El botón de Dios

Vivíamos al final, final, donde la ciudad se acababa. Delante de nuestra casa había una carretera por la que pasaban coches y camiones,de día y de noche, y al otro lado un descampado. Puede que la ciudad tuviera otros finales pero como no los conocíamos, para nosotros el único final era el nuestro.

A mis hermanos y a mí nos hubiera gustado cruzarlo para ver qué había al otro lado, tal vez otra ciudad o un campo sin estropear, algo bello con hierba y no con hierbajos, con montes y no con montículos, con un terreno suave de espigas meciéndose y no con tierra, cascotes y basuras.

Como el descampado era lo que veíamos si nos asomábamos a la ventana, procurábamos no mirar mucho. Hasta que llegaron los gitanos y montaron ahí su ciudad paralela. Entonces sí empezamos a mirar con mucho interés su vida al aire libre. Tenían un burro sucio y cabizbajo atado a un poste.

Una mañana de domingo que me asomé a la ventana para observarles vi cómo un grupo de chicos estaba tirando piedras al burro. Quería impedirlo, hacer algo para ayudarle pero no sabía qué hasta que me acordé de Dios. Tenía mis dudas sobre su existencia porque mis hermanos mayores y mi padre decían que no existía, que era un invento humano para poder soportar la vida, pero mi madre sí rezaba y en el colegio, en la clase de religión, nos habían enseñado un dibujo de un hombre con barbas que vivía en un rayo de luz y debajo estaba escrito “pedid y se os dará”.

Que dejen de tirar piedras al burro, pedí por probar, con los ojos cerrados muy fuertemente para evitar interferencias. Cuando los abrí otra vez, los chicos se habían alejado y el burro mordisqueaba algo del suelo.

Me hice la idea de que Dios sí existía pero no estaba siempre en funcionamiento. Era como el botón de la luz, si apretabas se encendía,
a menos que hubiera un apagón, lo que ocurría con bastante frecuencia, y por eso siempre teniamos velas y cerillas en los cajones y una linterna de pilas.
No había que abusar para no gastar el botón de Dios y apretarlo sólo en situaciones extremas, como esa del burro.

(Cuaderno de DM)

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41 comentarios en “El botón de Dios

  1. Ojalá existiera ese botón para conceder deseos a todos.
    De niños, todo se percibe posible. Se confia en la magia.
    Crecemos para darnos cuenta de que no, pero sí…
    porque sigue siendo necesario creer,
    , aunque no sea en un Dios,
    creer al fin y al cabo ( en uno mismo o en los demás)
    es una actitud más que necesaria para vivir.

    Un abrazo.

    1. Y todos creemos en algo aunque sea en que no hay nada en lo que creer, en que somos frágiles y no tenemos botones. El que tenga la suerte de tenerlo que pulse. Un beso, Mukali.

  2. Ojalá funcionara así!!!!! Aunque teniendo en cuenta que todos podríamos tener un botón de esos, uffff, meejor que sólo lo tengan algunos.

  3. Qué bonito 😀 Ojalá diese con la tecla para hacer funcionar a Dios de vez en cuando, prometo que no abusaría ni lo gastaría, ni nada de eso. Y pobre burro, ojalá a los niños que tiren piedras a los animales les paguen con la misma moneda.

  4. Pues mira D. M. yo creo que si existe el boton y mejor funciona cuando mas aprietas.
    Y creo que *pide y se te dara* es tan cierto como toda la belleza que veo, toco, huelo, siento

      1. En algún momento de mi vida pulsé todos los botones que tenía al alcance de las manos hasta que descubrí que el único que funciona es el del tiempo. Por cierto, mis respetos a DM, que es mucho.

  5. No podía ser de otra manera, una DM pequeñita compasiva con los animales a tal punto que no le importa molestar a Dios para que les ayude si hace falta…
    Cuando yo era pequeña vivía en un barrio en un extremo de Madrid pero, con la inocencia de los niños y ese egocentrismo sano que manejan pensaba que mi barrio estaba en el centro. Pero en el centro-centro. Y un día me escapé de mi madre mientras compraba el pan y me fuí corriendo a la plaza, y me puse en el mismo medio. Y creia que estaba en el centro del barrio que a su vez era el centro de Madrid y Madrid, como no, era el centro de España. Por supuesto España era el centro del mundo en mi cabecita infantil.
    Así que ahí estaba yo, riendo como una loca en el centro del universo, absolutamente feliz, mientras mi madre venia hacia a mi gritando como otra loca y agitando amenazante la barra de pan.
    Ese es el poder de DM, acercarnos a su vida y que, de alguna manera mágica, su vida nos devuelva a la nuestra.
    Besos.

  6. Qué imagen más graciosa y bonita, tú tan pequeña y centradita y todo lo demás girando a tu alrededor. Siempre tiene que llegar algún adulto a estropear las diversiones.
    Me encantan tus comentarios, de verdad.

  7. Con el botón de Dios corremos siempre el riesgo de abusar. Conque unas veces funciona y otras no. Porque si no, renunciaríamos a hacer las cosas por nosotros mismos y nos convertiríamos en explotadores laborales del mismísimos Creador. Así que yo creo que Dios sólo activa su botón lo imprescindible para que no perdamos la fe completamente y para siempre jamás.

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