Descenso a los infiernos

En el episodio anterior: Eva y doña Marga pasan la tarde en un andén del metro (ya son ganas) viendo a la gente pasar (eso tampoco lo entiendo). Doña Marga se quiere empantallar como todos los demás.

En la entrada de hoy: leéla y lo sabrás, leches.

Si me dieran a elegir un sitio donde pasar la tarde creo que el último lugar donde querría ir es al metro, qué quieres que te diga. Puede que porque  ya desciendo a los infiernos, si se me permite el dramatismo, todos los días hasta cuatro veces. No le veo la gracia a ese lugar, más bien le veo la desgracia.

Que se ve gente, pues claro que se ve gente, es lo único que se ve y eso es, precisamente, lo que hace del metro un lugar desagradable. Y no sólo ves gente aunque no quieras, también la oyes. Por ejemplo, ayer, me enteré en un mismo trayecto de las siguientes informaciones no solicitadas:  a la chica de negro el jefe la explota, ella ya no puede más, hace tantas horas en el trabajo que tiene la nevera vacía y cuando llega a casa no hay ni azúcar ni azúcar ni azúcar (lo dijo tres veces, no es cosa mía).  Al chico del jersey de lana la novia le ha puesto los cuernos con su mejor amigo, (qué novia más tópica), y la señora de enfrente se va de vacaciones a un cámping y espera que no le llueva.

Pues mira qué bien, sabiendo todo esto, me puedo ir tranquila a trabajar. La gente, esa que tanto le gusta ver a doña Marga, no tiene pudor y vocea sus historias a través del móvil como si estuviera en soledad. Luego, para amenizarnos debidamente el trayecto, se subió en el mismo vagón un hombre con una flauta dulce que ni mis hijos la tocaban tan mal y mira que eran poco duchos, y nos deleitó con un engendro chirriante del que todavía me estoy acordando.

Cuando se bajó el del flautín, se subió una mujer a narrar penurias, no quiero parecer desalmada ni desconfiada pero vivir debajo de un puente con diez niños, varios de ellos en silla de ruedas y necesitados de comida especial me parece un historia poco verídica. Diez niños son muchos niños. Aún así, le di dinero, por si fuera cierto, y por qué nos lanzó una especie de amenaza maldición con la que logró intimidarme.

En fin , que un viajecito de lo mas entretenido. Añádele sus aromas humanos primigenios y sus túneles sucios, sus escaleras interminables con toda ese gentío empujándote y tendrás la descripción del infierno en la tierra. Bueno, tal vez se me ha ido un poco la mano pero solo un poco, como a la del puente.

Y para colmo, me han vuelto a robar. Un invento, la cartera todavía no. El invento era una aspiradora de basura espacial que se retroalimenta con la propia basura que aspira y así no necesita combustible ¿A qué es buenísimo? Pues ya existe, esta vez han sido unos chinos, pa matarlos. De la universidad de Tsinghua mismamente, por si  algún día os pasáis por  allí y os queréis vengar en mi nombre.

Y ya está, deseando que vuelva Eva o doña Marga, ¿verdad? Pues no me importa, los visionarios somos así, incomprendidos en el momento presente, pero de nosotros se hablará en los libros de historia. Dadme tiempo.

 

 

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55 comentarios en “Descenso a los infiernos

  1. Y dónde quedó el… Previously on…¿?

    Yo tampoco soporto el metro. Menos mal que mi ciudad es pequeña y no tenemos de eso. Con soportar los “aromas” y el gentío del autobús urbano me basta y me sobra :D.

      1. ¿¿Y no me avisaste??
        Bueno, claro, que te acabas de enterar de dónde soy :D.
        La próxima vez dímelo y nos tomamos unas sidrinas, nos comemos un buen cachopo y cotorreamos unas cuantas horas :D. ¿Te parece?

  2. Pues será ignorancia de pueblerina, que si en mi ciudad pusieran metro antes de cerrarse las puertas ya habrías llegado a destino, pero a mí me gusta y tal y como lo describes más. En el mismo viaje has tenido Música en vivo y en directo, la posibilidad de hacer una obra caritativa…..

  3. También es muy entretenido ver a una lavadora dando vueltas mientras lava, mejor dicho ver al bombo de la lavadora dar vueltas…no, casi mejor ver a la lavadora completa.

  4. Sórdida descripción. Hay que dedicarse a inventos productivos, aunque estén inventados dan mucha pasta, por ejemplo, clonar angulas (no se si existe) o billetes (un clásico), estos no se desaniman porque esté inventada la falsificación. La cosa se complica al intentar inventar algo legal.

