El día fatídico

En la vida de toda mujer (buenos días, soy Esmeralda) y en la de todo hombre, supóngome, hay un día fatídico, ese que marca el antes y el después. Pues bien, o, mejor dicho, pues mal, ese día ha llegado a mi vida esta mañana. Y ha tenido que ser en el metro, qué lugar tan feo para el desengaño. Por un lado, mejor. Ya que va una a desengañarse, que sea en un lugar feo y no en un jardín tropical o en una playa desierta, esos entornos de ensueño dejémoslos para vivir otro tipo de emociones.

Ya voy, ya entro en materia, no os vayáis al último párrafo para leerlo deprisita, haceros una composición aproximada de sobre qué va esto y dejar un comentario apresurado mascullando qué pesada es esta tía. Va de que hoy, por vez primera, un hombre, apuesto y joven para mayor humillación, me ha cedido el asiento.

He barajado tres posibilidades: la A es que al verme tan hermosa y jaquetona, tan afrodítica, haya decidido tener un gesto galante de los que ya no quedan con la intención de impresionarme y hasta tal vez enamorarme. Me gusta mucho la A pero mi mente, cruel como ella sola, le ha pegado un empujón de lo más grosero y me ha puesto delante a la B. La B dice que el apolíneo mozarrón ha visto en mí, no a su posible amante si no a su adorada madre y por eso, conmovido y con la esperanza de que le prepare albóndigas, me ha dejado sentarme. Odio la B y sin embargo y, dado que todo puede empeorar, es mejor que la C. En la C, el guaperas del suburbano, no es que haya visto en mí a su madre, es que ha visto en mí a su abuela y es por ello que se ha levantado y me ha hecho ese gesto reverencial cediéndome su plaza.

Buah, me he dicho, quédate con la A que para eso son tus propias opciones y puedes hacer con ellas lo que quieras y abre el quiosco con aplomo y seguridad en tus encantos. Eso he hecho cuando ha aparecido Eva a hablarme, qué inoportuna ella, de que el tiempo pasa y a su paso arrollador, cambia las cosas de sitio, transforma a las personas y a las cosas, levanta polvaredas, agita, remueve, descoloca, hace crecer a los niños, envejece a los padres, desaparece seres y no deja nada como estaba.

No contenta con terminar de amargarme la mañana ha querido leer el borrador de lo que tenía escrito para hoy. Censura previa, le llamo yo a eso. Bórralo, me dice tras echarle un vistazo creyéndose la redactora jefa de algo, y escribe de otra cosa. Hay problemas muy acuciantes en el mundo, yo no me meto en ellos porque no tengo los conocimientos suficientes pero tú, como mujer experimentada que eres, sí podrías hablar de la sesión de investidura, la fuga de capitales, el auge de Donald Trump, qué sé yo.

¿Mujer experimentada? La segunda en la frente. Pues no me da la gana, tertulianos ya hay bastantes y, además, cobran. No lo borro, se queda así, otro día me pongo profunda y hasta abisal si es preciso, pero hoy necesito desahogarme en este mi particular muro de las tontas lamentaciones. Que no sea la C, que no sea la C, que yo no quiero ser (todavía) la yaya de nadie.

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57 comentarios en “El día fatídico

  1. Anda!!!! Tú quédate con la A, que es la que te da inyección de ánimo. ël que piense lo que quiera, que para eso es “él y sus circunstancias”.

      1. De buena nada….es que quedarse con cualquiera de las otras dos…no nos hace felices….entonces¿para qué?

  2. Bueno, no hay un solo día. Hay varios, pero cuando llega el siguiente duele como la primera vez. Como la primera vez que te llaman señora. A mí me sigue picando, pero no pienso que yo sea mayor, es que los que lo dicen son muy jóvenes ;-P

  3. 😀 😀 😀 Sea cual sea el motivo del guaperas, lo único importante es que tú has ido sentada y cómoda y él de pie. Antes situaciones así, lo mejor es no pensar y aprovecharse del momento 😉

  4. Esme, hiciste bien en no borrarla y, además, no eres nada pesada, tranquila. Fíjáte cómo es el tiempo que en unos años la opción C te encantará y la adorarás, tal vez no en el autor del detalle a un hombre apuesto y joven sino una educada persona. En cualquier caso, con independencia de las opciones (y tus emociones), es un detallazo lo que hizo el adonis, y como muy bien dices puedes elegir, no te atormentes, en esta etapa la opción A es la mejor para ti y listo.

  5. Juas juas. Nunca se sabe cómo acertar cuando cedes el asiento… también está la opción D: que piense que estás embarazada…
    Para tu tranquilidad hay muchas más opciones… tantas como personas:
    E- que te haya visto cansada
    F- que te haya visto enferma
    G- que no le guste el olor de la persona que tiene al lado.
    H- que se haya tirado un cuesco y se haya dado a la fuga….

