Día: 9 febrero, 2016

Plancha, maldita

 

En el capítulo anterior: (la Poncho practica desde un sofá lo que ella llama “el crecimiento interior” porque pretende dar clases de semejante disciplina)

En la entrada de hoy:( la Poncho, otra vez, da su primera clase, el Jacobín no quiere quitarse el disfraz de dinosaurio, los chupetes siguen desapareciendo, Patricia escribe sin cesar, Eva tiene envidia y la bolsa se desploma.)

Resulta que esta mañana nada más llegar a mi puesto de trabajo me encuentro la siguiente escena: el sofá lleno de mujeres con los ojos entrecerrados y en el centro la Poncho dirigiendo el aquelarre o lo que fuera aquello, al Jacobín mirándome desafiante con un disfraz de dinosaurio por encima del uniforme, a la Morganina llorando en brazos de la Salus porque su chupete ha vuelto a perderse y a la Patricia asomando la cabeza, solo la cabeza, desde su cuarto creatorio para darme muy deprisa las órdenes del día.

Llevas al niño al colegio, que se quite el disfraz, por favor, a la vuelta compras el pan y chupetes, tienes ropa para planchar en el armario de la entrada, preparas un puré de verdura, pasas la aspiradora, menos por el salón ,que están en clase. Bueno, lo de siempre. Y la cabeza mandante con su rubia melena ha desaparecido tras la puerta.

En esos momentos he sentido, por primera vez en mi vida, una sensación muy mala, como rasposa en la garganta, que creo que es envidia o faringitis. Sí, porque he querido ser la Patricia, tener un cuarto de creación, encerrarme en él con una melena rubia como la suya, cayéndome en cascada por la espalda, ya puestos, y pasarme toda la mañana escribiendo mis cositas ajena a los problemas mundanos.

Esto de la envidia es como la alergia, de pronto un día te brota un sarpullido al comerte un kiwi, si tú llevabas toda la vida comiendo kiwis y nunca te había pasado nada, ¿por qué ahora? Porque el cuerpo es así, se va sensibilizando poco a poco y un buen día no lo resiste más. Pues esto  es parecido, día tras día de observar la vida de otra y de hacerle de mayordoma sin que me siente mal y hoy me ha dado una mala reacción.

He llevado al Jacobín al colegio vestido de dinosaurio y rugiendo a las farolas porque no he conseguido que se lo quitara y no tenía ganas de conflictos con un niño que padece de lo mismo que yo, ahora entiendo mejor sus sufrires, y he pasado una mañana muy envidiosa sorteando a las mujeres en cuarto creciente y planchando malamente.

Clic, clac, clic, cloc, parecían burlarse de mí las teclas de la Patricia. Hasta creo que las he oído decir: tú nunca nos pulsarás con tanto garbo, so advenediza, escritorzuela de pacotilla. Plancha, maldita, plancha. O plancha, pardilla, algo así creo que me han dicho. Y los mercados acumulan fuertes pérdidas, baja la bolsa, sube la prima de riesgo. Es que para no escuchar el mensaje de las teclas he puesto la radio, en buena hora.

Madre mía, qué cosas.