Día: 3 marzo, 2016

La Pachamama

En el anterior capítulo: los niños dan señales inequívocas de haber crecido en tan solo un fin de semana abandonanado sus apegos: piedras amigas y chupetes.

En este que vas a leer, si tienes a bien: el Toni, sí, ese que antaño poblaba este blog con sus manías y un buen día se largó, llama por teléfono a Eva para pedirle otra vez que vuelva al pueblo con él. Para tentarla le ofrece un puesto de responsabilidad en su huerto. Eva duda, como siempre, pero aparece la Poncho que no se había perdido, la tía cotilla, nada de la conversación, para darle extraños consejos.

Ayer por la mañana, mientras repartía plumerazos a diestro y siniestro moviendo el polvo de sitio para que no se aburra el pobre con tanta inmovilidad, recibí una llamada del Toni.

¿Qué haces?, me dice por todo saludo.

Pues qué voy a hacer, Toni, lo de siempre, limpiar o algo parecido.

Te tienes que venir, he montado un negocio muy boyante y por fin vamos a vivir bien. He alquilado el huerto, ahora ya no cavo ni desbrozo ni planto yo, ahora lo hacen unos paletos que vienen de Madrid con mucho entusiasmo. Yo únicamente les doy las instrucciones, los vigilo un poco para que no me estropeen la herramienta ni la hortaliza y me tumbo a la bartola. Esto va que chuta.

Pero, Toni, majo, ¿paletos de Madrid?, eso sí que no lo entiendo, si los paletos hemos sido siempre nosotros, los de pueblo. Es al revés.

Las tornas han cambiado, chata, se me pone. Ellos tienen necesidad de contacto con la tierra, de cielos limpios y árboles y montes, de producir algo con sus manos y yo se lo presto y les enseño a cultivar. No veas lo contentos que se ponen de doblar el espinazo y ponerse perdidos de tierra. A ti, como hablas mucho y bien, había pensado nombrarte relaciones públicas.

¿Relaciones públicas de la lechuga, el tomate y el calabacín?, no sé si me tienta el cargo.

También tenemos cebollinos y berenjenas pero es algo más que eso, así que piénsatelo. Me he alquilado una casita justo al lado, para controlar mis predios, es pequeña pero está muy bien. Espero tu respuesta, me dice así en plan terrateniente. Y cuelga.

Retomo mis plumerazos sin ton ni son para ver si a base de sacudidas decido algo o no decido nada, como hasta ahora, cuando una voz a mis espaldas me susurra: yo soy muy partidaria del rollo Pachamama. Perdón, no he podido evitar oír la conversación, como tenías conectado el manos libres…

Pero, ¿no estaba esta en el sofá creciendo interiormente y comiendo pistachos? Madre mía, que mujer tan ubicua.

Podrías adorar a la madre tierra cada día, Eva, no lo descartes, es eso lo que él te está proponiendo y enseñar a otros a que también la adoren. Es mi sueño de siempre pero, por circunstancias que no vienen al caso, no lo he podido cumplir.

Y dicho esto, se tira al suelo de rodillas, tomando antes la precaución de colocarse un cojín debajo, no es cuca ni nada, y empieza a recitar con muchos aspavientos: oh, gran madre de todo lo existente, señora de la luna, de los mares y de la tierra. Perdona a tus hijos por todo el daño que te hemos inflingido, por todas las ofensas. Tú que reinas en el universo con inteligencia ancestral, danos el viento, el agua, el fuego.

El fuego mejor no, he pensado yo, no se prendan las cortinas y salgamos todos ardiendo.

¿Rezas conmigo sí o no? Así de pie como un pasmarote no vas a aprender a ser la relaciones públicas de la Pachamama. Mira que si no quieres tú el puesto me lo quedo yo, una temporadita en el campo me sentaría bien, noto que me hace falta.

Que me he tenido que tirar al suelo yo también, se ha puesto de lo más insistente. Pues lo de estar tanto rato de rodillas alzando los brazos al cielo no te creas que terminaba de convencerme por mucha madre tierra que estuviéramos adorando. Además, si sale la Patricia de su celda creativa y nos pilla de semejante guisa, la decisión la va a tomar ella por mí. Casi que prefiero menear al plumero mientras miro los títulos de los libros que tiene mi jefa en su estantería. A ver cuál elijo para este fin de semana que no es la tierra la única que tiene que cultivarse.

Otórganos las flores, el rocío, la lluvia y las nubes, oh madre de todos nosotros, la he dejado diciendo. De vez en cuando, paraba, y se comía un pistacho. Espero que no me deje el suelo perdidito de cáscaras, la muy Pachamama.