Día: 6 marzo, 2016

El botón de Dios

Vivíamos al final, final, donde la ciudad se acababa. Delante de nuestra casa había una carretera por la que pasaban coches y camiones,de día y de noche, y al otro lado un descampado. Puede que la ciudad tuviera otros finales pero como no los conocíamos, para nosotros el único final era el nuestro.

A mis hermanos y a mí nos hubiera gustado cruzarlo para ver qué había al otro lado, tal vez otra ciudad o un campo sin estropear, algo bello con hierba y no con hierbajos, con montes y no con montículos, con un terreno suave de espigas meciéndose y no con tierra, cascotes y basuras.

Como el descampado era lo que veíamos si nos asomábamos a la ventana, procurábamos no mirar mucho. Hasta que llegaron los gitanos y montaron ahí su ciudad paralela. Entonces sí empezamos a mirar con mucho interés su vida al aire libre. Tenían un burro sucio y cabizbajo atado a un poste.

Una mañana de domingo que me asomé a la ventana para observarles vi cómo un grupo de chicos estaba tirando piedras al burro. Quería impedirlo, hacer algo para ayudarle pero no sabía qué hasta que me acordé de Dios. Tenía mis dudas sobre su existencia porque mis hermanos mayores y mi padre decían que no existía, que era un invento humano para poder soportar la vida, pero mi madre sí rezaba y en el colegio, en la clase de religión, nos habían enseñado un dibujo de un hombre con barbas que vivía en un rayo de luz y debajo estaba escrito “pedid y se os dará”.

Que dejen de tirar piedras al burro, pedí por probar, con los ojos cerrados muy fuertemente para evitar interferencias. Cuando los abrí otra vez, los chicos se habían alejado y el burro mordisqueaba algo del suelo.

Me hice la idea de que Dios sí existía pero no estaba siempre en funcionamiento. Era como el botón de la luz, si apretabas se encendía,
a menos que hubiera un apagón, lo que ocurría con bastante frecuencia, y por eso siempre teniamos velas y cerillas en los cajones y una linterna de pilas.
No había que abusar para no gastar el botón de Dios y apretarlo sólo en situaciones extremas, como esa del burro.

(Cuaderno de DM)