitos, ¿serán necesarios?