Día: 2 febrero, 2016

Descenso a los infiernos

En el episodio anterior: Eva y doña Marga pasan la tarde en un andén del metro (ya son ganas) viendo a la gente pasar (eso tampoco lo entiendo). Doña Marga se quiere empantallar como todos los demás.

En la entrada de hoy: leéla y lo sabrás, leches.

Si me dieran a elegir un sitio donde pasar la tarde creo que el último lugar donde querría ir es al metro, qué quieres que te diga. Puede que porque  ya desciendo a los infiernos, si se me permite el dramatismo, todos los días hasta cuatro veces. No le veo la gracia a ese lugar, más bien le veo la desgracia.

Que se ve gente, pues claro que se ve gente, es lo único que se ve y eso es, precisamente, lo que hace del metro un lugar desagradable. Y no sólo ves gente aunque no quieras, también la oyes. Por ejemplo, ayer, me enteré en un mismo trayecto de las siguientes informaciones no solicitadas:  a la chica de negro el jefe la explota, ella ya no puede más, hace tantas horas en el trabajo que tiene la nevera vacía y cuando llega a casa no hay ni azúcar ni azúcar ni azúcar (lo dijo tres veces, no es cosa mía).  Al chico del jersey de lana la novia le ha puesto los cuernos con su mejor amigo, (qué novia más tópica), y la señora de enfrente se va de vacaciones a un cámping y espera que no le llueva.

Pues mira qué bien, sabiendo todo esto, me puedo ir tranquila a trabajar. La gente, esa que tanto le gusta ver a doña Marga, no tiene pudor y vocea sus historias a través del móvil como si estuviera en soledad. Luego, para amenizarnos debidamente el trayecto, se subió en el mismo vagón un hombre con una flauta dulce que ni mis hijos la tocaban tan mal y mira que eran poco duchos, y nos deleitó con un engendro chirriante del que todavía me estoy acordando.

Cuando se bajó el del flautín, se subió una mujer a narrar penurias, no quiero parecer desalmada ni desconfiada pero vivir debajo de un puente con diez niños, varios de ellos en silla de ruedas y necesitados de comida especial me parece un historia poco verídica. Diez niños son muchos niños. Aún así, le di dinero, por si fuera cierto, y por qué nos lanzó una especie de amenaza maldición con la que logró intimidarme.

En fin , que un viajecito de lo mas entretenido. Añádele sus aromas humanos primigenios y sus túneles sucios, sus escaleras interminables con toda ese gentío empujándote y tendrás la descripción del infierno en la tierra. Bueno, tal vez se me ha ido un poco la mano pero solo un poco, como a la del puente.

Y para colmo, me han vuelto a robar. Un invento, la cartera todavía no. El invento era una aspiradora de basura espacial que se retroalimenta con la propia basura que aspira y así no necesita combustible ¿A qué es buenísimo? Pues ya existe, esta vez han sido unos chinos, pa matarlos. De la universidad de Tsinghua mismamente, por si  algún día os pasáis por  allí y os queréis vengar en mi nombre.

Y ya está, deseando que vuelva Eva o doña Marga, ¿verdad? Pues no me importa, los visionarios somos así, incomprendidos en el momento presente, pero de nosotros se hablará en los libros de historia. Dadme tiempo.