  5. Para mi no es tanto el lugar como la hora o el mes. Me explico: el metro a hora punta despierta en mi al Hulk que todos llevamos dentro. Y es cierto, yo tampoco lo soportaba. Pero a ciertas horas y en ciertos meses no es tan malo… Encuentras una galeria increible de personajes que dura tres minutos -una parada- en un escenario en movimiento. Hasta que te toca bajarte en una parada: como la vida.
    Por cierto, como siempre, la galería de personajes que describes es genial.

    1. Estoy de acuerdo contigo. A veces es muy divertida la observación humana. Otra cosa es lo que opine la Esme, ella es más de sacar al Hulk. Muy acertada tu comparación entre paradas de metro y vida.

  6. Ni Goya lo hubiera o hubiese pintado mejor y ni siquiera el mismo Eugenio hubiera montado un relato más hilarante. Me lo he pasado bomba, gracias … como lo has visto, es como es, pero tú lo sabes contar de un modo que hasta me parece divertido.
    Feliz noche.

  7. Si ya sabía yo que le iba a parecer una tontá lo del metro…. una pragmática como la Esme no puede disfrutar de tanta cosa fútil. Su mente está hecha para la utilidad, y para el diseño, aunque eso de momento va un poco lento. Pero todo se andará, el día menos pensado nos sorprende patentando un algo súper útil con lo que se va a súper forrar 🙂
    Besos.
    PS. Dile a la Esme que yo tampoco me creo a la de los diez hijos.

  8. No deseo que vuelvan, a mí me ha gustado esta entrada cuyo metáforico título resulta pavorosamente real. Y es que, ¡menuda razón tienes cuando dices que lo peor del metro es precisamente ver y escuchar gente! Y eso que no has hablado de los dichosos niñatos con música en el teléfono, que si no….

  9. ¡Oh, cuánta rabia y cuánto realismo! Siento en mi nariz (tengo un olfato de sabueso) esos aromas humanos que describes. Puaj. Me han dado ganas de bañarme una vez más. El punto en cuestión es lograr que los demás (quienes habitan esos espacios reducidos) también lo hagan. Por lo demás, imposible sentir soledad en medio de ese mundillo.
    Esta entrada es maravillosamente catárquica. La siento como un muro de lamentos, risueño, si cabe.
    Besos.

    1. Ay, Vero, qué bien manejas las letras aunque sólo sea en un comentario. Muro de lamentos risueño es una definición muy acertada. Siento haber agredido tu olfato desde aquí.
      Besos recién duchados.

      1. Cuando leo ‘casos’ (aquí imagíname ajustando las gafas, poniendo semblante serio y consultando un vademecum repleto de nombres extraños y posologías) como el tuyo, digo blogs… siento que se me hace imprescindible (¡urgente!) desarrollar más personalidades. Mi veta risueña no está explotada en mi propio blog. En fin… que el tuyo me resulta muuuuy estimulante y río con ganas cuando te leo. Eso. Beso. 🙂

      2. Jajaja, está bien lo de casos, no lo corrijas. Y, venga, anímate a desdoblarte, es muy divertido. Además tu “caso” tiene el humor en el título.

  10. El Metro es el infierno en todos los sentidos, Esme. Cuando sea rica voy a tener un chófer que me lleve a todas partes y que venga bañadito.

    Vas a tener que empezar a patentar las ideas según te vienen, porque a este paso te las van a robar todas.

    Un besote!!!

  11. 😀 😀 😀 Si este blog me encanta tanto será por puro sentido narcisista, quizás. Hoy, leyendo a Esmeralda, me he sentido como ella. ¡La de veces que habré pensado: “¿Y a mí qué leches me importa tu vida?” 😀 😀 😀 mi solución a todo ello es ponerme mis auriculares, abrir mi libro o leer en la pantalla del móvil y desconectar del mundo… vamos, lo que se diría mirar munditos 😀 😀 😀
    Como siempre, genial la entrada. ¡Qué don para describir la vida! Cualquier vida 🙂

    P.D. Me voy corriendo a las otras entradas, que he estado dos días sin poder leer y no sabes tú el mono que tenía 😉

  12. Jjaja… Esme, la verdad que te pasan cosas. La verdad es que en los transportes públicos se entera una de cada cosa… Que pena que te hayan robado otro invento. Tienes que hacer algo, pronto. Saludos, amiga.

  13. El mundo es un espectáculo que nos invita a participar en él. Y nunca sabemos si lo hacemos bien. Si hay pobres debes ayudarles, si los pobres son los mismos año tras año, te hacen dudar de tu papel. Ellos no pueden abandonar el suyo y te piden que no abandones el tuyo. Y nunca sabes si lo haces bien. Y siempre pienso que a los pobres les asiste todo el derecho a pedir pero no estoy seguro de que las inmensas fortunas tengan algún fundamento, ¿Qué función tiene tener tanto que no puedes disponer de ello?

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