Día: 18 febrero, 2016

A la luna, ida y vuelta

En la anterior entrada: Eva, doña Marga y el Jacobín pasan la tarde en el metro. Doña Marga se interesa por la hora punta y los colores y Jacobín por la muerte.

En la entrada de hoy: Eva descubre de dónde procede el repentino interés del niño por los temas fúnebres. Por el camino al colegio, Jacobín diserta sobre su nueva obsesión.

¿Te mueres?, me pregunta el Jacobín esta mañana saliendo al pasillo a recibirme. Pues sí que empezamos bien el día, majete, ¿no sería mejor un buenos días normalito? Tranquila, Eva, se pone la Patricia, nos lo está preguntando a todos, es que en clase tenían una cobaya en una jaula y se la encontraron por la mañana, ya sabes, así, me explica ella sin atreverse a pronunciar la palabra fatídica.

Sí, patitiesa, ya lo entiendo.

Pues en la India, salta la Poncho, la muerte se trata con naturalidad y no es un tema tabú como aquí, yo soy partidaria de afrontarla con claridad desde muy pequeños. A ver, Jacobo, la cobaya se ha muerto porque todos nos tenemos que morir algún día. Nacemos, estamos aquí un rato y…

Cállate, Poncho, le suelta la Patricia con cara de que ya no la considera tan su amiga íntima de la infancia. Le estás asustando.

¿Se muere Poncho?, pregunta el Jacobín apretando fuertemente las tres piedras amigas que siempre lleva en el puño o en el bolsillo.

Eso ya no le ha parecido tan natural y tan de afrontar de cara. No, guapito, no, estoy rebosante de vida. Mira, te hago la danza del vientre para que veas. Y se pone como una loca a agitar las caderas.

Todos, todos, estamos todos muy vivos y aquí no se muere nadie. La cobaya mascota de tu clase se murió porque era muy, muy viejecita, por eso. Los demás no somos viejecitos, zanja la Patricia con cara de estar ya harta del tema funerario. Y venga, al colegio que llegáis tarde.

Pero el Jacobín no las tenía todas consigo y por el camino ha seguido indagando sobre la misma cuestión: ¿se muere mamá, se muere papá, se muere Morgana, se muere la abuela, se muere la otra abuela, se muere la farola, se muere la pared, se muere el colegio?

Y yo a todo iba contestando, no, no se muere, respuesta que parecía dejarle bastante tranquilo, como si yo fuera la suma sacerdotisa.

Manchitas sí se ha muerto, me dice encogiendo los hombros.

Sobre la marcha he deducido que Manchitas era la cobaya que en paz descanse.

Pero ahora está en la luna y luego vuelve. Se queda un rato allí, mirando y vuelve mañana o luego, me suelta riéndose mucho.

Sí, claro, eso es precisamente. Te vas, te das una vuelta lunar y si tienes ganas, regresas. Qué bonita tiene que ser la luna y qué acogedora que a nadie le da por volver, he pensado pero, claro, eso no se lo he dicho.

Que le explique la Poncho las verdades verdaderas o su madre una media verdad edulcorada. Yo no me veo capaz, además, que lo del viaje de ida y vuelta a la luna, si no fuera por el jaleo de tráfico que se iba a montar, me ha parecido una buena idea, mejor que la de irás y no volverás que lo mires por dónde lo mires, es un apaño muy malo y bastante chapucero.