Día: 16 febrero, 2016

De muertes y hora punta

En el anterior episodio: (la Esme, pragmática ella, explica a Eva por qué tener envidia es una tontería que no conduce a nada)

En este mismito: (Eva vuelve al metro con doña Marga, les acompaña el Jacobín. El niño pregunta sobre la muerte, doña Marga sobre la hora punta)

Resulta que Patricia, mi jefa y señora, me ha pedido que me lleve al Jacobín algunas tardes. Dice que le parece muy bien que vayamos a casa de doña Marga o todos juntos de paseo al parque, que al niño le conviene tomar el aire fresco y convivir con otras generaciones. Lo que ella no sabe es que donde hemos ido es al metro. Aire fresco había poco pero generaciones sí, estaban prácticamente todas.

La doña Marga se ha emocionado mucho al ver al Jacobín.
Huy qué ilusión, se pone juntando las manos, ¿viene el niño al metro con nosotras? y qué trajecito tan mono lleva, con esa capucha verde, me encantaría tener uno igual, pregúntale a su madre que dónde se lo ha comprado y que si tienen más tallas.

Pero, doña Marga, le aclaro no sé para qué, si va vestido de dinosaurio, es un disfraz, eso no es una capucha, es la cabeza del bicho, como si dijéramos.

El verde es mi color preferido. Bueno y el azul y el rojo y el naranja, en realidad no podría quedarme sólo con uno, por eso me gusta tanto la naturaleza porque están todos y muy bien mezclados.

Pues podemos ir al parque a ver colores, digo a ver si cuela pero ella es de ideas tirando a fijas.

No, no, no. Quedamos en que volvíamos al metro.

Y allí que hemos vuelto. Por el camino, el Jacobín iba estudiando a la doña Marga con una cara muy seria, como si estuviera muy intrigado por algo y asustado al mismo tiempo.

Nada más sentarnos en el banco del andén, va y le pregunta, ¿te vas a morir?
Menos mal que ella, entre que está un poco sorda y que va a la suya, no se ha percatado de la pregunta.

¿Queda mucho para la hora punta?, me pregunta a mí a su vez.

Se va a morir, vuelve a la carga el Jacobín, se va morir esta tarde, precisa luego, porque está tan vieja, tan vieja… Y se encoge de hombros como diciendo, no tengo yo la culpa.

Eso sí lo ha oído la doña Marga y le ha hecho mucha gracia, tampoco sé muy bien por qué.
Qué rico es, se pone, no sabe que soy bastante inmortal, pero,¿queda mucho para la hora punta?, es que me chifla la hora punta.

¿Se muere ya?, vuelve a la carga el Jacobín. ¿Se muere ese?, pregunta señalando a un hombre más bien provecto que también estaba en el andén. Qué niño, menos mal que ha venido un tren y como todo lo que hace ruido y tiene ruedas le apasiona, se ha distraído de su obsesión fúnebre.

Otro día venimos más tarde, dice la doña Marga, hay gente pero me gusta que haya más, es mejor.

Mejor, mejor no lo tengo yo tan claro, porque la gente es muy maleducada y hasta dejaban de mirar sus pantallas, lo cual ya tiene mérito por nuestra parte, para mirarnos a nosotros y reírse. Pues ni que fuéramos los monos del circo.

Luego, el Jacobín, cuando se ha cansado de estudiar la mecánica de los trenes, ha inventado un juego nuevo, iba señalando a todos los que pasaban por delante de una edad que a él le parecía avanzada y ,casi todos se lo parecían porque cuando tienes tres años el resto del mundo es viejísimo, y decía muy solemne y dando cabezazos: te mueres, te mueres, te mueres.

Van de todos los colores, ¿verdad?, aunque predomina el negro que es justo el único que no me gusta, salta la otra muy atenta a lo para ella esencial.