Día: 5 febrero, 2016

El hombre que me da pena

Bastantes días, casi a la misma hora y en el mismo punto de la calle, me cruzo por la acera con un hombre que me da pena. Lleva unos zapatos marrones, de cordones, con láminas de pena pegada en las suelas. Un pantalón gris que se le arruga por detrás de las rodillas, eso se llama hueco poplíteo, donde cabe un montón de pena triturada. Una chaqueta torcida con motitas de pena en las solapas.

Parece buen hombre, un hombre bueno y afligido.  Me gustaría hacerle una sopa con pollo picado pero puede que sea un plato muy penoso y no sólo no le alegre si no que se quiera ahogar en ella. Podría cantarle una canción de esas que incitan al baile, pero canto mal, desafinando mucho, ¿y si en vez de bailar se pone a llorar?

Me da tanta pena la cartera que lleva en la mano, con esos papeles dentro que imagino tristísimos, la propia mano que sujeta el asa, tensa,  el puño de la camisa que asoma por debajo, un poco desgastado,  que tengo que cruzarme de acera y no mirar.

Y justo ayer cuando iba a cruzarme de acera, fue él el que me miró de reojo con toda su pena y cruzó rápidamente al otro lado.

Ahora creo que soy la mujer que da pena.

Yo sí quiero la sopa y una canción para bailar.

(Cuaderno de DM)