Día: 11 enero, 2016

Patas arriba

No sé si es que he comido muchos manjares acabados en “ón” durante estos festejos, pero hoy me pesaba el cuerpo. Lo que me ha costado sacarlo de la cama, vestirlo y no digamos ya ponerlo a entablar conversación con la autodenominada Miranda. Lo plasta que está con el significado de los nombres y sus seguras implicaciones en nuestras vidas diarias no os lo podéis imaginar. Pero eso otro día porque es largo.

He arrastrado  mi cuerpo hasta el metro y al llegar a casa de la Patricia que también parecía que iba arrastrando el suyo por el pasillo, los estragos navideños no distinguen de clases sociales por lo que veo, ¿con quién me he encontrado toda radiante y exultante? Lo digo ya dejándome la intriga para otra ocasión: con la Poncho en persona.

Resulta que acaba de volver de un viaje a la India, zona norte, para mayor precisión, y se lo estaba relantando en plan callejera viajera a su desnutrido auditorio: a la Patri con cara de recién resucitada y a la Salus con cara de máximo alucine. Se ve que la Salus es de estas personas que valoran mucho el movimiento y los desplazamientos y cuando alguien pronuncia, “viaje”, entra en trance. Si a viaje le añades “lejano” ya es que pierde los papeles.

Ay, ay, la India, la India, qué maravilla, se pone alzando los ojos a la lámpara como si hubiera allí un mapa del lugar y necesitara orientarse. Y cuenta, cuenta, ¿cómo es?

Es otro mundo, suelta la Poncho  revolviendo el té y llevándose la cucharilla a la boca con gesto de sabiduría ancestral.

Menuda respuesta tan poco precisa, me hubiera gustado algo más descriptivo, aunque creo que a la Salus le ha bastado o es que no ha dicho nada por no quedar de ignorante.

Sí, claro, dice , es que nos creemos que no hay nada más que Europa, somos egocéntricos pero el mundo, el mundo es muy grande y diverso.

Tampoco hacía falta trasladarse de continente para llegar a esa conclusión. O sí,  yo que sé.

Luego, mientras yo iba quitando adornos navideños, la Poncho ha seguido perorando sobre las experiencias indianas. Dice que ya no es la que era porque un viaje a la India te trastoca, te remueve los cimientos y te deja del revés. Todos, pero todos, deberíamos ir una vez en nuestra vida como poco, ha dicho y a continuación se ha puesto a declamar agarrándose de los collares: mi querida Delhi, cuánto añoro tus olores, tus colores, tus sonidos, tus sabores, tu estallido de vida, tu autenticidad.

Y yo sin saberlo. Y la Salus, por la cara que ponía mordiéndose los labios, tampoco.

Pues sí que…Otra cosa que tengo pendiente para estar completa: el viaje a la India. Iba a llamar a la Esme para que ella también esté al tanto y vayamos ahorrando que yo sola no me atrevo, pero la Morganina se ha puesto a berrear en el mismo estilo del año anterior: muy fuerte.

Atiéndela tú, me ha ordenado mi jefa resurrecta, que nosotras estamos hablando y no te olvides de quitar el árbol, estoy de bolas y espumillón…

Menudo panorama, Morganina, a mí hoy me pesa el cuerpo y a ti, aunque eres muy liviana, algo te tiene que pesar para que llores tanto,  ¿te vienes tú también  a la India conmigo y con la Esme? Mira que nos van a remover de arriba abajo esas personas hindúes, nos van a poner patas arriba y vamos a volver como nuevas. Talmente otras, estoy convencida.