Día: 10 marzo, 2016

Pol

En el capítulo anterior: el Toni tienta a Eva con los supuestos encantos de la vida agropecuaria. La Poncho, atenta a la conversación, aconseja a ésta que acceda a sus propuestas y le muestra en clase práctica cómo se ora a la diosa Pachamama.

En el capítulo de hoy: Pol, el primer amigo de carne y hueso del Jacobín, se da a conocer(y a base de bien).

Me dice la Patricia ayer en plan ordeno y mando como corresponde a su jerarquía: te vienes esta tarde para cuidar de Jacobo y de su amigo. Nosotras vamos a salir. Dicho así me sonó hasta bien. Ya me veía aposentada en el sofá cual reina de Saba mientras los dos infantes se entretenían con sus inocentes juegos. Nunca suele ajustarse la realidad a nuestras imaginaciones. Bien porque no sea tan mala como habíamos pensado en nuestro diseño de catástrofes o por todo lo contrario.

A las cinco y media llaman a la puerta y se me aparece una mujer muy finústica con un niño delgadito de la mano. ¿Eres la cuidadora, verdad?, dice echándome una rápida visual. Digo yo que podía haberme confundido con la señora de la casa pero se ve que no doy el perfil. Aquí te dejo al niño, pórtate bien,le dice de pasada ya con medio cuerpo en el ascensor. Tendría asuntos urgentes.

Conduzco a Pol al cuarto del Jacobín donde éste aguardaba muy nervioso con sus mejores galas jurásicas(disfrazado de dinosaurio, por si no se me ha entendido bien) y allí les dejo un momento mientras voy al baño, que una también tiene necesidades fisiológicas que atender aunque sea brevemente.

A mi pronta vuelta les había dado tiempo a tirar todos los juguetes al suelo, creo que no quedaba nada en su sitio, no con la intención de jugar si no con la mucho más entretenida de sembrar el caos y la destrucción. Frase esta que nunca había entendido en su pleno significado, hasta ayer. Como dos posesos saltaban sobre los juguetes y los arrojaban contra las paredes con gran dedicación.

El Pol procedía a la tarea con un poco de aburrimiento y aires de funcionario, como si fuera algo que hubiera hecho demasiadas veces y formara parte de su rutina vital, pero el Jacobín estallaba a cada salto o lanzamiento en violentas y descontroladas carcajadas plenas de adrenalina y no sé si de alguna sustancia más.

Mientras yo intentaba poner orden y a la vez salvaguardar mi integridad física esquivando los juguetes que volaban por los aires, ellos procedieron a deshacer la cama del Jacobín, luego la de la Poncho, la cuna de la Morganina y por último el lecho matrimonial de la Patricia y su Husband, todo ello a gran velocidad mientras yo los perseguía. Enseguida me di cuenta de que mi persecución incrementaba su diversión notablemente. Me senté entonces en el sofá haciendo como que me era indiferente su guerra de guerrillas pero entonces Pol, que me miraba en la distancia con gran malignidad, decidió que tocaba desmontar el sofá para hacer una barricada donde guarecerse y desde allí continuar lanzándome cócteles molotov.

A eso siguió una expedición a la cocina con el fin de derramar el colacao debidamente por el suelo y escupir bolos de galleta mojada contra la mesa y una sucesión de peleas, ya entre ellos, menos mal, en el pasillo. Cuando ya veía yo que uno de los dos iba a perecer en el cuerpo a cuerpo, llamaron a la puerta. Por fin -me dije- ya están aquí los antidisturbios. Pero no eran las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para aplicarles la ley mordaza como hubiera sido menester, si no la madre del encantador Pol, a partir de ahora de apellido Pot, que venía a recogerlo.

Se lo habrán pasado genial, ¿verdad?, huy qué horror, qué sudoroso está, se pone introduciéndose en el ascensor a toda pastilla con su niño demoniaco sin darme tiempo a relatarle la verdad de los hechos.

Mientras recogía el desastre ayudada, es un decir, por un Jacobín falsamente contrito, me he topado con las tres piedras. Mis queridas Petus, Lon y Vuris qué convivencia tan fácil tienen los seres inertes, qué plácidas y silenciosas y apacibles. Os añoro.

Pero bueno, ¿esto qué es?, oigo decir a la Patricia nada más entrar, con mucha voz de alarma, si está la pared del pasillo pintada con rotulador. Evaaa, ¿es que no miras?

Pero si no he dejado de mirar,¿en qué momento se habrán dado al graffiti?

Es arte urbano alternativo, le he dicho por si colaba.

Es verdad, ha corroborado la Poncho examinando el garabato con absurda admiración, me encanta la expresividad que tiene el trazo.

Pero por los morros que ha puesto mi jefa mucho me temo que no la hemos convencido.