Día: 14 febrero, 2016

Lluvia

Me he puesto a llover porque estaba llena de nubes y ya no podía más. Ahora, he dicho, no te contengas. Y sacudiendo los brazos, las piernas y la cabeza, sobre todo la cabeza porque es ahí donde más les gusta anidar, las he soltado. Qué felices han repiqueteado hechas gotas por todos mis cristales, tejados y alféizares. Liberadas.

Sentada en el sofá he estado lloviendo media tarde, escuchando muy atenta la música acuática, conmoviéndome con ella porque para eso lluevo, para emocionarme. Cada uno tiene sus propios motivos. Por un momento he temido no poder parar porque cuando una se pone a llover a veces descontrola y arrecia tanto que se inunda y se anega.

Pero no ha sido así, he llovido primero fiera, mansa después hasta amainar.
Saltando sobre mis propios charcos, he ido hasta la cocina para hacerme un café, mi cuerpo oliendo a carne mojada.

Ahora me siento bien, lavada y brillante como un día nuevo y limpio. Incluso diría que me está saliendo el sol por el lado derecho.

(Cuaderno de DM)