Día: 12 febrero, 2016

Desembocadura

Bajando por esa calle en cuesta, al final, detrás del tejado rojo, siempre creo que voy a llegar al mar.

Lo creo más si es un día ventoso con nubes como barcos. O si llueve y me parece percibir un cierto aroma marino.

En realidad también lo creo los días de sol cuando, al pasar junto al colegio, cierro los ojos y oigo los gritos y risas de los niños jugando en el patio como si fueran los sonidos de una playa alborotada.

Lo creo, lo creo y qué contenta bajo apartando edificios con las manos, abriéndome paso hacia el azul. Ya llego, he dejado atrás el tejado rojo, estoy llegando a la desembocadura de la calle río.

Mi mar es la plaza seca con los cuatro bancos, la boca de metro, la frutería Rosa Mari y el chico de la guitarra que canta, siempre canta “no, woman no cry”. Solo esa.

Se me olvida el verdadero porque no es bueno pasar el día buscando lo que no está, pero cuando mañana baje otra vez la calle volveré a pensar que ya llego, que estoy llegando, que me lo voy a encontrar justo detrás del tejado rojo.

( Cuaderno de DM)