    La gente es muy rara…. jeje

    1. Jajaja, tienes razón, hay muchas más opciones pero me voy a seguir quedando con la A, total no va a venir a desmentirme…Deduzco que eres cededor de asientos, eso está muy bien pero ya ves que podrías ser malinterpretado.

  6. Jajajaj..me ha hecho mucha gracia este post, nada de borrar las batallitas del día a día, con nuestras tonterías y nuestras cosas.
    Para saber que opción es, hay que fijarse en la mirada.
    Los ojos de los hombres cantan y se sabe cuando te están mirando con la A, con la B y la C hay más dudas, pero la A es inconfundible. Al menos yo lo noto…jajaja.

    Besos.

    1. Eso es una verdad como un templo, pero es que me dio tanta vergüenza que me cediera el asiento que no me fijé mucho en sus ojos. Nada, seguiremos con las batallitas, si no tengo remedio.

  7. Jajajaja. Yo a veces hablo con chicos de veintiocho como si fueran de mi edad y luego pienso que podría ser su madre y abuela de sus hijos, hostias , qué horror. Mi abuela a mi edad ya era abuela de dos, jajajaja. Nos quedamos con la A , nena, si Madonna puede nosotras también! Jaja.
    Besos

  8. En tu caso es seguro que la opción es la A.
    En cuanto a llamarte yayo o abuelo, suena muy bien y que no te cedan asiento yendo con los nietos…
    Opción A: te ven en muy buenas condiciones (a pesar de tu edad).
    Opción B: pasan de levantarse, aunque ocupen asiento reservado para niños o mayores.
    Opción C: Piensan “estos viejos que se jodan y la casquen pronto dejando sitio en el mundo para otros (y los ahorros, coño)”.

    1. Pues también te tienes que quedar con la A porque las otras…me he reído, sobre todo con la C, pero te admito que a más de uno le hacía yo levantar el culo a la fuerza, por maleducado.

      1. Yo, si hay asientos normales libres me siento pero jamás en asientos reservados, prefiero ir de pie aunque llega gente joven que los ocupa habiendo otro libre (más a desmano) y no lo ceden ni a niños ni a ancianos si no se lo reclaman.
        También hay gente joven que ceden su asiento sin dudarlo, hay que reconocerlo.

  9. Joder… cuando me iba a ir al último párrafo he leído tu aviso y ya por piedad hacia el ruego de una anciana terminal he leído el post entero.

    Si necesitas a alguien para redactar tu esquela cuenta conmigo.

    De nada, de nada…

    Besos arrugados.

  10. Te ofrezco una opción “d”
    Yo siempre cedo mi asiento, ayudo a bajar del autobús y sostengo la puerta a las mujeres (independientemente de la edad y guapura). Lo hago por un complejo de superioridad donde le recuerdo a los demás transeúntes que yo soy un elegante caballero y ellos no. (todo como un catalizador de la teoría del caos).
    Además nunca sabes cuando tu madre te pueda estar viendo…

  11. Pues mira, para que veas que a las cosas se les puede dar la vuelta, hoy le he preguntado a una dependienta del hipermercado llamándola de usted y al acercarme más a ella, me he dado cuenta de que era jovencísima y luego he pensado, hala, te quedas con el “usted”, que haya “usted” para todos. Conclusión, que si quieres vengarte, cuando veas a un jovenzuelo, le cedes el sitio, para que se sienta mayor, jajajaja.

    1. Me gusta eso de ir repartiendo ustedes aunque no se lo merezcan. Mañana mismo empiezo a ceder asientos y a llamar señor a los de dieciocho. Anda y que les den.

  12. Era la A, Esme, está claro. Joder, cualquiera con 2 (o más) dedos de frente se daría cuenta de que la unica opción posible es la primera. La afrodítica sin duda.

  13. Que no es la C mujer! Yo apuesto por la D, un gesto de caballerosidad de los de antes, la cesión de la comodidad a las damas. Con que fin? Eso no lo sé, puede ser simple educación o puede ser que haya alguna intención más, tendrás que volver al metro a averiguarlo! Un besazo

  14. No es la C, Esme, seguro que el chaval estaba cansado de estar sentado y además quería quedar bien delante de los demás viajeros… A saber que pasaba por su cabeza, que ya sabes tú que la gente hoy en día está más pa´llá que pa´cá. Tu no pierdas el tempo preocupada en eso que hay muchas cosas que requieren tu atención de manera mas urgente, mucho que hacer y mucho que inventar para retirarte millonaria cuando llegues a la edad de que si sea la C.
    Besos.

    1. Es verdad, me estoy perdiendo en la anécdota y no me concentro en lo que me tengo que concentrar. Yo a mi grafeno y que les vayan dando. Eres muy simpática, tú.

  15. Tiene narices el que un gesto de urbanidad (que yo aprendí en mi libro de “Cortesía Juvenil”) pueda convertirse en una grave o, más que grave, denigrante ofensa.
    Juro que ya sólo cederé mi asiento a las preñadas (no puedo abandonar mis principios radicalmente)

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