Plancha, maldita

 

En el capítulo anterior: (la Poncho practica desde un sofá lo que ella llama “el crecimiento interior” porque pretende dar clases de semejante disciplina)

En la entrada de hoy:( la Poncho, otra vez, da su primera clase, el Jacobín no quiere quitarse el disfraz de dinosaurio, los chupetes siguen desapareciendo, Patricia escribe sin cesar, Eva tiene envidia y la bolsa se desploma.)

Resulta que esta mañana nada más llegar a mi puesto de trabajo me encuentro la siguiente escena: el sofá lleno de mujeres con los ojos entrecerrados y en el centro la Poncho dirigiendo el aquelarre o lo que fuera aquello, al Jacobín mirándome desafiante con un disfraz de dinosaurio por encima del uniforme, a la Morganina llorando en brazos de la Salus porque su chupete ha vuelto a perderse y a la Patricia asomando la cabeza, solo la cabeza, desde su cuarto creatorio para darme muy deprisa las órdenes del día.

Llevas al niño al colegio, que se quite el disfraz, por favor, a la vuelta compras el pan y chupetes, tienes ropa para planchar en el armario de la entrada, preparas un puré de verdura, pasas la aspiradora, menos por el salón ,que están en clase. Bueno, lo de siempre. Y la cabeza mandante con su rubia melena ha desaparecido tras la puerta.

En esos momentos he sentido, por primera vez en mi vida, una sensación muy mala, como rasposa en la garganta, que creo que es envidia o faringitis. Sí, porque he querido ser la Patricia, tener un cuarto de creación, encerrarme en él con una melena rubia como la suya, cayéndome en cascada por la espalda, ya puestos, y pasarme toda la mañana escribiendo mis cositas ajena a los problemas mundanos.

Esto de la envidia es como la alergia, de pronto un día te brota un sarpullido al comerte un kiwi, si tú llevabas toda la vida comiendo kiwis y nunca te había pasado nada, ¿por qué ahora? Porque el cuerpo es así, se va sensibilizando poco a poco y un buen día no lo resiste más. Pues esto  es parecido, día tras día de observar la vida de otra y de hacerle de mayordoma sin que me siente mal y hoy me ha dado una mala reacción.

He llevado al Jacobín al colegio vestido de dinosaurio y rugiendo a las farolas porque no he conseguido que se lo quitara y no tenía ganas de conflictos con un niño que padece de lo mismo que yo, ahora entiendo mejor sus sufrires, y he pasado una mañana muy envidiosa sorteando a las mujeres en cuarto creciente y planchando malamente.

Clic, clac, clic, cloc, parecían burlarse de mí las teclas de la Patricia. Hasta creo que las he oído decir: tú nunca nos pulsarás con tanto garbo, so advenediza, escritorzuela de pacotilla. Plancha, maldita, plancha. O plancha, pardilla, algo así creo que me han dicho. Y los mercados acumulan fuertes pérdidas, baja la bolsa, sube la prima de riesgo. Es que para no escuchar el mensaje de las teclas he puesto la radio, en buena hora.

Madre mía, qué cosas.

 

 

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46 comentarios en “Plancha, maldita

  1. Envidia por su cuarto creativo y por sus dotes de mando, por tener a quien mandar. Espero que el sarpullido curse leve y cese pronto, sobre todo que no afecte a tus relatos que tanto nos agradan. Abrazos empáticos

  2. Calma, Evina, calma. Que si sigues por ese camino, te veo protagonizando “Un día de furia II: la rebelión del servicio”.
    Igual te conviene un poco de yoga. Pero no con la Poncho, por Dios, que eso sí que tiene que dar ganas de agarrar una recortada. Quien dice yoga, dice una siesta y un copazo, claro está.

  3. La respuesta la tiene Jacobin, enfrenta la vida con un disfraz de dinosaurio.
    Ponte las escamas verdes y no des explicaciones.
    Con algo de suerte la Patricia y la Poncho comenzarán a ponerse escamas rosas y naranjas. No sabrán porque lo hacen, y las consumirá la envidia.

  4. Yo creo que es faringitis, la envidia suele ser muy destructiva y no me pareces tú de esas… Además que le vas a envidiar tú a la Patricia, ya quisiera ella escribir tan bonito como tú. Y yo, y cualquiera que te lea. Aporrear las teclas es fácil, lo que tú haces es otra cosa. Y encima planchas.
    Un besazo.

  5. Tú ya tienes un cuarto de creación que ya quisiera la Patri. Y mira, no das ninguna orden y nos tienes en fila, a la puerta de casa, más pendiente de lo tuyo que de la bolsa y la puñetera prima, nuestro narcótico.

  6. Ay, Eva, si es que dios da carne a quien no tiene dientes. Con tu talento y con alguien que te planchara, estabas en dos días en la lista de escritores más leídos 😉
    Y lo que sientes no lo llamaría yo envidia, sino reflexión filosófica entorno a las desigualdades sociales generadas por el modelo capitalista, que basa el triunfo en la posición social y deja a un lado talentos naturales como el tuyo… ¡suena mucho mejor! 😀

  7. A mí me da también envidia el “tiempo”. Mírame aquí leyendo tus post desde hace un mes, con lo feliz que yo sería con tiempo y un café para leerte conforme publicas! Un beso grande

    1. Jooo, Marififi, no te leas tantos de golpe o me odiarás. Muchísimas gracias por volver, siento que estés tan falta de tiempo pero, en el fondo, es buena señal. Yo también te debo a ti alguna que otra visita. No te creas que no te echo de menos, me seguías muy bien el rollo.

  8. Eso que tú dices de la envidia, dicen que pasa también con la gente que mansamente acepta las ofensas. Que un día saltan por algo aparentemente nimio y hacen una barbaridad. Es una de las hipótesis que la policía no descarta nunca en la resolución de los crímenes más atroces.

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